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Nº 822 - 16 de febrero de 2009

Javier Fésser, director

"ME REBELO CONTRA EL PROSELITISMO ENFERMIZO"

En la gala de la 23 edición de los Premios Goya, ha triunfado este año Javier Fésser, al conseguir Camino los galardones al mejor director, mejor guión y mejor película. Una valiente y conmovedora historia cuyos actores también han sido premiados y con la que Fésser pasa del humor de su fiel adaptación del papel al cine de Mortadelo y Filemón al melodrama apasionante inspirado en un hecho real. Porque para el premiado director no se trata de cambio de registro, sino de aprovechar el poderoso lenguaje del cine para intentar hacer este mundo un poco
mejor a través de la risa, la reflexión o el llanto.

Por Isabel Alcázar

Este madrileño de 45 años ha estudiado Ciencias de la Información para dedicarse al cine publicitario. Javier Fésser creó pronto una productora en compañía de su hermano Guillermo, periodista y guionista, y realizaron más de 150 spots publicitarios; entre ellos el de Cruz Roja, BMW o Telefónica. Ha escrito el guión del programa de televisión Gomaespuma y apuesta por el cine en la web, porque para Fésser internet es una herramienta poderosa e inmediata con gran capacidad para crear, distribuir y difundir y "para que todos aprendamos de los demás, aunque luego está el consumo ilícito de todos los que se bajan de Internet películas música, videojuegos, una generación de jóvenes que quieren descargarse todo para tener y tener", explica indignado. Javier Fésser fue nominado al Oscar al Mejor Cortometraje por Binta y la gran idea, y entre sus largometrajes se encuentran: El milagro de P Pinto, de 1998; La gran aventura de Mortadelo y Filemón, dirigida en 2003 junto a su hermano, con la que logran una fiel imagen de los torpes y cómicos personajes creados por el dibujante Francisco Ibáñez hace más de cuarenta años; El mundo a cada rato, en 2004; el retrato cariñoso y divertido de su asistenta en Cándida, en 2006; el drama hospitalario Proyecto Futuro, en 2008, y este mismo año la premiada con seis Goyas Camino, una película llena de amor, generosidad y religiosidad, en un momento en que se plantea la existencia o no de Dios, mientras la Curia del catolicismo español enreda en la política para demostrar que ellos mandan, luego existen.

—Goya a la mejor dirección, mejor película, mejor guión original...¿Cómo se siente con tantos premios a su última película Camino?
—En mi caso no contaba con tantos premios y me he emocionado de verdad, porque los premios de Camino los hemos recibido en un momento emocional muy importante para nosotros, porque esta película nos ha tenido involucrados varios años intensa e íntimamente.

—¿Qué le llevó a rodar esta película sobre una niña santificada por el Opus Dei?
—Fue la historia la que me llevó a mí. Conocí una historia real, un personaje real y me pareció que no sólo tenía los ingredientes para una historia emocional, sino que algo o alguien me estaba pidiendo que lo contara. Camino es una historia de ficción inspirada profundamente en el caso de Alexia Barrios, no basada en su vida ni lo he pretendido nunca, pero el caso de Alexia despertó en mí curiosidad, rabia, admiración por una niña a quien nadie preguntó cómo se encontraba, todo el mundo que la quería al preguntarla algo ya estaban orientando su respuesta. Me ha apetecido hacer una película sobre una niña en una situación parecida y que el espectador pueda saber lo que piensa la niña, no sólo los que están a su alrededor.

—¿Quería mostrar la manipulación de los sentimientos por parte del Opus Dei?
—Bueno, para mí es una historia de amor y funciona dentro de un paisaje donde la fe y la religión tienen mucho protagonismo, pero realmente lo que más me fascina es el primer amor de la protagonista, esa primera vez que un ser humano nota un cosquilleo en la tripa y no sabe qué es y se trata de un sentimiento brutal, tan limpio y tan puro porque no quieres nada a cambio, porque te has enamorado. La película expone puntos de vista muy distintos y la manipulación depende de cómo la mires, para una gente los otros manipulan pero para otra gente quizás los primeros desaprovechan la oportunidad de encontrar cosas de verdad; a mí me parece una suerte que haya gente distinta y opine de manera diferente. La película critica de forma inevitable a los que se empeñan en imponer su ideología, esos personajes que, como la madre de la niña, que interpreta Carmen Elías, y que desde la creencia de que tienen la verdad absoluta, no dejan abiertas otras puertas distintas. Contra eso yo me rebelo, contra la labor del apostolado y contra el proselitismo enfermizo.

