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Nº 822 - 16 de febrero de 2009

Cambio de rumbo americano

La economía y la política exterior son, de momento, las principales señas del cambio del nuevo Ejecutivo norteamericano que han quedado claras en la primera rueda de prensa como presidente de B. Obama.

Por lo que respecta a la economía, el nuevo presidente ha proclamado que en las actuales circunstancias, en las que los consumidores no consumen, los empresarios no invierten ni emplean y los bancos no prestan, el Estado es el único actor económico capaz de reanimar la economía y sacar al país de la espiral del paro que se agrava día a día. En gran contraste con la doctrina Bush, heredada de los años Reagan, que consideraba al Estado como generador de problemas y, por lo tanto, su talla y su acción debían reducirse al mínimo.

EE UU no sufría una crisis de este calibre desde los años 30, y esta vez la ha exportado a la economía globalizada. El sector privado está paralizado y, como en los tiempos de Roosevelt, sólo el gobierno federal puede movilizar los recursos, aunque sea pidiéndolos prestados, para volver a poner el país a trabajar. Para ello Obama necesita que el Congreso y el Senado se pongan de acuerdo sobre su plan de relanza-miento económico, cosa que parece haber conseguido ya, mientras su secretario del Tesoro prepara un nuevo plan multimillonario para desatascar el sistema bancario.

Los EE UU necesitan que ese plan de choque se apruebe pronto ya que no dispone de los estabilizadores automáticos del sistema de protección social europeo que no necesitan ser votados para que funcionen. Sin éstos, se dirigen hacia una catástrofeeconómica y social. Afortunadamente, pocas horas antes de la rueda de prensa de Obama, el Senado votaba el fin de los debates por 61 votos contra 36, rebasando por los pelos los 60 votos necesarios para la aprobación del plan gracias al voto de tres senadores republicanos con los que complementar los 58 demócratas y al precio de llevar en camilla al senador E. Kennedy a pesar de su cáncer de cerebro.

Dos enmiendas de última hora han aumentado los recursos del plan hasta los 838.000 millones de dólares (mmd). Sólo 11 mmd más que el aprobado por el Congreso, pero con importantes modificaciones como la supresión de programas sociales, especialmente en educación, la extensión de la banda ancha a regiones atrasadas y la mejora de la eficacia energética, a cambio de mayores recortes de impuestos, más al gusto de los republicanos sin cuyo voto no se podía aprobar. A pesar de ello, el plan mantiene las grandes líneas diseñadas por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, entre ellas el aumento de la duración de los subsidios de paro y la ayuda a la creación de empleos verdes.

La crisis alcanza ya a 25 millones de personas en paro o en tiempo parcial involuntario, con casi 600.000 empleos perdidos sólo en enero, un poderoso estímulo para ahorrar más discusiones de detalles. De ellos, sólo 11 millones reciben indemnizaciones de paro, que son mucho más cortas (máximo seis meses) y menos generosas (52 por ciento del salario medio del año anterior con un tope de 1.400 dólares/mes) que en España. Esta es la diferencia entre nuestro país y los EE UU, las dos economías donde lacaída del empleo está siendo mas rápida y pronunciada.

Está por ver que el plan sea suficiente dada la enorme reducción del consumo privado basado en el crédito. La magnitud del multiplicador keynesiano del plan, un concepto olvidado y hasta proscrito en estos años de triunfo del neoliberalismo, es objeto de numerosas controversias que habrá que comentar.

El otro gran giro ideológico, el mostrado en la política exterior, no es menos importante aunque afecte menos en directo a la vida de los americanos. Después de la orden ejecutiva presidencial fijando plazos para la retirada de Iraq, Obama ha tendido la mano a Irán, el otro miembro del terceto que Bush bautizó como el "eje del mal" y con el que no se podía tratar. Después de todos los intentos de aislamiento de Irán, Obama anuncia nada menos que la posibilidad de abrir relaciones diplomáticas con el régimen de los ayatolás para conducir en otra dirección su política hacia el mundo islámico en el convulso Oriente Medio. ¿Será Cuba el siguiente paso de ese cambio?

Con la caída del precio del barril de 147 a 50 dólares, una inflación que ronda el 25 por ciento y las sanciones de la ONU por el programa nuclear, que les cuesta 15.000 millones de dólares al año, la situación en Irán puede también ser explosiva. Y esto en un país que, nos guste o no, es clave para cualquier solución a los problemas de la región. Mejor hablar con él, como venimos pidiendo los europeos, que aislarlo como pretendió sin éxito Bush y ahora corrige Obama.•

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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