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Nº 822 -16 de febrero de 2009

La crisis del partido precipita el enfrentamiento Rato- Aznar en el asalto a Génova

¿Quién salva al PP?

El maremoto político que está haciendo zozobrar las naves populares ha acelerado el cambio de estrategia de los pretendientes al trono genovés. Esperanza Aguirre, seriamente tocada por los presuntos casos de espionaje y de corrupción que comprometen a altos cargos del PP de Madrid, parece haberse retirado de la carrera para apostar a caballo ganador. Su elegido, Rodrigo Rato, se deja querer, pero de momento se mantiene expectante en la línea de salida. Alberto Ruiz-Gallardón, que ha salido indemne de la quema, sigue confiando en que José María Aznar le dé el empujón necesario para ser el primero en llegar a la línea de meta. Alejados de la vida de partido desde hace un lustro, el ex presidente del Gobierno y quien fuera su número dos durante ocho años se han convertido en contrincantes de una competición que, de momento y por precaución, se libra en cenáculos y despachos privados. Mariano Rajoy ha demostrado una resistencia impredecible hace un año y los críticos temen que la precipitación acabe con ellos.

Por Virginia Miranda

Rodrigo Rato reúne las condiciones necesarias para ganar las elecciones de 2012. Cada vez son más los representantes del poder económico, periodístico y también político de la órbita conservadora que han decidido suscribir este eslogan. Es el caso de Esperanza Aguirre. La presidenta del PP y del Gobierno de Madrid, según fuentes próximas a la ya no tan lideresa popular, cada vez está más convencida de ello. Sobre todo ahora que los supuestos casos de espionaje y de corrupción que asolan su partido la han dejado tocada. No teme, según estas fuentes, que las investigaciones la acaben comprometiendo, pero ha acabado por convencerse, después de comprobar en la etapa precongresual que su poder omnímodo en Madrid no es suficiente para desbancar a Rajoy, de que carece del peso político suficiente para ganarle la batalla a otros colegas con mayor predicamento en el resto de España y con mejor sintonía con el resto de barones populares.

Con apenas variaciones según el medio de comunicación o el tiempo transcurrido entre una y otra oleada del CIS, el alcalde de la capital atesora desde hace años el privilegio de ser uno de los políticos más valorados de España. De no ser por los recelos e incluso el abierto rechazo que suscita entre muchos de sus compañeros de partido, puede que a estas horas fuera presidente del PP o incluso del Gobierno. De ahí que Gallardón se haya buscado un padrino político con mayor capacidad para neutralizar la oposición interna que su admirado Manuel Fraga. Como ya contara EL SIGLO el pasado octubre [ver número 805: Operación Cibeles], entre el regidor y José María Aznar existe un acercamiento con el que ambos pretenderían satisfacer intereses propios, según confirmaron fuentes próximas a ambos. El ex jefe del Ejecutivo se encargaría de inocular en el PP su vacuna contra el antigallardonismo a cambio de que el alcalde, una vez lograra su objetivo, le garantizara larga vida a la Fundación FAES y a su carácter de referente ideológico en la formación y, de paso, le dejara el sillón consistorial a Ana Botella y quitara de en medio a Mariano Rajoy, a quien su antecesor no le perdona que haya tratado de dilapidar el aznarismo de forma ostensible y ahora, acosado por la crisis surgida por el presunto caso de corrupción, diga que la relación que haya podido tener Génova con la principal empresa investigada es previa a 2004.

Empresarios amigos de Aznar, agradecidos por la ingente cantidad de obra pública con la que durante años han puesto Madrid patas arriba, actuarían de intermediarios. Como explicaron estas fuentes, “la derecha económica quiere una alternativa de poder en la derecha política”. Preguntadas hoy por la marcha de esta inesperada y discreta relación, confirman que discurren según lo previsto.

Así las cosas, Rato y Aznar han entrado en la indisimulada contienda entre Aguirre y Gallardón por perpetrar el asalto a Génova con la excusa de ‘salvar’ a la formación:  a pesar de la crisis económica que pende sobre el Gobierno de Zapatero, en la última oleada del CIS publicada la semana pasada Mariano Rajoy ha registrado dos décimas menos que en la de octubre, y el propio líder del principal partido de la oposición obtiene una puntuación de 3,51, la peor desde que lidera el PP. La encuesta se realizó antes de que estallaran los supuestos casos de espionaje y corrupción que comprometen al partido, que previsiblemente habrían empeorado estos resultados.

Al ex vicepresidente económico y su jefe durante ocho años de Gobierno no les duelen prendas enfrentarse. El ex jefe del Ejecutivo nunca ha acabado de digerir que a Rodrigo Rato se le atribuya el llamado milagro económico de finales de los 90 del que él se siente principal artífice. Y como confirmara Federico Trillo en su libro Memoria de entreguerras, la oposición del entonces ministro de Economía a la participación de España en la guerra de Iraq en 2003 provocó en la mirada de Aznar una “tristeza infinita”, que habría tenido mucho que ver en las frías relaciones que mantienen desde entonces. Por otra parte, el presidente de Faes se ha distanciado de su buena amiga Esperanza Aguirre por los denodados esfuerzos que está desplegando para sacar de Caja Madrid a su presidente Miguel Blesa, también amigo del ex jefe del Ejecutivo –y colocado en su día al frente de la entidad por Gallardón por expreso deseo del entonces líder popular–.

