Cayo Lara, coordinador general de IU
"SE DAN LAS
CONDICIONES PARA UNA
HUELGA GENERAL"
El nuevo coordinador de Izquierda Unida se define a sí mismo como "un hombre
sencillo". Forjado en el movimiento agrario, estuvo al frente de la coalición de
izquierda en Castilla-La Mancha durante ocho años. De talante dialogante, encabezó
la candidatura propuesta por el PCE, y su llegada a la Coordinación anuncia cambios
en la línea política, aunque desde una dirección plural y consensuada.
Por Pedro Antonio Navarro
Cómo lleva el salto a la Coordinación General desde Castilla-La Mancha?
—Ha sido incluso una sorpresa para mí. En mis previsiones no estaba. No soy una persona con ambiciones políticas. Lo que ha venido es mucha responsabilidad y me siento un poco abrumado. Es un mudo nuevo; debo cambiar el chip de la política regional para empezar a enviar mensajes de ámbito nacional. Ahora me tengo que situar, situar a los equipos en la 'casa', la gente que va a elaborar, la que va a dar la idea colectiva de la organización, que es lo fundamental; y yo, junto con otros compañeros y compañeras, trataremos de trasladarla a la opinión pública. Pero, en segundo lugar, estoy esperanzado, porque hemos conseguido algo muy importante en este proceso. Esta organización estaba muy mal, hemos tenido muchas heridas, enfrentamiento interno. Ha sido una situación de sangría muy negativa. Me considero una persona de talante conciliador y, en ese sentido estoy contento, porque hubo una opinión prácticamente unánime en la pasada Asamblea General que nos comunicaba que había que entenderse, llegar a una síntesis. No soy ningún intelectual de la política, soy un hombre del campo, un tipo corriente y, por tanto, me he sentido abrumado con esto. Pero aprenderemos.
¿Cómo surge la 'opción' Cayo Lara?
—Yo he mantenido en mi vida sindical y política una actitud acorde con unos valores. Cuando me miro al espejo me gusta reconocerme, sería terrorífico si un día no me reconozco. Mi trayectoria está en el movimiento campesino, de estar en la coordinación de COAG (Coordinadora de Organizaciones Agrarias) cuando la constituimos, en 1977, y hasta 1987. En los ocho años que he sido coordinador regional de IU en Castilla-La Mancha he cohesionado mucho la organización; no ha habido 'familias', poníamos de acuerdo las distintas concepciones. Creo que todo eso ha configurado una idea en el Partido Comunista de España y en otra gente que no es del PCE para que, en un momento determinado hayan pensado que yo podía ser una persona que concitara en este momento concreto de IU –no sé si de transición o no- la posibilidad de buscar una convergencia de los distintos pensamientos.
—¿Es un hombre de consenso?
—Sí, no cabe ninguna duda; eso está en mi práctica cotidiana. Es una forma de ser y, además, creo en ello. Hay un principioque para mí no es discutible, lo que quieren los ciudadanos de una fuerza política es que lleves un mensaje y que tengas una propuesta. Los ciudadanos no quieren saber de tus riñas internas, si hay o no corrientes; quieren que tú hagas una propuesta sobre los problemas que tienen. Esa propuesta no puede tener credibilidad si tú estás en una organización dividida, enfrentada. Remediar esto no implica uniformidad ni monolitismo. En este sentido, me considero una persona de consenso. Me llamaron de varias federaciones para pedirme que diera el paso; el PCE me pidió que encabezara la lista, me presionaron muchísimo. Pero nadie es imprescindible; te mueres mañana y la vida sigue. Lo consulté con la familia y tiramos para adelante.
—¿Cómo se había llegado a una situación tan deteriorada en IU?
—Hay dos elementos. Uno es que no se dejó que esta fuerza política pudiera despegar. Los poderes políticos y económicos no han permitido que hubiera una alternativa de izquierda. Cuando llegamos a los 2.600.000 votos con la coordinación de Julio Anguita –que considero que fue el periodo más importante de esta organización, con un proyecto nítido de una organización autónoma e independiente- nos 'montaron' aquel tema de la "pinza", que aunque tenía una mínima parte de veracidad, lo tiene mucho más de falacia. Anguita decía: "Díganme ustedes, en todos los debates parlamentarios que hemos mantenido, si IU no estuvo permanentemente haciendo una propuesta por la izquierda y una mano tendida al PSOE –que era el aliado más cercano que podíamos tener- para configurar un proyecto por la izquierda. Dónde está la "pinza", dónde están las supuestas alianzas que le pedimos al Partido Popular". Finalmente, se produjo la crisis de 1998 cuando, prácticamente media organización se marchó al PSOE. Decían que era un puente entre la socialdemocracia y una izquierda más nítida, pero no hubo ningún puente, simplemente, muchos se pasaron a medrar, a vivir mejor, a tener un salario alto y a estar un poquito cerca de las inmediaciones del poder. Eso hizo mucho daño. Durante el periodo de Gaspar Llamazares, probablemente por huir de las identificaciones con la "pinza", nos hemos ubicado demasiado cerca del PSOE en determinadas políticas. Y con el PSOE no tenemos que tener ni distancia ni cercanía; en lo concreto nos debemos entender como' con cualquier otra fuerza política o movimiento social. En lo que coincidimos, entendámonos, y en lo que no, mantengamos nuestra línea y que el votante vea que vamos a seguir incidiendo.
