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Nº 816 - 5 de enero de 2009

Josep Vicent, director de orquesta

"UN TEATRO DE OPERA DEBE IMPULSAR A LOS DIRECTORES JÓVENES"

El director y percusionista valenciano Josep Vicent, nacido en Altea en 1970 acaba de dirigir en la Ópera de Leipzig La Voix Humaine, de Poulec, compartiendo escenario con la soprano española Ángeles Blancas. Vicent, titular de la World Orchestra of Jeunesses Musicales y componente del Amsterdam Percussion Group, dirigirá en el Teatro Real de Madrid y en el Liceu de Barcelona El Retablo de Maese
Pedro en las primeras semanas de 2009.

Por Ricardo Martín

La experiencia en la Ópera de Leipzig "ha sido inolvidable", explica Josep Vicent, "porque el trabajo con formaciones de ese nivel te permite introducirte en los planos más profundos del hecho interpretativo. Es un placer poder centrarte en las emociones, dando un poco por hecho el discurso técnico..."
—¿Está de acuerdo en que la ópera vive una especie de renacimiento, y –por tanto-puede convertirse en la vía de enganche entre públicos y música contemporánea?
—Sin duda, en la ópera se encuentra ese germen de interacción entre disciplinas que es tan cercano a las inquietudes de la sociedad actual, y por supuesto no hay mejor medio que la voz para trasmitir la emoción a los nuevos públicos. Al público joven le gusta descubrir nuevos lenguajes, divertirse con la experiencia de explorar las artes.
—Aunque los programadores suelen ser conservadores y eligen óperas conocidas, las cosas parecen ir evolucionando... ¿Qué caracteriza en su opinión la composición operística actual? ¿Cree que se pueden ampliar los públicos de la ópera tradicional verdiana o alemana?
—La renovación de públicos es un hecho que se ha de producir de un modo continuo, a la vez que una sociedad y sus interesescambian, aunque por desgracia queda mucho, muchísimo repertorio por programar; partituras algunas escritas hace muchos años; las óperas de Messiaen, o Adams, o Shostakovich, o Poulenc (por nombrar algunos maestros ya consagrados)...y, por supuesto, también el repertorio más moderno, que debería ocupar los espacios programáticos con la misma normalidad que Wagner o Rossini. Un teatro de ópera debe servir de caldo de cultivo para la creación, y aprovechar sus recursos para impulsar también a los compositores y directores jóvenes del país. Esa es la responsabilidad de los gestores culturales y la auténtica inversión hacia la renovación en el futuro.
Los autores operísticos españoles tienen que estrenar antes fuera de nuestro país para poder aparecer ante el público español: ¿ve usted que la situación pueda cambiar en el futuro?, ¿sucede lo mismo con toda la música contemporánea (no operística)? Son casos similares, guardando las distancias que dan las diferentes envergaduras financierasnecesarias para crear uno u otro estilo. La situación tiene que cambiar, es lo lógico, lo normal, que un Estado impulse de un modo especial a sus artistas a todos los niveles, vamos, como nos parece tan normal proyectar a un deportista o un escritor español. Eso tiene que cambiar.
—¿Qué le parece la adaptación de espacios fuera de los recintos tradicionales con el fin de atraer a un mayor número de espectadores? ¿Cambian las cosas de verdad, o se trata únicamente de cambios cosméticos?
—Me parece fantástico que la cultura se acerque a la gente de todas las maneras posibles... ¡Bravo por los intentos en ese sentido, bravo por las nuevas ideas! Ojalá sean sólo el principio de un largo camino hacia la socialización de las artes en general y la música en particular.
—¿Percibe que, en general, tanto en la ópera como en la música contemporánea se infravalora a los directores, compositores e intérpretes españoles en su propio país?
—Lo que siento es que falta valentía en las instituciones para apostar de verdad, sin medias tintas. Un músico joven necesita ser respetado, igual o más que uno que esté consagrado, para poder alcanzar un nivel de excelencia, y hacer un esfuerzo extra con nuestros espíritus creativos es, sin duda, una inversión a medio y largo plazo. Hay que dar oportunidades y ofrecer espacios donde sea posible completar la formación de nuestros músicos en un entorno profesional. A otro nivel, me encantaría ver programado a Martin i Soler en todas partes (como Mozart) o que La Vida Breve o El Amor Brujo de Falla se programaran con más asiduidad. Tenemos que construir nuestras estrellas para poder exportar nuestra cultura creativa.
