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Internacional
Nº 823
23/2/2009
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El desplome de la seguridad destroza la imagen del país

MÉXICO, ¿ESTADO FALLIDO?

Las advertencias del comando conjunto del ejército norteamericano sobre el "colapso rápido" de México y su posible inclusión entre los estados fallidos del mundo han alarmado a la clase política e intelectual del país azteca ya que apuntan a dar nacimiento oficial a lo que podría ser la nueva Colombia del siglo XXI.


Por Oriol Malló (México D.F.)

En 2008, la imagen de México saltó por los aires. La guerra contra el narcotráfico con sus resultados colaterales, 5.300 muertos en doce meses, así como la industria del secuestro a gran escala se convirtieron al fin en tema recurrente de la opinión pública mundial. Un ex funcionario del servicio exterior resume desde el anonimato el círculo vicioso: "Tras la elección de Vicente Fox en el 2000 la diplomacia mexicana supo trabajar la imagen de un país rumbo a la democracia y la prosperidad lejos ya de los supuestos desastres del PRI. Su red de embajadas y consulados en Europa y Estados Unidos ha ejercido un buen control de daños pero la genialidad del presidente Calderón de convertir la guerra al narco en su carta de legitimación ante los electores y el mundo ha conseguido el efecto contrario. La prensa mundial se volcó cada vez más en la parte siniestra del tema y gracias al revoltijo de muertos, secuestros y corrupción al más alto nivel todo se fue al garete. La paradoja final es bien irónica: los avaladores del gobierno de turno ya consideran a nuestro país un Estado fallido".

Esta palabra, entre mágica y aterradora, forma parte del reciente arsenal ideológico del think tank corporativo que creó a principios del siglo XX el multimillonario Andrew Carnegie y que a través de revistas como Foreign Policy en Washington y el Council on Foreign Relations de Nueva York marca las directrices de la política exterior en todos los gobiernos. Así, en años recientes esta revista instauró su índice anual de estados fallidos marcados por el incumplimiento de las diez funciones que el Estado contemporáneo debe cumplir: 1. Un efectivo Estado de derecho; 2. Monopolio legítimo de la violencia; 3. Rendición de cuentas; 4. Efectivo manejo de las finanzas públicas; 5. Inversión en capital humano; 6. Creación de derechos ciudadanos a través de una política social estructurada; 7. Provisión de infraestructura y servicios; 8. Creación de un mercado efectivo; 9. Manejo efectivo de recursos públicos, y 10. Un efectivo sistema de crédito. En otoño del 2008, Foreign Policy publicó la versión anual del Índice de Estados fallidos y aunque México se salvó de aparecer entre los primeros 60, encabezados por Somalia, SudányZimbawe, sí se situaba en la categoría de Estado límite, previa al riesgo crítico de derrumbe. Según la jerga de la tecnocracia internacional, un Estado límite enfrenta riesgos graves a la seguridad nacional que implican el estrechamiento en su gama de decisiones factibles.

Pese a estas señales de alarma mundial, el discurso y la práctica del Ejecutivo mexicano fue triunfalista y los avisos, aunque llegaron se ningunearon. Por ejemplo, las agresiones a periodistas. Un patrón reiterado que aumentó a tal punto que el 20 de abril del 2008 estuvo en México la Misión Internacional de Documentación sobre ataques en contra de periodistas y medios de comunicación. Durante una semana, representantes de Reporteros sin Fronteras, Unesco, la Federación Internacional de Periodistas, Artículo 19 y otras ocho organizaciones recorrieron los estados de Sonora, Michoacán, Guerrero y Oaxaca entrevistándose con periodistas, propietarios de medios, movimientos sociales y organismos de defensa de derechos humanos. El informe de esta misión fue presentado en agosto del 2008 en la Ciudad de México justo cuando el secuestro y muerte del niño Fernando Martí y las acusaciones por encubrimiento contra el ministro del Interior, Genaro García Luna, conmovían la opinión pública mundial que enfocaba sus reflectores sobre este país. 24 periodistas asesinados desde el año 2000 habían forzado la maquinaria de supervisión internacional pero no preocupaban al equipo del presidente Calderón. Darío Ramírez, delegado en México de Artículo 19, lo resume para EL SIGLO: "La misión respondió a los niveles absurdos de violencia que se viven en este país. Fuera del distrito federal, el ejercicio de la libertad de prensa es de alta peligrosidad. El ranking de México como el lugar más peligroso del continente americano para el ejercicio del periodismo no es una interpretación. Es real y la respuesta del Gobierno mexicano sigue siendo nula". Los duros alegatos de Ramírez contra el doble discurso del Gobierno mexicano indican que el bono democrático atorgado a Vicente Fox nueve años antes ya caducó: "Esto va más allá de la falta de voluntad política. Es un desdén completo. Las respuestas son vacías, huecas, burocráticas. Tanto a nivel federal como a nivel local, se hacen oídos sordos a lo que se está viviendo en México. El nivel de agresiones crece por todas partes y a todos les da igual. Esto anuncia una feudalización de la política. Si uno va a Oaxaca ahí sucede lo que sucede porque manda el gobernador. Lo mismo en Guerrero, Sonora o Michoacán. El Estado mexicano está ausente".

