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| Nº 822 - 16 de febrero de 2009 |
Crisis en el PP. Militantes del PSOE: ¡cuerpo a tierra!
Durante los últimos años, cada vez que el PP sufre –en el decir de Hamlet'–"los golpes y punzantes dardos de la airada fortuna", algún militante del PSOE paga las consecuencias. Así ocurrió, en efecto, cuando el petrolero Prestige embarrancó en las costas gallegas, provocando una inmunda marea negra. Los responsables políticos de aquel hermoso litoral (Fraga, presidente de la Xunta, y Álvarez-Cascos, ministro de Fomento) estaban cazando, probablemente en las Batuecas... mientras los demás cargos públicos populares echaban una siesta ("dormir, tal vez soñar"). El ruido de la protesta fue sonado, pero no hubo ninguna dimisión que afectara al PR. Paradójicamente, la única baja política que se produjo en España como consecuencia de aquella catástrofe marítima fue la de un diputado socialista de la Asamblea de Madrid: Antonio Miguel Carmona, a quien, "confundiéndole la voluntad y haciéndole paciente ante el infortunio" se obligó –mediante una orden justiciera del mando– a dejar su escaño, simplemente por haber hecho en privado una broma –algo pesada, que todo hay que decirlo– acerca del mentado naufragio. Más tarde, en las elecciones autonómicas celebradas en la primavera del año 2003 el PP madrileño no alcanzó la mayoría absoluta, lo cual le llevaba –obvio resulta recordarlo– a la oposición... mas, "haciéndole volar hacia la desgracia", a Rafael Simancas le robaron la cartera de la investidura, probablemente previo pago a dos diputados, Tamayo y Sáez, quienes, elegidos en laslistas del PSOE, se negaron a votar a Simancas (aunque se dice que Roma no paga traidores, la verdad es que sí suele hacerlo). En efecto, "la ardiente resolución original decae al pálido mirar del numerario". Pero no acabaron ahí las desgracias para los militantes socialistas: el señor Romero de Tejada, ex alcalde de Majadahonda y secretario general del PP madrileño, anduvo –siempre según la prensa– metido hasta las cachas en los manejos que se traían, antes y durante la espantada, el señor Tamayo –el Yago de esta h istoriay unos cuantos constructores que aparecieron como los más probables pagadores de la infamia... así que el PSOE exigió la dimisión de todos sus cargos a Romero de Tejada, entre ellos el de consejero de Caja Madrid. Como era de esperar, Romero de Tejada, ante la demanda socialista, hizo lo mismo que Ulises ante las sirenas: se tapó los oídos, y entonces, indignados, los dirigentes del PSOE afirmaron que ningún miembro de su partido se volvería a sentar jamás junto al tal Romero... así que "desvaneciéndose en tenues sombras del pensamiento", los socialistas, disciplinados y obedientes, emulando al recluta protestón cuando decía: para que se joda el capitán, no como, abandonaron sus puestos en la dirección de la Caja, entre los cuales estaba la Vicepresidencia. Y como el mundo no deja de dar vueltas y "las empresas de rigor y empeño, ante el temor, su curso tuercen pronto", así, después del cristo provocado recientemente con armas y tambores por las hostiles huestes de Aguirre (¡la cólera de Dios!) al asalto de la mentada Caja de Ahorros y Monte de Piedad, los dirigentes del PSOE –llamados ferrazinos, por tener asiento y mando en la caIle Ferraz de Madrid– decidieron, contra todo pronóstico y sin suministrar a sus vasallos un solo argumento, pactar con la Doña y dejar a Miguel Blesa y a sus soportes políticos con el culo al aire. Un Miguel Blesa quien, conviene recordarlo, entró a ocupar la Presidencia de la Caja de la mano de Aznar, pero a caballo. Vale decir: saltándose estatutos y atropellando normas, incluidas las de la buena crianza. Mas, después de tanto giro inesperado y quizá mareados por la noria, en el momento de votar a favor de los intereses de Doña Esperanza, dos de los socialistas con puestos relevantes en la Caja decidieron hacer de sus capas dos sayos y votaron contra los designios de Aguirre y, a la vez, claro está, contra los enjuagues preparados por el mando ferrazino. Y los rebeldes no eran dos cualesquiera, pues tan sólo unos meses atrás fungían, respectivamente, de vicesecretario y secretario de Organización del Partido Socialista Madrileño, curricula que no parece que les vaya a servir de parapeto, pues ambos se enfrentan ahora a sendos expedientes disciplinarios, pues ya se sabe que los jefes siempre "tienen a su alcance el descanso en el filo desnudo del puñal". Yo no sé si el asalto a la Caja y la correspondiente defensa numantina de esta ciudadela financiera tienen que ver con los dossieres y con los espías que han florecido por Madrid como los jardines en la primavera. Vamos, que no puedo afirmar si un hecho es causa del otro o estamos solamente ante una incómoda correlación. Mas, sea como sea, no creo que sea preciso demostrar que este espionaje ha provocado una crisis de no pequeñas dimensiones en el PP. Además, en vísperas electorales gallegas y vascas. Acuciada quizá por las urgencias o por las exigencias de una investigación interna que dirigió durante pocos días Dolores de Cospedal, Doña Esperanza Aguirre decidió aceptar una Comisión de Investigación en el Parlamento Regional... y aquí reaparecen mis temores. ¿Por qué? Lo intentaré explicar con pocas palabras: de las comisiones parlamentarias de investigación se suele salir con la cabeza caliente y los pies fríos, ya que tales debates pueden servir para alimentar el ruido mediático, mas, que yo sepa, jamás han conseguido reclamar con éxito responsabilidades políticas de ningún tipo, excepto aquellas mediante las cuales se ha hecho pagar a los justos por las trapacerías de los pecadores, pues en algunos casos se ha pretendido juzgar mediante este procedimiento a partidos minoritariosen el Parlamento, aunque lo normal es que quien ocupe la picota sea el Gobierno... y las resoluciones de las comisiones de investigación se votan. Y cuando en un Parlamento se vota y el Gobierno cuenta –como en este caso– con la mayoría absoluta, es fácil adivinar cuáles van a ser los resultados. Así ocurrió, también, después del tamayazo. Se creó una comisión de investigación cuya conclusión explicó, mejor que nadie, María Teresa Sáez (la tránsfuga consorte) cuando, respondiendo a una batería de preguntas planteada por un diputado socialista, contestó, lacónica y fatal: "No a todo"... y no se precisa ser adivino para asegurar sin temor a errar que ésa será otra vez la respuesta de los presuntos implicados en la actual siembra de dossieres: No a todo. En España –y desgraciadamente–las elecciones juegan para quienes las ganan el mismo papel que un baño en la bíblica y milagrosa piscina de Siloé: salen de allí como nuevos. Purificados y sin mácula. Así que ojo. Recordemos una vez más lo que nos decía aquel sabio príncipe danés: "¿Quién querría sufrir el implacable azote del tiempo, / la injusticia del fuerte, el áspero desdén del soberbio, / las amarguras del amor traicionado, / las demoras de la ley...?" Todo lo cual, traducido a un lenguaje sencillo y cuartelero, se pronuncia así: ¡Cuerpo a tierra! •
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