—Lo normal es que la programación de los espacios escénicos esté plagada de compositores, directores, cantantes... extranjeros. En ocasiones, estos tienen menor nivel que sus colegas españoles, y se pagan fortunas por contratarles: ¿hay papanatismo en los programadores, o simplemente ignorancia?
—La competencia en términos de igualdad es perfectamente normal, pero no olvide que para llegar a ser alguien se ha de trazar un larguísimo camino. Ahí es donde se ha de hacer el esfuerzo de apoyar de verdad. Es cierto que los enormes desequilibrios en las varas de medir el salario de los artistas no benefician en absoluto el futuro de la música. Las salas necesitan llenar sus butacas, y sacrifican su creatividad atrayendo a estrellas internacionales por enormes cantidades de dinero como garantía de venta de entradas, ahorrándose el esfuerzo promocional y de marketing a que obligan los nombres menos conocidos. Así, los pocos elegidos tienen cada vez más poder, haciendo el mercado cada vez más pequeño y concentrado en manos de pocos y muy poderosos empresarios que se dedican a vetar a todos los demás. Sus cachés suben consecuente-
mente a niveles inalcanzables, porque la demanda de los mismos escasos nombres crece sin parar, de modo que los salarios normales de los músicos de orquestas son cada vez peores. Es una pescadilla que se muerde la cola.
Que sepan sus lectores que se llegan a pagar auténticas fortunas a algunos de esos nombres por dirigir una función de ópera, mientras que algunos de nuestros cantantes (de muchísimo nivel) ganan justo para pagarse su hotel. Sé de cantantes españoles cuyas versiones de Mahler tienen un altísimo nivel de excelencia, y también sé de orquestas extranjeras que de gira por España hacen el negocio del siglo.
—¿Qué le parece la coproducción internacional como fórmula para abordar proyectos operísticos de envergadura? ¿Cómo se sitúa España en esta tendencia reciente?
—La coproducción en general es una fórmula fantástica para encontrar la financiación de proyectos de gran envergadura con menor desgaste para los presupuestos de un teatro en particular. En España aplicamos cada vez más esta formula. Lo veo también como una manera de promocionar a los nuestros, que, con este sistema se pueden dar a conocer en otros teatros.
—¿Cómo ha llegado usted a dirigir la Orquesta de la Ópera de Leipzig. Pocos españoles lo han logrado , y menos a su edad...
—Tras trabajar con Cristof Meyer en su producción de Poulenc, él quedó muy satisfecho de nuestra colaboración y decidió invitarme a Leipzig, donde era director artístico.
—¿Qué destacaría de la Ópera de Leipzig en comparación con otros grandes conjuntos internacionales?.

—Su enorme tradición, la calidad de su orquesta y el tamaño de la institución.
—Después de dirigir una orquesta de la Champions League mundial, ¿qué proyectos tiene en perspectiva y cuáles le ilusionaría emprender en este momento de su carrera?
—Sigo trabajando duro para hacer crecer este proyecto maravilloso que esThe World Orchestra, es tan increíble poder trabajar con jóvenes de 50 países....estos días Jeunesses Musicales International me ha propuesto renovar mi contrato otros cinco años. Estos meses que vienen estaré en el Teatro Real y en el Liceu, con un proyecto educativo con música de Manuel de Falla. Tras Leipzig, he recibido invitaciones para dirigir en otras orquestas europeas; volveré a reencontrarme con Holanda al frente de la orquesta de la Residencia de La Haya. Y en España, Madrid, Barcelona, Oviedo, Bilbao,....muchas ilusiones....siempre en mi mente el sueño de desarrollar un proyecto moderno en mi país...pero de todas formas, veo la vida cada vez más como un camino que nos da la opción de vivir intensamente el presente y por ello intento siempre sacarle todo su jugo. •

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