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Nº 822 - 16 de febrero de 2009

Javier Fernández Sebastián, codirector del 'Diccionario político y social del siglo XX español'

"LA LUCHA CLERICALES- ANTICLERICALES ES UNA DE LAS GRANDES TRAGEDIAS ESPAÑOLAS"

Un concepto político cumple una función en la sociedad. Javier Fernández Sebastián, catedrático de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad del País Vasco, ha codirigido el Diccionario político y social del siglo XX español (Alianza Editorial-, junto a Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. Los dos han llevado a cabo "una radiografía de la sociedad española a lo largo de todo un siglo". La mayor parte del lenguaje político es relativamente viejo. Gran parte de las palabras que han recopilado en el libro proceden del siglo XIX, o incluso de antes. Para Fernández Sebastián, "ninguno de los conceptos políticos importantes han nacido ayer y las palabras tienen memoria".

Por Luis Marchal

Su diccionario tiene 125 entradas de conceptos políticos y sociales.
—Podríamos haber incluido más términos, pero pensamos que con esos 125 se cubre el espacio de significación más importante de la política española del siglo XX.

—¿El que más del 80 por ciento de las voces incluidas sean europeísmos muestra un alto grado de internacionalización de la vida política española contemporánea?
—A veces se piensa que el español es un caso raro. Nuestro lenguaje político no difiere considerablemente del resto de los países occidentales, aunque haya términos idiosincrásicos como nacionalismo vasco o catalanismo.

—¿De qué forma algunos conceptos que son sinónimos políticos compiten por un mismo espacio de significación?
—Una lengua es una realidad viva. Todos los días mueren palabras, todos los días nacen palabras. Muchas de ellas duran poco tiempo, son efímeras. Otras, en cambio, se conservan. Muchas veces los términos se corresponden más o menos con uno anterior. Totalitarismo es un ejemplo, que ha estudiado Juan Francisco Fuentes, que va declinando mientras que va subiendo el concepto correlativo de fundamentalismo.

—En pueblo y ciudadanía es parecido.
—El término pueblo ya no tiene la presencia masiva que tenía en España en el siglo XIX, en la época de la II República o en la Guerra Civil. Era de los más importantes en la vida política. Ahora lo utilizan más bien los nacionalistas, pueblo vasco y demás. Ciudadano es neutro, con menor carga emotiva y remite a los derechos de las personas.

—¿Qué expresiones de las que aparecen en su Diccionario calaron más en las mentes de los ciudadanos?
—Hay conceptos que tienen mucha relevancia en un período y menos en otro. El gran momento de Guerra Civil, en la práctica, fue en los años 30, sobre todo en la segunda mitad. Después, en la teoría, lo fue también a partir de los años 60, porque los historiadores consolidaron el concepto a la hora de explicarlo. El concepto transición recorre todo el siglo XX, pero su momento estelar fue a partir de la muerte de Franco, en 1975, hasta la victoria socialista, en 1982.

—Ahora, ¿qué términos tienen su gran momento?
—Probablemente, identidad, globalización, memoria histórica. A veces se dan por un debate inducido por oportunismo político. Hace años, nadie hablaba de género. ¿Para qué inventar un nuevo concepto cuando ya existía sexo? Sin embargo, se hizo necesario porque no son lo mismo. Sexo es algo biológico. Género tiene un aspecto social construido, tiene algo más de elección. Es una forma de identidad. En España, eso ha dado pie a la Ley de Violencia de Género.

—Hay gente remisa a decir violencia de género y opta por violencia machista o violencia doméstica.
—Son otras formas de denominarlo. Ahí se ve cómo los conceptos políticos están siempre debatidos. Nunca son uniformemente aceptados por todos.

—En tiempos de agitación y enfrentamiento político, la costumbre de acusar a los demás de pervertir el lenguaje es una constante, ¿percibe en ese sentido alguna diferencia entre el momento político actual y la crispación de la legislatura pasada? —Crispación es un término que no está en nuestro diccionario. Su uso se concentra en un período muy pasajero. Es cierto que ha habido una gran hostilidad mutua, muy peligrosa, entre los dos principales grupos políticos. Algo que nos trae a la memoria momentos en los que el enfrentamiento entre las dos Españas fue muy trágico.

