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Nº
822 - 16 de febrero de 2009 |
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De Esperanza Aguirre, Aznar y Botella y de cómo Losantos pontifica sobre la presunción de inocencia
Andan los periodistas llamados aguirristas, o también, esperancistas, muy inquietos, bastante nerviosos, profundamente indignados. Olfatean que el reinado de la emperatriz doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma corre el peligro de que no llegue nunca a producirse, se quede congelado para siempre, sólo sea un sueño imposible. Aunque con altibajos y hasta a veces marcando distancias sin duda livianas, dos de sus mosqueteros más férreos en su defensa, Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos, siguen fieles a ella. Por algo será, digo yo y conmigo mucha gente interesada en los entresijos y los intereses más o menos ocultos de la política española y, más concretamente, la madrileña. En todo caso, los dos espadachines mencionados continúan sin bajar la guardia. Ramírez el otro día elogiaba a la lideresa de la Comunidad de Madrid y sostenía, desde un audio insertado en la página web de El Mundo, que Esperanza podría ser nuestra Margaret Thatcher porque además es más simpática que la ex primera ministra del Gobierno británico. Thatcher, sí claro, la promotora de la “revolución conservadora” o “revolución ultraliberal”, aquella Dama de Hierro que montó la guerra de las Malvinas en 1982 porque no hay ningún reinado fuerte que no se construya sin hazañas bélicas; es decir, sin que corra mucha sangre inocente. Jiménez Losantos desenvainó su espada desde Libertad Digital, que es un periódico electrónico de su propiedad, y arremetió para salvaguardar a su heroína contra la cadena SER. Para ser más exactos, habría que puntualizar que no sólo cerró filas el periodista favorito de los obispos españoles en torno a Aguirre, sino que lo hizo también en torno a su idolatrado Aznar López, cuya señora, Ana Botella Llusiá, ha requerido al sucesor de su marido, Mariano Rajoy Brey, a que vigile y proteja a quien fuera su padrino. El viento huracanado, cargado de espionajes sospechosos, de dossiers devastadores y de corrupciones en cadena, podría causar algún que otro desperfecto en el sector aznarista, pues no en vano los impulsores de negocios escasamente transparentes, pero sí muy fructíferos en recaudación económica, parecen ser jóvenes guerreros vinculados, en mayor o menor grado, a clanes como el de Becerril. Esos clanes, simpáticos y juveniles clanes, conducen directamente al yerno del matrimonio Aznar-Botella, el gran Alejandro Agag, sin olvidar que ese clan de Becerril fue un juvenil caldo de cultivo preparado por el entonces todavía presidente del Gobierno. “En la cadena SER (según puede leerse en Libertad Digital) no existe la presunción de inocencia. En la tertulia de Hora 25, este martes por la noche, Esperanza Aguirre fue declarada culpable de la presunta trama de corrupción aireada por Garzón y la de los presuntos espías. Y cómo no, Aznar fue colocado en la cúspide de esa “manera de ejercer el poder”. La periodista Milagros Pérez Oliva afirmó que “la trama de los espías y luego la de la corrupción han puesto sobre la mesa una manera de ejercer el poder que viene de la última etapa de Aznar y que pone los pelos de punta. Esperanza Aguirre está practicando la insumisión institucional en términos como la Ley del Tabaco, la Ley de Dependencia, la ley de Ciudadanía, el asunto de Leganés… Utiliza para desgastar a otros poderes y esto es una manera bastante soez de ejercer el poder. El tema del espionaje indica que quien ha practicado ese espionaje está dispuesto a saltar por encima de las leyes y del Estado de Derecho para obtener informes con los que o bien extorsionar o bien con los que sacar réditos políticos particulares. Después tiene un modelo de ejercicio de poder de adhesión inquebrantable, autoritario y una trama de intereses económicos vinculada a todo este sistema de poder. Y no es casualidad que toda esta trama de corrupción fuera apartada o al menos intentara ser apartada de la cúpula de Génova cuando Rajoy llegó al poder porque se daba cuenta del efecto devastador que toda esta gente alrededor del PP podía llegar a tener”. Leída y releída la intervención de Milagros Pérez Oliva, de la que me han hablado muy elogiosamente algunos amigos comunes y que, por su edad, podría ser nieta mía, no encuentro en absoluto que no se haya respetado la presunción de inocencia. Pero lo que más me asombra es que el diario digital de Jiménez Losantos exprese su protesta porque en la SER no se tenga en cuenta la presunción de inocencia. Me sorprende, hasta límites que no alcanzo a ver por su inmensa lejanía, que el locutor de los insultos y de las acusaciones más rastreras, avaladas por el agua bendita de los egregios monseñores de la Conferencia Episcopal Española, manifieste ahora sus escrúpulos respecto a la presunción de inocencia y le parezca mal que estas cosas pasen, según él, en la SER. La presunción de inocencia está erradicada del todo del programa de la COPE que capitanea cada mañana Jiménez Losantos. Ahí no resplandece la presunción de inocencia sino la convicción de culpabilidad respecto a los personajes que habitualmente son objeto de aceradas críticas desde los micrófonos de la cadena radiofónica confesional. |
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