Ignorando, pues, los avisos de los grandes órganos de opinión mundial, el Gobierno de Calderón siguió con sus prácticas triunfalistas mientras la operación limpieza que inició en septiembre con las confesiones de dos testigos protegidos que infiltraron a la misma embajada norteamericana en México desencadenó una cacería de altos mandos de la seguridad federal que ha afectado a toda la estructura de seguridad pública, acusada de colusión con los cárteles de la droga. Incontrolable tsunami que este enero del 2009 golpeó directamente al Gobierno del Partido de Acción Nacional. Torpedo que llegó por donde menos se esperaban. Así resultó que según el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, JFC por sus siglas en inglés, el organismo que controla casi todas las fuerzas convencionales en territorio continental estadunidense, el "colapso rápido y repentino de Pakistán y México" es ya un peligro real. Tras filtrarse a la prensa mexicana, el informe The Joint Operating Environment convirtió a México en nuevo foco rojo. Teniendo en cuenta que este organismo de inteligencia estratégica se dedica a la tarea de sopesar los "peores escenarios" y especialmente el "colapso súbito", un fenómeno poco estudiado que adquirió carta de naturaleza con la desintegración de Yugoslavia en 1990, la puñalada a la imagen de México en el mundo no pudo ser mas certera. Por ello en la reciente cumbre de D'avos, el presidente Calderón implementó toda una estrategia publicitaria para apaciguar los ánimos de inversores y políticos occidentales, ya de por sí sumidos en la catástrofe financiera.

Gran impacto. Aún así, el informe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas no pudo ser peor. Ahí se afirma que para el caso de México el colapso se podría considerar "menos probable, pero el Gobierno, sus políticos, la policía y la infraestructura judicial están todos bajo asalto y presionados de manera sostenida por bandas criminales y cárteles de la droga". De tal forma que "el resultado de ese conflicto interno a lo largo de los próximos años tendrá un impacto mayor

sobre la estabilidad del Estado mexicano. Cualquier descenso de México al caos demandará una respuesta estadounidense basada únicamente en las serias implicaciones para la seguridad de la patria". En otras palabras: "El creciente asalto de los cárteles de drogas y sus hampones sobre el Gobierno mexicano durante los años pasados recuerda que un México inestable podría representar un problema de seguridad de proporciones inmensas para Estados Unidos".

Para Alfredo Jalife-Rahme, profesor y columnista especializado en relaciones internacionales, "el JFC parece preparar la enésima intervención vecinal bajo la ayuda hunadie dice porque %%egamos a este retrato apocalíptico: E? auge bidireccionai del tráfico de drogas y armas ha sido producto del TLCAN instaurado por el binomio Bush-Salinas que en cierta manera estimuló el negocio privado (para no decir íntimo) en la frontera, donde han realizado su agosto conocidas empresas "por encima de toda sospecha", bajo el resguardo de la sacrosanta "seguridad". Sino "¿cómo es que hay tanta facilidad bidireccional en la frontera, en especial después del 11/9, en la venta privada de armas y drogas? ¿A cuánto ascenderá el negocio de las armerías texanas, tan relajadas en el abastecimiento de armas pesadas a los cárteles? ¿No se podrá decretar un embargo total en la venta de armas privadas a México de parte de Estados Unidos?". Un argumento que el general Roberto Badillo, actual diputado del PRI, quien combatió exitosamente al cártel de Sinaloa en los años 80, desmenuza con conocimiento de causa: "Ahí están los hechos. A partir del 2000 empezaron a llegar armas de gran calibre por la frontera norteamericana". Conocido por sus incidentes con la DEA, el general Badillo, miembro de la corriente más nacionalista del ejército mexicano, no tiene dudas sobre los alcances de la agenda apocalíptica que se desarrolla en Washington: "Algunas veces los norteamericanos me ofrecieron información pero de conocerlos y tratarlos siempre he llegado a la conclusión que todos sus servicios en México y en el mundo trabajan para conocer de primera mano las deficiencias y las debilidades de los otros gobiernos para así chantajearlos. Sacan su radiografía y luego te aprietan las tuercas. Y por eso ahora se habla de Estado fallido". Crítico del Plan Mérida mediante el cual el año pasado el congreso de EE UU destinó 400 millones de dólares de apoyo a la lucha antinarco del gobierno mexicano, Badillo tiene sus propias sospechas: "A veces me parece que la supuesta guerra contra el narco es una política deliberada y perversa del ejecutivo para no dar al ejército el material y los recursos necesarios para ganar este combate y así forzar la ayuda norteamericana y todo lo que comporta de pérdida de soberanía. Algo que con el presidente Obama tampoco va a cambiar. Al revés, por las señales que mandan habrá que prepararnos para una escalada intervencionista". •

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