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SUPLEMENTO ESPECIAL

Nº 815 -22 de diciembre de 2008

 

Los pilares del milagro español: construcción, empleo, consumo y endeudamiento acusan la crisis financiera

LOS TRES 'LUSTROS PRODIGIOSOS' PASAN FACTURA





Sólo en los últimos diez ejercicios de la serie reciente del Producto Interior Bruto se ha producido un crecimiento medio del 3,6 por ciento y se ha superado el billón de euros. Nuestro país ha aprovechado la caída de los tipos de interés para avanzar por encima de la media europea y la inyección de fondos estructurales, que alcanza los 150.000 millones de euros. El cambio más visible se ha registrado en el aumento de población, con la llegada masiva de inmigrantes, hasta los 46 millones de personas, al que ha seguido una evolución paralela del empleo con la creación de más de seis millones de puestos de trabajo en los últimos doce años. La racha triunfal del PIB, asentada en un modelo de alto crecimiento y fácil rentabilidad, ha desembocado en recesión.

Por Ana Sánchez Arjona

pocos días después de su victoria en las elecciones generales del pasado mes de marzo, José Luis Rodríguez Zapatero expresó un deseo: que el actual escenario de crisis económica durara poco y se fijó, además, una meta: el tránsito el hacia " un nuevo modelo de crecimiento sostenible y de mayor calidad".

Sin embargo, al cierre del año, el deseo tiene muy pocas probabilidades de cumplirse y la meta parece estar lejos de alcanzarse. Los pronósticos no son nada halagüeños con respecto a la situación coyuntural. Además, el cambio de modelo productivo se atasca en los circuitos del diálogo social entre Gobierno, sindicatos y empresarios.

Pero, realmente ¿qué ha pasado desde aquella etapa calificada como el 'milagro económico español' entre 1994 y 2007?. ¿Se puede decir que disfrutamos entonces de los mejores años de nuestra economía y ahora de una crisis que deriva claramente en recesión? ¿O se podría pensar que el origen de nuestra crisis está, precisamente, en ese milagro económico?

Parece que el propio modelo español de los últimos 10 ó 12 años, según los expertos, es la primera causa que justifica nuestra actual situación. ¿Se basaba en la innovación?. ¿Buscaba la productividad y competitividad de nuestras empresas?. ¿Qué sectores eran referencia en nuestro país?. Lo cierto es que se trataba de un modelo asentado única y exclusivamente en el ladrillo, de rápido crecimiento y alta rentabilidad.

En este contexto y pese a los desequilibrios estructurales de crecimiento, España ha sido una referencia clara para, por ejemplo, la docena de países que se han incorporado la UE desde 2004 y la 'envidia' de muchos de sus socios comunitarios.

Uno de los indicadores más relevantes de su éxito económico es la convergencia en renta per cápita. En 1985 era equivalente al 62% de la Europa de los Quince. En 2006 había ascendido hasta el 90%. Tras las recientes ampliaciones, nuestro país se ha situado por encima de la renta media, 100,7%, de los Veintisiete, según los datos de Eurostat.

El PIB alcanza el billón. Desde su adhesión a la Comunidad Europea en 1986 y hasta 2013, España habrá sido el mayor receptor de fondos comunitarios, por encima de los 150.000 millones de euros, lo que ha supuesto un factor clave de nuestra modernización y crecimiento.

En este sentido el cambio más visible se ha registrado en el aumento de población que ha crecido en más de seis millones de personas, hasta superar los 46 millones, al que ha seguido una evolución paralela en el empleo. El país se convirtió en destino preferido de los inmigrantes que lo han elegido, en muchos de los casos, para quedarse e iniciar una nueva vida.

La transformación ha sido especialmente relevante durante la última década. En 1995, España tenía la tasa de ocupación más baja del continente: sólo 47 personas de cada cien de entre 15 y 64 años. En 2006 subió al 73,3% prácticamente la misma que la zona euro y por encima de Francia, Bélgica e Italia. En 2007, nuestra economía generó el 40% del empleo de los países del euro. En números redondos se han creado más de seis millones de puestos de trabajo en los últimos doce años.