—¿Y también les ha perjudicado el voto útil?
—En 2004 se daba la situación de que había que desalojar al PP del Gobierno. Era una necesidad vital para la democracia, para este país. Ahí se produjo un reflujo del voto útil impresionante. El PSOE no ganó laselecciones: se echó al Gobierno del Partido Popular, y para eso había que votar al PSOE, porque este país no podía aguantar el ritmo de crispación, la participación en una invasión ilegal y otras muchas cosas. Desde entonces, en esta organización ha habido como dos mitades. Creo que Llamazares no tuvo el acierto de haber sido capaz de consensuar una dirección colectiva, y configuró un 'gobierno' y una 'oposición'; ha sido coordinador más de una parte que del conjunto. Se le criticó desde el PCE y otros sectores que había una excesiva sumisión, especialmente ante las políticas económicas del Partido Socialista en los dos últimos años.
Una fuerza de izquierdas no puede votar unos Presupuestos Generales del Estado con 19.000 millones de euros de superávit; no es defendible en un país en el que estamos siete puntos del PIB por debajo de la media europea en gasto social. La Ley electoral también nos perjudica de modo escandaloso, y fue una decisión política contra el entonces PCE, como han reconocido recientemente el ya fallecido ex presidente Leopoldo Calvo Sotelo, y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Han sido 30 años castigando a los votantes del PCE y luego de IU. Ahora tenemos 960.000 votos y dos diputados. Nos cuesta cada escaño medio millón de votos, mientras que al PSOE y al PP les cuesta 60.000. En estos momentos deberíamos tener 14 escaños en el Congreso por el número de nuestros votos. Esta es la cuestión: el voto de mi vecino que vota a PP o a PSOE vale ocho veces más que el mío. Esto, además de constituir una estafa a la democracia representativa provoca que muchos ciudadanos piensen: "si voto y no conseguimos escaño, me voy desanimando".
—Una de sus prioridades será, entonces, exigir el cambio de la Ley Electoral.
—Estamos en ello, pero estamos llamando a la puerta donde parece que no vive nadie.
—¿Cuál va a ser la 'receta' a aplicar por esta nueva dirección?
—Serenar el interno. Creo que hemos dado el primer paso. Nuestro debate de problemas internos acaba, y empieza el debate sobre la política. Y eso ya empezó en la Asamblea, en la que aprobamos un documento –la "Declaración de Rivas"- por mayoría aplastante. Es el documento que nos pone en la política. También acabamos de aprobar en el Consejo Político Federal otro documento titulado "La alternativa ante la crisis del capitalismo" que, en definitiva es la Declaración de Rivas más concretada. Hemos elaborado un tríptico con el que vamos a salir a la calle, con el análisis de la crisis y las propuestas alternativas y concretas que planteamos. Hemos convocado mil actos en la calle para presentar nuestra visión de la crisis profunda del sistema capitalista, sin ambages. El 'edificio' se ha caído y la gente está despistada. Lo grave es que 200.000 se han ido al paro en octubre y otra vez en noviembre: cuando lleguen los datos de diciembre ya estaremos muy por encima de los tres millones de desempleados. Hay una situación sangrante, las hipotecas que no se pueden pagar, 11 millones de salarios inferiores a mil euros. En estos 15 años de riqueza se ha hecho una distribución injusta.
—Ya ha comentado más de una vez que considera que existen razones objetivas para convocar una huelga general.
—Sí. Lo dije en el Consejo Político y lo mantengo. Si el Gobierno de Rodríguez Zapatero continúa con sus intentos de salida de la crisis de un modo tan negativo para los intereses de los trabajadores, se dan las condiciones para que haya una reflexión profunda en los sindicatos y puedan ir a la convocatoria de una huelga general. Nosotros no convocamos, lo hacen los sindicatos. 171.000 trabajadores en noviembre, y 187.000 en octubre se fueron al paro, más lo que suceda en diciembre. Ante esto el Gobierno ha adoptado alguna medida que hemos calificado como positiva, como los 8.000 millones a los ayuntamientos para generar empleo –a pesar de haberlo hecho precipitadamente-, pero salvando esto, la medida más gruesa ha consistido en poner 50.000 millones de euros encima de la mesa para hacerle préstamos a la banca con el dinero de todos los ciudadanos para que la banca 'decida' –Solbes dijo que "nosotros no tenemos que decir a la banca en qué tiene que invertir su dinero"-. Eso es una barbaridad, es una borriquería que lo diga un ministro de Economía de un partido que se llama "socialista". Si los banqueros son los que han creado un problema gravísimo, metiendo el dinero de la gente en 'agujeros negros', en hipotecas que eran basura, ahora viene este ministro a decir que nos saca el dinero del bolsillo para dárselo a estos señores para que tapen sus agujeros negros. Creo no hace falta ser de derechas ni de izquierdas para decir que esto es una aberración desde el punto de vista económico. Nosotros planteamos que los 50.000 millones tienen que salir de la banca pública (tenemos el ICO, pero tenemos que potenciar una banca pública de una vez por todas), y deben ser controlados y supervisados por el Estado, y debe ir a cubrir las necesidades de los parados, a I+D, a la economía productiva y a la pequeña y mediana empresa que está asfixiada sin financiación. •
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