Respecto a las fuerzas que aglutinan uno y otro bando, el de Aguirre, de lograr la presidenta madrileña arrancarle el “sí quiero” a Rato –que se deja querer pero se reserva el momento de dar una respuesta definitiva–, contaría con el favor de los empresarios más pragmáticos –los que sí le conceden el mérito de levantar la economía española– y por supuesto con el PP madrileño. Tras ganar en segunda ronda las elecciones de 2003, la jefa del Ejecutivo regional tuvo el buen ojo de fichar a un puñado de ratistas: a Juan José Güemes, que ha pasado por varias consejerías; a Elvira Rodríguez, actual presidenta de la Asamblea de Madrid; a Ramón Aguirre, a quien nombró consejero delegado de Metro de Madrid y ahora ocupa escaño en el Congreso. Incluso fichó a la ex mujer de Rato, María Ángeles Gela Alarcó, para el consejo de Telemadrid –ahora es vicepresidenta Ejecutiva de Turismo de Madrid– y colocó en el consejo de Caja Madrid a antiguos colaboradores del ex ministro como José Manuel Fernández Norniella.

Por otra parte, según confirman en los aledaños del Congreso, los críticos liderados por Carlos Aragonés, antiguo fontanero de Aznar, estarían dispuestos a defender la opción de Esperanza Aguirre, porque aunque el ex presidente no ha dejado de ser para ellos un referente político, la vieja enemistad entre el ahora diputado y el alcalde de Madrid no le deja más opción. A pesar de que, según cuentan fuentes próximas al patrono de FAES, el que fuera jefe de Gabinete del entonces líder del PP le desaconsejó  en su día que nombrara sucesor a Rato.

El ex director gerente del Fondo Monetario Internacional aún no ha dado aún un paso al frente, pero mantiene viva la esperanza de Aguirre, que le cortejó sin disimulo durante su investidura como doctor honoris causa por la Universidad Rey Juan Carlos: “Este es el hombre que sacó a España de la crisis”, decía un día antes de asegurar en Onda Cero que el PP está perdiendo la ocasión de ganarle terreno al PSOE y su electorado está “absolutamente desconcertado”.

Los movimientos de Rato, según una fuente próxima al ex ministro, alientan este tipo de comentarios con los que los críticos van preparando el terreno por lo que pueda ocurrir tras las europeas. En el congreso del PP de Madrid del pasado septiembre hizo su aparición estelar para arropar a la única candidata a la presidencia de la formación, la reelegida Aguirre. A su paso, pudieron escucharse gritos de “presidente”. Además de su discurso en la Rey Juan Carlos –en el que no reservó ni una línea para referirse a Rajoy–, el consejero del Santander, de Criteria y del estadounidense Lazard “regresó” a la vida de partido a mediados de enero, cuando dirigió un curso en la Universidad de Alcalá donde convocó a diputados y senadores.

Los poderes de Gallardón en su pelea con Aguirre –porque aunque apoye a Rato como candidato a la presidencia del Gobierno, ella se quedaría a los mandos de Génova– son Aznar, cuya ayuda podría debilitarse al saberse que, bajo su mandato, Génova firmó contratos con la principal empresa investigada por el juez Baltasar Garzón en el supuesto caso de corrupción [ver recuadro: Agag, ¿el talón de Aquiles de Aznar?], y la nada despreciable nómina de barones populares, que como se comprobó el pasado junio en Valencia –y sobre todo en los meses previos– son determinantes en la designación del líder a nivel nacional, y de tener que elegir entre ampliar el peso específico de Aguirre vía Rato y decantarse por Gallardón, optarían por este último.

Las fuerzas mediáticas también han tomado partido. La trama de espionaje destapada por el diario El País en medio de la batalla por Caja Madrid compromete seriamente al círculo más cercano de Aguirre. Mientras, El Mundo y la Cope, de forma explícita, han secundado la estrategia de Esperanza Aguirre. Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos han dejado de reclamar que el cambio en la dirección nacional del PP pase por investir presidenta a la jefa del Gobierno madrileño para decir que el ex vicepresidente económico ha sido “el único capaz de unir a todo el centro derecha”, decía el editorial del periódico tras la investidura honoris causa del ex director gerente del FMI. El locutor de la emisora episcopal, en sus Comentarios Liberales y bajo el título ZP, 0-5; RT, 5-0 –en alusión a los millones de parados de uno y otro– habló de “las ventajas que tendría una candidatura de Rato a La Moncloa”, alabando su “genio endiablado” para hacer frente a la crisis.