Hemos asistido a casi tres lustros 'prodigiosos'. Sólo en los últimos diez ejercicios de la serie reciente del Producto Interior Bruto español se ha producido un crecimiento medio cercano al 3,6% y se ha superado el billón de euros.

Se ha aprovechado la caída de los tipos de interés para avanzar por encima de la media europea empujados, además, por la demanda interna y la financiación exterior, ahora estrangulada por la falta de liquidez. La expansiva actividad de la economía española se ha sustentado con el ahorro que nos llegaba desde fuera de nuestras fronteras en una proporción no conocida en la historia reciente que ha superado el 11% del PIB. El descenso hasta mínimos históricos del precio del dinero ha disparado las inversiones en bienes inmuebles, cuyo precio ha estado aumentando vertiginosamente. Las familias, por tanto, han elevado su nivel de endeudamiento y han pasado a ser especialmente vulnerables al cambio producido, hasta iniciado el otoño, en el sesgo de la política monetaria.

Inmigración: el 50% del crecimiento. La entrada de inmigrantes en España ha sido, sin duda, el fenómeno socioeconómico más importante de los últimos años. Según un los datos recogidos en un informe elaborado por la Oficina Económica del Gobierno, el efecto de la inmigración sobre el crecimiento supone el 30% del PIB en la última década y este porcentaje se eleva hasta el 50% si el análisis se limita a los últimos cinco años. Además, la llegada de trabajadores extranjeros ha tenido consecuencias indirectas de especial relevancia. Por ejemplo, el aumento de la actividad laboral femenina en un 12% durante la última década. Se calcula también que los inmigrantes han reducido la tasa de desempleo estructural en casi tres puntos entre 2000 y 2007.

Otra de las implicaciones es el alivio que puede suponer para las pensiones, aunque, de acuerdo con las estimaciones disponibles, este alivio será temporal, ya que la estructura por edades de la población inmigrante es muy semejante a la de la población nacional. En cuanto a las cuentas públicas, según los datos que maneja Economía y Hacienda, los inmigrantes han contribuido favorablemente al superávit del Estado, frente a la idea y a la polémica generada por "si reciben más de lo que aportan". Las estimaciones indican que casi un tercio del superávit en 2006 se debió directamente a este colectivo.

Vértigo constructor. Nadie pone en duda que la evolución de la economía española ha estado marcada por el crecimiento del sector de la construcción y, en concreto, de la edificación residencial. De acuerdo con los datos de Contabilidad Nacional, el peso de la construcción sobre el PIB en términos reales ha pasado del 13,5% promedio de los años 1985-1995, al 18 % en 2006. Las patronales elevan este porcentaje hasta el 20% si se tiene en cuenta los efectos colaterales de las empresas ligadas a esta actividad.

Razones económicas sobran para explicar lo que ha ocurrido en el sector tanto estructural como coyunturalmente, además del importante aumento de la población. Fundamental fue la entrada de España en la Unión Económica y Monetaria por la que se benefició del importante recorte de los tipos de interés, más de catorce puntos porcentuales desde 1996 . En segundo lugar, la inversión extranjera en inmuebles se multiplico por seis respecto a principios de los años noventa y, por último, el incremento de la capacidad de gasto de los hogares ha sido especialmente significativo.

Este 'boom inmobiliario' ha estado acompañado por una fuerte revalorización de los precios que han crecido por encima del 60% en términos reales. Se trataba de una situación efectiva de alta sobrevaloración que concluyó con el tan anunciado y temido estallido de la 'burbuja inmobiliaria'. Este sector se ha convertido en el canal de transmisión que ha hecho que la economía española acuse especialmente el endurecimiento de las condiciones monetarias y crediticias, tras el estallido de la crisis financiera en Estados Unidos, cuyo origen está en las hipotecas subprime, que ha contagiado a todo el sistema mundial.
El más selectivo y riguroso acceso al crédito deprime el consumo familiar que crece a menor ritmo interanual desde 2003, debilitado por el creciente endeudamiento y por la caída del empleo.