—¿Por qué dijo usted que esta película era difícil de defender?
—Bueno, tiene algo que a mí me gusta que es el ser inclasificable, no es que yo lo pretenda pero hasta ahora lo que voy haciendo no resulta muy fácil de clasificar a los encargados de poner esos nombres. Entonces, Camino puede que no sea fácil de vender desde el momento que no está muy claro a quién va dirigida, no está nítido el tono que tiene y en ese sentido me refería a la dificultad de defender. El comprador siempre quiere informar al espectador de lo que va a ver, porque cada vez parece más necesario decirle exactamente si va a reír, si va llorar, si le va a gustar a la mitad de la película, si le va a sorprender el final, etc. Yo he tratado de dar poca información de Camino porque a mí me gusta que las películas me sorprendan y porque esta película toca temas muy sensibles que me parece fundamental que aparezcan y de forma directa, reflexiva y siempre respetuosa. Creo que esa es la clave para abordar temas tan profundos que a todos nos toca el corazón y todavía no he conocido a nadie que le haya dejado indiferente, porque es una película que mueve conciencias y toca por un lado o por otro.

—¿Ha cambiado de registro por tratar antes temas de cine más comercial y de entretenimiento?
—Yo lo que hago es no marcarme el objetivo del tipo de película que voy a hacer, porque en cada momento hay una historia que me mueve, que me llama y me permite convertirme en esa locomotora que hay que ser para poner en marcha una película, armar, construir un proyecto tan complicado e intenso en el tiempo y duración de trabajo. Esta experiencia me parece preciosa porque me encanta mi trabajo, a pesar de que da muchas oportunidades de abandonar antes de empezar el rodaje, pero en mi caso la perseverancia en una idea y en un proyectoque de verdad crees en él, me dio una película como Camino. Además me parecía que era la película que tenía que hacer en este momento y creo que es la película más íntima y más personal que he hecho, pero no significa un cambio claro de registro. Creo que yo estoy detrás de todo lo que he hecho de una forma o de otra y, por otro lado, es el reto de no saber bien lo que estaba haciendo y cómo iba a quedar, porque ésta es una película con otros ingredientes distintos a los de Mortadelo y Filemón, por ejemplo.

—¿Lamenta que su película haya disgustado al Opus Dei?
—Soy tan ingenuo que pensaba que al Opus le iba a resultar interesante para entrar en un debate en el que pudieran explicar cosas difíciles de entender y he hecho la película con esa intención. Es una película muy respetuosa y partiendo del mayor conocimiento que he podido, me he documentado hasta donde pensaba era necesario. No he dicho una sola palabra sobre nada ni sobre nadie sin haber conocido previamente todo lo necesario y he buscado la participación. Camino busca espectadores para colaborar y a los que les apetezca involucrarse en la película, no sentarse en la butaca y cerrar el cerebro para que les entre una película ya mascada. Siento si no hay miembros del Opus Dei a los que apetezca involucrarse, emocionarse y vivir dentro de la película, como me ha pasado a mí, pero, por desgracia, como en todas las experiencias que he tenido en este tema, el Opus nunca va a dar la cara, va a esconderse porque como dice su fundador, Escrivá de Balaguer en su libro Camino, "no tengas la cobardía de ser valiente, huye!". Es su método básico, no discutir con quien no pertenece a su grupo y, por tanto, ningún miembro del Opus Dei ha querido participar en ningún debate y a mí me hubiera gustado confrontar opiniones con ellos; pero responden que no tienen nada que debatir porque no ven reflejado al Opus Dei en mi película. Sin embargo, para mí, he mostrado muchas incoherencias de La Obra, que me gustaría discutir con ellos.

—¿Ha tenido que documentarse mucho para introducir al espectador en el mundo del Opus Dei?
—Sí, y he querido sobre todo que la historia estuviese anclada en la realidad del mundo de La Obra y en una ambientación real, ya que no hay nada en la película que yo me haya inventado: la pastelería, por ejemplo, la Clínica de Navarra... Toda la investigación que he hecho sobre el Opus Dei me parece apasionante y he indagado sobre muchos prejuicios que todos teníamos sobre ese mundo religioso; he tratado de llegar a la documentación interna y a la opinión y la forma de entender la vida de la gente que está ahí dentro, tratando de comprenderlo no de derribarlo, porque todos eran bastante herméticos y actuaban como en secreto.

—¿Qué piensa de la actual polémica sobre la existencia o no de Dios?
—El debate sobre si Dios existe o no me parece un poco anecdótico, porque si para ti existe y te va bien, pues vale, y si para otro no existe y le va bien, pues ya está; entonces, ¿qué necesidad hay de saber a ciencia cierta si fulanito estaba en la verdad o lo estaba menganito?. A mí me parece un debate demasiado simplón, porque ahora mismo yo no siento que Dios existe, pero si estoy equivocado y me muero y voy al cielo y me lo paso bien, pues estupendo. Existe la teoría de que la vida sin Dios está vacía y hay gente que tiene la vida tan vacía que la tiene que llenar de Dios y yo no necesito ver un Creador en todas las cosas hermosas que existen en la naturaleza. •

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