Rajoy, que se hizo rodear por todo su Comité Ejecutivo Nacional el pasado miércoles para acusar al Gobierno y a la Justicia de emprender una “cacería” contra su partido en la Operación Gürtel –el ministro Mariano Fernández Bermejo y el juez Garzón había participado en una partida de caza el fin de semana–, yerra el tiro. Los cazadores están agazapados y son de su propia especie.

¿Y si fuera Soraya?

Hace ahora un año, cuando estaba a punto de comenzar la campaña electoral a las generales, nadie habría imaginado que Mariano Rajoy tendría la capacidad  y sobre todo la voluntad de resistir las embestidas que ha venido recibiendo tras la derrota del 9-M. La campaña de la prensa supuestamente afín para exigir su dimisión, la ambigüedad de Aguirre sobre su posible candidatura a la presidencia del partido, la marcha de María San Gil, el polémico artículo de Gabriel Elorriaga, el amago de Juan Costa... A pesar de todo y para sorpresa de muchos de sus compañeros, llegó sano y salvo al congreso de Valencia. Y a pesar de las estrategias pergeñadas para asaltar la dirección de Génova 13 de perder el PP las tres próximas citas electorales, dice que no tiene intención de dimitir.

Existe una tesis en la que cree y teme Aguirre según la cual, Rajoy nombrará sucesor a Gallardón. Y existe la posibilidad de que vuelva a dar muestras de resistencia y llegar políticamente vivo a 2012. Pero podría no descartar otras opciones.

Carme Chacón, una de las pocas dirigentes socialistas próximas a Zapatero desde su llegada a la secretaría general del PSOE que aún permanecen el primera línea, se perfila como la candidata con más posibilidades de suceder al presidente del Gobierno ante su eventual retirada. Su equivalente en el PP de Rajoy es Soraya Sáenz de Santamaría, una marianista de meteórico ascenso como mano derecha del presidente de la formación conservadora. ¿Y si fuera ella su sucesora? Curiosamente, ha sido objeto de dos entrevistas personales inéditas en su trayectoria. La de la polémica foto en El Mundo, donde también aparece un retrato de ella con su marido, y la de Juan Ramón Lucas en TVE, donde se emitieron varias fotos personales (en una de ellas, volvió a aparecer con su pareja). ¿Está Rajoy promocionando a su delfín?

Las amistades de Agag comprometen a Aznar

Durante días, la prensa y la televisión han reproducido la imagen de Francisco Correa y Álvaro Pérez avanzando por el camino empedrado que da acceso a la basílica del monasterio de San Lorenzo de El Escorial el 5 de septiembre de 2002. Los dos empresarios, considerados presuntos cabecillas de la trama de corrupción que investiga el juez Baltasar Garzón, asistían invitados a la boda de Alejandro Agag y Ana Aznar, donde firmaron como testigos del enlace. De los dos se ha sabido que organizaron los fastos de la despedida de solteros en Gabana y de la ceremonia y posterior convite. Incluso alguna de aquellas célebres reuniones del clan de Becerril liderado por Agag. Y de los dos se ha confirmado que sus empresas Special Events y Orange Market (la filial valenciana de Pérez) han sido responsables de los actos del partido hasta 2004 (en el caso de Orange Market, se ha probado que en 2008 también contrató sus servicios la formación presidida por Francisco Camps).

La llamada Operación Gürtel también se ha saldado con la imputación de Jacobo Gordon, compañero del yerno de Aznar en la carrera de Empresariales y su socio en algunas de las empresas que ha venido registrando los últimos años. Y Alberto López Viejo, el hasta ahora consejero de Deportes de Aguirre que presentó su dimisión por ser responsable de la contratación de Special Events en los actos del PP de Madrid, fue miembro del por aquel entonces prometedor clan de Becerril.

Todas estas certezas no implican per se que Alejandro Agag merezca sospecha alguna,  pero son  lo suficientemente incómodas como para que el yerno del ex presidente se haya cogido tremendo disgusto. El mismo que tiene su suegro.

Porque José María Aznar ya tiene bastante con lo suyo. Con que Mariano Rajoy haya dicho que cuando él tomó las riendas de Génova rompió cualquier vínculo con la empresa del presunto cabecilla de la trama de corrupción investigada, lo que significa de forma implícita que, si alguien en el partido tiene que rendir cuentas, debería ser su mentor.

Ana Botella, mujer del ex jefe de Gobierno y miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PP, le reprochó a Rajoy durante la reunión extraordinaria de la pasada semana que hubiera dejado a su marido a los pies de los caballos, y reclamó apoyo expreso a la etapa popular liderada por Aznar, que el presidente del PP, acostumbrado estos días a contemporizar con los críticos, no dudó en ofrecerle.

Las relaciones de su yerno, los contratos con un empresario en prisión... Por si fueran pocas las malas noticias que Aznar recibió la pasada semana, el fondo británico de capital riesgo Centaurus ha prescindido de sus servicios de asesor, según The Guardian, por culpa de la crisis.

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