Los escándalos por seguimientos a políticos abren
una 'guerra civil' en el PP
UNA DE ESPÍAS
'FRATRICIDAS'
Dossieres para todos los gustos; imputaciones mutuas entre partidarios de la
lideresa y gallardonistas; una investigación abierta por la dirección del partido; la
intervención judicial que ve una "posible infracción penal" en los hechos; el trasfondo
de la batalla por el control de Caja Madrid; los personajes espiados —casi todos de la
cuerda del presidente nacional y del equipo de Gallardón—, y la lucha informativa
entre los diarios El País (que denunció la trama) y El Mundo (que sugirió la existencia
de otro aparato de espionaje, esta vez municipal), arrojan un panorama desolador,
que tiene como primera víctima al PP —que aparece como una organización, más que
dividida, enfrentada—, y a Esperanza Aguirre, cuyo desprestigio va en aumento.
Por Pedro Antonio Navarro
Nuestro electorado está absolutamente desconcertado", porque
todo este asunto "favorece al
PSOE", aseguraba la pasada semana la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ante el aluvión de noticias que, día a día van sorprendiendo a la opinión pública acerca de la supuesta trama de espionaje a políticos del Partido Popular, y que cada vez amplía la nómina de presuntos implicados y de personas espiadas.
La lideresa ha manifestado que "mi interés es transparencia y aclarar absolutamente todas las imputaciones falsas que se nos han hecho a los miembros del Gobierno de Madrid y los indicios de delito que se nos han puesto de manifiesto en estos días". Pero mientras clama por su inocencia, el trasfondo del enfrentamiento político en el seno de su partido sube cada vez más a la superficie. El presidente de su formación, Mariano Rajoy, que en principio había guardado un prudente silencio, al tener conocimiento de que una de las personas que había sido objeto de seguimiento es Alfredo Prada, relevado de su cargo de consejero de Justicia en la Comunidad madrileña tras su apoyo explícito a Rajoy como líder del partido, y hombre de su confianza –el propio Rajoy lo propuso como miembro del Comité Ejecutivo Nacional–, tomó la decisión de organizar una comisión de investigación, dirigida por la secretaria general, María Dolores de Cospedal; una comisión de investigación que iría "hasta el final" y "con todas las consecuencias".
Con esta decisión, Aguirre considera que la dirección nacional le ha retirado su apoyo. La presidenta madrileña sostiene que esta comisión sólo ha servido para "dar pábulo a que los periódicos digan que ya no confían". Por eso ha llegado a quejarse de que "soy una víctima. Políticamente van a por mí". Y, tal vez, comience a sentir cierta sensación de soledad ante las consecuencias que se pueden avecinar de este oscuro affaire. La pasada semana, la presidenta del PP en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, declaraba que la supuesta trama de espionaje que implica al PP de Madrid "afecta a toda la clase política, desprestigia a los políticos y hace especialmente daño al PP".
Las primeras informaciones habían desvelado seguimientos y elaboración de dossieres sobre el vicepresidente de la comunidad madrileña, Ignacio González, y sobre el mano derecha de Alberto Ruiz-Gallardón, Manuel Cobo, ambos en posiciones muy diferentes en el partido. Pero, a medida que las investigaciones han progresado, la nómina de espiados se ido incrementando, resultando víctimas personas del entorno del presidente nacional, Mariano Rajoy, como el ya mencionado Alfredo Prada; el histórico dirigente del partidoÁlvaro Lapuerta que, además, era el tesorero del PP en esos momentos, o la diputada autonómica María del Carmen Rodríguez.
En el entorno de Gallardón señalan a la Comunidad de Madrid, centrando la responsabilidad en Francisco Granados, consejero de Presidencia, Seguridad e Interior de Aguirre, quien, al parecer, también mantiene unas tensas relaciones con Ignacio González. A su departamento están adscritos los agentes supuestamente implicados en el espionaje.
La justicia ha decidido actuar. El titular del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid, José Sierra, ordenaba el pasado 25 de enero abrir diligencias previas ante "la posible existencia de una infracción penal". Se refiere los "distintos seguimientos parapoliciales" que habría sufrido el vicepresidente del Ejecutivo autonómico, Ignacio González. Mientras tanto, el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Manuel Moix, ha requerido a Granados que informase sobre los seguimientos ilegales sufridos por el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, y el ex consejero Alfredo Prada. El fiscal ha decidido investigar a uno de los tres equipos paralelos de Seguridad de la Consejería de Interior, el del ex policía Marcos Peña y tres ex guardias civiles, todos ellos contratados a dedo por el consejero Granados entre septiembre de 2007 y junio de 2008.
Esperanza Aguirre, en un claro contraataque, ha reconocido la existencia de dossieres acerca del vicepresidente, Ignacio González, y del consejero de Presidencia, e Interior, Francisco Granados, desde el año 2006: "En el año 2006, a mí me llamó el presidente del partido, Mariano Rajoy, para decirme que el tesorero tenía unos dossieres de los señores González y Granados. Inmediatamente, yo pedí a los señores González y Granados que hablaran con el tesorero y que aclararan cualquier asunto que pudiera parecer que pudiera poner en duda su honorabilidad. Se demostró que todo ello era falso y calumnioso". Así pues, todos ensuciados.
Para más abundamiento, la soterrada batalla entre El País –que destapó la trama– y El Mundo, que insinúa la existencia de una especie de servicios secretos del Ayuntamiento de Madrid, y que la pasada semana acusaba al actual tesorero del PP, Luis Bárcenas, de haber presionado a Alfredo Prada en 2007 para conseguir la adjudicación de la seguridad de la Ciudad de la Justicia a una empresa amiga –Serygur–.
Por si esto era poco, el principal señalado, Francisco Granados, atribuye los seguimientos y la confección de dossieres a la batalla por el control de Caja Madrid. Según él, podría estar detrás "gente muy poderosa, con muchos medios estructura y dinero. Nos habremos creado algunos enemigos".
Atentos, pues, porque las consecuencias de este oscuro asunto podrían alcanzar cotas aún no imaginadas. •
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