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TRIBUNA
Nº 823

23/2/2009

La foto ('finish') de Rajoy

Por Francesc Vallès*

Rodeado de la plana mayor del Partido Popular, compareció Mariano Rajoy hace unos días en la calle Génova, para denunciar lo que considera una trama de policías, jueces y fiscales contra su partido. ¡Conmovedor!.

En esa foto se juntaron todos. O casi todos. Líderes nacionales, territoriales, alcaldes, alcaldesas, presidentes, presidentas, secretarios y secretarias generales, portavoces, espías y espiados. Incluso hubo retoques de tramoya de última hora, como el cambio de ubicación de Alberto Ruiz-Gallardón para que apareciese más "centrado". Sin embargo, a pesar de la multitudinaria puesta en escena, Rajoy nunca había estado tan sólo.

Dicen que la fotografía es el arte de la mentira. Pero ni la versión más actualizada y reciente de Photoshop hubiese sido capaz de maquillar la verdadera realidad de una situación tan forzada, hipócrita y decadente como la que trasciende de esa fotografía. Una breve ojeada a las caras, los gestos y las miradas de los fotografiados sirve para comprobar lo que algunos de los protagonistas debían estar pensando: ¿qué hago yo aquí?, ¡a mí no me miren, esto no va conmigo!, ¿cómo salimos de ésta?, ¿por qué han puesto a éste a mi lado? o, ¡por favor, que acabe esto cuanto antes! Una de las caras de esa instantánea, quizás la mejor –salvando la de la presidenta, claro–, es la de Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, que parece como si ya ni siquiera saliera en ella. Como si se desde fuera estuviera contemplando, boquiabierta, toda aquella estampa. No hay para más: el desconcierto en el PP es total, y la preocupación, mayor.

Ante una situación interna comola que está viviendo el PP de tensión, recelos, desconfianzas, traiciones, ambiciones de poder y en el que ya nadie se fía de nadie, alguien puede pensar: ¿cómo es posible llegar a juntarlos a todos y que todos se dejen fotografiar alrededor de un relato tan poco convincente y una argumentación políticamente tan frágil que pretende poner en duda a todo nuestro Estado de Derecho? La respuesta es clara. Porque todos ellos saben que lo que está saliendo a la luz pública es grave. Muy grave. Los espionajes, los dossieres, las filtraciones, las presuntas tramas de corrupción... Pero también porque es muy probable que todo ello vaya a ir a más y, lo peor, que las consecuencias políticas van a ser traumáticas y afectarán a todo el PP por igual y, por extensión, a todos sus protagonistas. Y eso, claro, une mucho. La unión frente a la adversidad. Tanto como para dejarse retratar.

Grave e irresponsable es también la reacción que Rajoy ha decidido adoptar en todo este asunto. Una carga frontal hacia la investigación judicial y policial puesta en marcha y una deslegitimación de las instituciones democráticas encargadas dellevarlas a cabo. Un nuevo intento, desesperado, de huir hacia adelante, tratando de invertir la carga de la prueba y de pasar de responsables a víctimas. Una técnica muy peligrosa, fruto de la desesperación, que afecta gravemente al funcionamiento de nuestra democracia, por cuanto contribuye a deslegitimar a nuestras instituciones y a alejar a los ciudadanos de la vida política. Pero Rajoy ya no es creíble.

Rajoy fue elegido a dedo por Aznar. Lo designó para sucederle entre tres candidatos propuestos por él mismo. El partido certificó ese nombramiento. Lo avaló. Pero lo cierto es que nunca se debatió ni se pasó por un verdadero congreso que forjara y consolidara al líder del PP que tenía que suceder al mismísimo Aznar. Este tipo de procesos sólo funcionan si los resultados acompañan. En caso contrario, se pone en evidencia la fragilidad de la democracia interna de su proceso de nombramiento, y con ello el candidato queda debilitado, ante el electorado y ante su propio partido. Y entonces es cuando aparecen los nuevos aspirantes a la sucesión. Muy pocos líderes políticos son capaces de sobrevivir a dos derrotas electorales. Y menos aún a un proceso de corrosión como el que ya ha empezado a producirse en el seno del PR. En su epicentro y en su periferia. La suerte está echada.

Rajoy está sólo. Rajoy está triste. Desconcertado. Cansado. Tan cansado que parece que le da pereza hasta el simple hecho de pensar que algún día pudiera llegar a ganar unas elecciones y ser Presidente del Gobierno. Todo el PP lo sabe. Y los españoles también. Por cierto: ¿alguien sabe dónde está Aznar? ¿Y Rato?•

* Diputado. Coordinador de los parlamentarios del PSC en las Cortes Generales

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