Los síntomas de agotamiento se hacen evidentes a partir de la segunda mitad de 2007. La evolución favorable del mercado de trabajo se empezó a deteriorar y las tendencias descendentes del ciclo económico a finales de año, tomaron forma.

Los cuatro pilares del milagro español, construcción, empleo, consumo privado y endeudamiento creciente no han aguantado las turbulencias de la crisis mundial y, por supuesto, de las debilidades estructurales internas.

Los últimos datos apunta que España ya está inmersa en números rojos. Las recientes cifras de desempleo conocidas colocan a nuestra economía al borde de los tres millones de parados y las estimaciones de los diferentes servicios de estudios apuntan a un dato en torno del 17%-18% de la población activa el año que viene, lo que supone una cifra cercana a los 4 millones de parados.

La OCDE y el FMI señalan que la crisis será especialmente agresiva con la economía española y, por si quedaba alguna duda, el Banco de España asegura que la contracción será en el cuarto trimestre más abrupta de lo que lo fue en el tercero, cuando cayó un 0,2%, con lo que se puede asegurar que España está ya técnicamente en recesión.

La crisis va ayudar, al menos, a curar algunos de los desequilibrios acumulados en la última década de crecimiento. El déficit por cuenta corriente frente al exterior se reducirá hasta el entorno del 6%. Un porcentaje elevado, pero que aleja a la economía nacional del lugar que junto con Estados Unidos compartía en este capítulo de endeudamiento. Los factores que van a contribuir a reducir el dato son la caída de la inversión y el consumo interno. La necesidad de financiación será menor, al igual que el volumen de importaciones. El sector exterior tendrá una aportación positiva al PIB por primera vez desde 1993. •


El podio, para los servicios
El producto interior bruto español ha crecido un 60% desde 1995 hasta el tercer trimestre de 2008. Ha habido, no obstante, sectores que no han tenido el mismo comportamiento, el mismo dinamismo que el conjunto de la economía como la agricultura, las ramas energéticas y la industria. Sin embargo junto al boom que ha experimentado la construcción, con una evolución disparada del 70%, se sitúan los servicios, con un crecimiento del 63%, lo que le coloca en el primer lugar del podium como el gran sector de nuestro país. Los servicios ha mantenido el peso relativo en aportación al PIB. Han sido y siguen siendo una fuente importante de creación de empleo, suponen a día de hoy el 66% del total y, en estos últimos años, junto al sector de la construcción, han llegado a concentrar el 80% de la mano de obra.

El turismo, se mantiene como nuestra gran fuente de ingresos y seguimos siendo la segunda potencia mundial después de Francia aunque estemos inmersos en un proceso difícil de cambio de modelo para dejar de ser el histórico destino de sol y playa y alcanzar mayor competitividad en otros nichos de mercado. La situación decrisis pasa factura a sus principales ratios e incluso Exceltur, patronal del sector, estima una aportación negativa del 0,1°/o No va a ser, en estas circunstancias, un factor de crecimiento, sino un sector que va a permitir con las rentas que genera mantener la actividad y el nivel de empleo, una aportación nada despreciable dada las circunstancias.

Es evidente es que la terciarización de la economía española, enlínea con el resto de países desarrollados, ha pasado factura al sector de agricultura, pesca y ganadería de nuestro país que ha se ha dejado casi dos puntos a lo largo de estos últimos doce años, en su ponderación sobre el PIB. La apertura al exterior ha restado importancia al sector junto a las políticas agrarias europeas, culpables, en cierta medida, de su deterioro. Además su productividad ha dejado de estar al mismo nivel que la del resto
de los sectores. El empleo es también un claro síntoma del lugar que ha ocupado y ocupa actualmente. En 1995 daba trabajo a 370.000 personas y en 2007 no apenas sobrepasa las 340.000.