—Reconciliación es un neologismo de reciente creación, ¿está amenazado por la frase "España se rompe"?
—Los políticos, cuando no disponen de conceptos claros para expresar lo que ellos quieren decir, están influidos por el marketing político. Saben que los medios van a seleccionar una frase de todo lo que digan como titular periodístico. Eso de "España se rompe" es una imagen muy gráfica relativa a que el país rompía sus ataduras de solidaridad mutua entre las regiones. Ése era el uso que el PP daba a entender.

—¿Qué conceptos ocupan una posición más relevante en los discursos del PP?
—Familia y seguridad son conceptos idiosincrásicos del PP. Este partido insiste ahora en el concepto de igualdad cuando se habla de la nación española como conjunto.

—¿Y en los del PSOE?
—En nuestro diccionario, en la voz socialismo, escrita por Santos Juliá, se ve que el concepto revolución era muy importante en el discurso del PSOE durante gran parte del siglo XX. Un concepto que ha sido abandonado. Después, se habló de reforma o de igualdad. He contado las veces que aparecen las palabras progreso y futuro en los últimos programas electorales del PSOE y del PP y lo hacen las mismas veces más o menos. Los términos no son privativos de un partido o de otro. Casi todos utilizan más o menos los mismos términos, aunque les dan un contenido distinto. Ahora el PSOE ha acentuado mucho los aspectos identitarios de género, de la igualdad de género.

—¿Las apelaciones a la ciudadanía se han adueñado del debate político?
—El concepto de ciudadanía, escrito en el diccionario por Manuel Pérez Ledesma, muestra que las apelaciones a la ciudadanía a lo largo del siglo XX en España no son tan localizadas como se pensaba en la izquierda. A principios de siglo XX hubo una serie de llamadas a la ciudadanía por parte de la derecha. También los católicos y la Iglesia llamaron a la ciudadanía católica. En los dos últimos años, nos encontramos con el debate de Educación para la Ciudadanía, relacionado con la objeción a dicha asignatura.

—El Supremo acaba de tumbar la objeciónde conciencia a la asignatura Educación para la Ciudadanía y no se encuentra el término objeción en su Diccionario.
—Podría haber estado. Eso sí, en nuestro país la objeción en el siglo XX fue básicamente al servicio militar, durante un período corto, desde finales del franquismo hasta que el servicio militar dejó de ser obligatorio.

—¿El rechazo a Educación para la Ciudadanía tiene que ver fundamentalmente con el miedo al laicismo?
—Habría que preguntarles a los que la rechazan. Hay mucha confusión sobre laicismo, laicidad, secularización,....

—¿Se confunde el laicismo con el anticlericalismo?
—En España, el anticlericalismo ha sido un movimiento muy importante. Es típico de los países católicos. Tomó la forma de ataques violentos a la Iglesia y asesinatos masivos. El clericalismo, movimiento contrario, aunque no matase, sostuvo una actitud muy militante a favor de la Iglesia, tratando de imponer todo lo que ésta dijera al cuerpo social. Para mí, el enfrentamiento entre clericalismo y anticlericalismo es una de las grandes tragedias españolas. Fue una de las causas concomitantes para la sublevación de Franco y para la Guerra Civil.

—Por otra parte, el vicepresidente económico, Pedro Solbes, ha admitido recientemente que la crisis económica actual es "la más compleja que hemos vivido", ¿el término crisis vuelve a ser acotado por económica y no como global?
—El término crisis es uno de los más complejos de la historia del pensamiento político. Se desarrolla sobre todo a partir de mediados de siglo XVIII. Viene de la medicina: una crisis médica es un momento en la enfermedad en el que se agrava o se mejora. Es una metáfora para referirse a cuando una sociedad entra en una especie de convulsión en la que sale para adelante o no. Los siglos XIX y XX han sido la gran época de crisis. Reinhart Koselleck, el gran historiador de la historia conceptual, consideró que crisis es uno de los conceptos más importantes del mundo contemporáneo. En cierta manera, crisis equivale a modernidad. En el terreno económico, tiene connotaciones muy negativas. Por eso el Gobierno actual ha sido muy reacio a aceptar la calificación de "crisis" para la situación que se estaba produciendo. •

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