En el caso de la industria, la reconversión fue fundamental y determinante para este sector sobre el que la economía española estaba muy centrada. A finales de los setenta fue cuando se inició un agresivo proceso de reestructuración. La internacionalización española también le ha pasado factura, hay mucha más competencia y los márgenes de actuación están mucho más delimitados que antes. Sin embargo, en el caso español, los beneficios obtenidos inicialmente han permitido que se mantenga un importante sector de automoción. Lo que está por ver es si es sostenible a largo plazo.

También la evolución experimentada por el sector energético se ha visto afectada por el proceso de terciarización. En términos de empleo el sector empleaba en 1995 a 137.000 personas un número se ha reducido hasta las 127.000 en 2007. Además ha ido perdiendo peso en términos de PIB desde el 3,6% hasta el 2,3.

Aportación del turismo al crecimiento económico



CC AA, crecimiento ininterrumpido desde 1996
Un reciente estudio elaborado por la fundación de cajas de ahorro, FUNCAS, señala que en los últimos 25 años, las desigualdades de riqueza entre comunidades autónomas se han reducido, gracias a esa racha triunfal del PIB nacional que se ha plasmado en un crecimiento ininterrumpido desde 1996. Cinco de ellas superan con creces la renta del conjunto de la UE: Madrid, Navarra, País Vasco, Aragón y Cataluña, con porcentajes que oscilan entre el 120% y el 102%.

Y es que, la aproximación general de España a la riqueza media continental ha quedado reflejada en el desarrollo autonómico. Las disparidades se han reducido notablemente desde 1980, fecha que coincide, aproximadamente, con el arranque del Estado de las autonomías. De esta manera, las que más han mejorado han sido Extremadura y Asturias, mientras que las más riqueza relativa han perdido han sido La Rioja, Canarias y Murcia. Aunque parezca paradójico, la región que más éxito han cosechado en este cuarto de siglo, es la que ocupa el última lugar en convergencia interior. La comunidad extremeña tenía en 2007 el 67% de la renta per cápita media española pero es que en 1980 apenas llegaba al 50%.

En cuanto al PIB, con un crecimiento nacional medio que se aproxima al 3,5%, Murcia supera ampliamente el porcentaje con el 4,14% de media anual, mientras quehan crecido holgadamente por encima del 3,2% Madrid y Cantabria. Las dos Castillas, Galicia y Asturias no han llegado al 3%. El resto han mantenido tasas medias en los tres puntos.

La estructura productiva de las diferentes comunidades autónomas es similar a la española, y se ha caracterizado por el predominio del sector servicios. En prácticamente todas ellas supone más del 50% de la actividad regional. No obstante, se manifiesta con especial intensidad en Baleares donde representa el 80%, en Canarias el 78% y en Madrid el 75%.

En el caso de la industria se localiza especialmente en Cataluña con una cuota del 24%, al mismo tiempo que el sector de la construcción tiene mayor presencia en Andalucía, Valencia y Madrid, con algo más del 16% en el caso de las tres comunidades. Sin embargo, los sectores como el agrícola y ganadero, se desarrollan especialmente en Andalucía y las dos Castillas.

Respecto al futuro, la pérdida de los fondos europeos y la creciente descentralización y reparto de las inversiones públicas en función de PIB o de población, hará difícil la continuidad del proceso de convergencia. Es más, la abruta caída de la construcción y la escalada del desempleo van a suponer, según todas las estimaciones, crecimientos negativos . Sin embargo, los 17 presupuestos regionales para 2009, configurados hace poco más de dos meses, olvidan el proceso de recesión: prevén evolución positiva del PIB, incrementan el gasto personal y recortan las inversiones.



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