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Internacional
Nº 815
22/12/2007
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El Elíseo quiere más protagonismo en la escena internacional


SARKOZY, MÁS ALLÁ DE LA PRESIDENCIA EUROPEA

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, deja el cargo semestral de presidente del Consejo Europeo el primer día de 2009. Le sustituirá el primer ministro checo, Mirek Topolanek. El euroescepticismo de las autoridades checas invita a echar de menos el voluntarismo europeista del jefe de Estado galo. Sin embargo, el fin de la presidencia francesa de la UE no implicará que Sarkozy se olvide de la escena internacional.


Por Salvador Martínez (París)

Nicolas Sarkozy dice "no lamentar nada" de su experiencia como presidente semestral de la UE. El jefe de Estado galo estaba exultante en la presentación de los resultados de la última cumbre del Consejo Europeo celebrada el segundo fin de semana de este mes. De hecho, no tuvo ningún reparo en declarar que la última cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que él ha presidido "entrará en la historia de Europa". Siguiendo los términos de Sarkozy, en dicha cita se presentó "el histórico acuerdo" de los 27 Estados miembros sobre el plan de protección del clima y de reducción de emisiones de CO2, la continuación del proceso de ratificación del Tratado de Lisboa –al que se refiere como "su hijo"– además de constatarse la unánime convicción de los líderes europeos según la cual hay que "tomar medidas excepcionales" frente a la "excepcional situación" de crisis económica internacional.

El azar ha querido que la política europea haya vivido al trepidante ritmo de las crisis internacionales durante el segundo semestre del año. Esta cadencia no tiene nada que ver con el carácter protocolario con el que se asumía en París hace poco más seis meses que los dosieres a desarrollar por la presidencia gala del Consejo Europeo eran: las políticas de Energía, de Defensa, de Inmigración, Agrícola y de Seguridad Alimentaría. Estos asuntos han quedado tan relegados a un segundo plano como que Nicolas Sarkozy apenas mencionó las cuestiones de inmigración y defensa el pasado martes en su última intervención ante el Parlamento Europeo.

El conflicto entre Rusia y Georgia del pasado mes de agosto y las crisis financiera y económica han restado visibilidad a cuanto el ejecutivo galo preveía realizar en su presidencia de la UE. Pero los cambios de agenda han favorecido a Nicolas Sarkozy, un político al que le encanta hacer política, sobre todo cuando es necesaria. En calidad de presidente de la UE, el jefe de Estado francés ha sabido imponer a los socios europeos su frenético ritmo de actividad política para hacer frente a las crisis que amenaza la estabilidad política y económica de Europa.

Esta circunstancia ha despertado elogios inusitados. Según Arnaud Leparmentier, del diario de centro-izquierda Le Monde, Europa ha vivido al ritmo "del temperamento de Nicolas Sarkozy", lo que ha obligado a "modificar el calendario y multiplicar las reuniones". En suma, para Leparmentier, Sarkozy ha sacado a Europa de una "espiral negativa" que impedía a los líderes europeos creer en las posibilidades de la UE. Incluso Libération, lo más parecido a un diario de oposición en Francia, tiraba su reverencia al presidente francés a través del cronista político, Alain Duhamel. "Que nos guste Sarkozy o no, hay que reconocer lo que ha ocurrido: cuando el sistema bancario se ha puesto a vacilar y las finanzas se hundían, el presidente francés ha tomado el control del navío europeo", escribía recientemente Duhamel, quien consideraba además la mediación del presidente francés entre rusos y georgianos en Osetia del Sur como "la primera vez en la que Europa ha aparecido como un verdadero actor político decisivo a nivel internacional".

Las buenas sensaciones que ha despertado Sarkozy al frente de la UE no sólo se limitan a Francia. De ello da cuenta que la publicación gala compuesta por artículos de la prensa internacional, Le Courrier International, presentase este otoño una edición con un especial sobre "Super Sarko", un líder por el que "el mundo envidia" a Francia. Desde un punto de vista político, el eurodiputado del PSOE, Alejandro Cercas, hace un balance positivo de la presidencia francesa de la UE. Según confiaba recientemente a EL SiGLO: "en estos seis meses, Sarkozy ha logrado poner a Europa a la altura de las crisis internacionales y ha estado de igual a igual con el presidente saliente de EE UU, George W. Bush".

Sin embargo, constata el eurodiputado del PSOE, "Europa no está construida todavía y aún estamos lejos de ser el referente universal". Precisamente porque la construcción europea continúa, en el palacio del Elíseo aseguran a este semanario que París "va a seguir jugando un papel motor en la UF", independientemente de que Francia presida o no el Consejo Europeo. "Francia es un país fundador de Europa y el hecho de no presidir la UE no va a hacerle perder su capacidad de impulsión y de proposición", señalan desde el palacio presidencial.

Es más, durante la presidencia gala del Consejo Europeo Nicolas Sarkozy se ha asegurado de permanecer en primera línea a nivel internacional al ocupar durante los próximos seis meses junto al presidente egipcio, Hosni Moubarak, la copresidencia de la Unión por el Mediterráneo. También es previsible que el presidente francés vuelva a la carga con propuestas que revolucionen el establishment europeo. Aunque ahora parezca caduca la idea del presidente francés de ponerse al frente de un Eurogrupo formado por los líderes de la zona euro en detrimento del grupo de ministros de Finanzas que se reúnen entorno al luxemburgués Jean-Claude Juncker, no sería extraño ver a Sarkozy hacer campaña para sustituir al primer ministro de Luxemburgo por Didier Reynders, ministro belga de Finanzas y a quien el Elíseo cree "más brillante", según se ha filtrado a la prensa.

Una vez terminada la presidencia de la UE, Francia se apoyará en los países cuyos dirigentes han mostrado mayor proximidad al jefe de Estado galo. Entre ellos se encuentra, porsupuesto, España. Sarkozy y José Luis Rodríguez Zapatero "se entienden muy bien, existe una gran proximidad y una gran cooperación, especialmente en materia antiterrorista", dicen las fuentes del Elíseo consultadas por EL SIGLO. "Con el Reino Unido, ocurre lo mismo", añaden en el palacio presidencial, donde pese a las afinidades que despiertan Londres y Madrid se hace hincapié en que para hacer frente a la crisis, en Europa "hay que hablar con todo el mundo porque la respuesta ha de ser coordinada".

Nicolas Sarkozy repitió esta idea el pasado martes en su alocución ante la Eurocámara. Para él, "Europa debe ser fuerte" pero esa fuerza "no existe sin la unión de los europeos". Estos principios han justificado una incesante actividad diplomática gala que no está exenta de efectos políticos en el territorio francés. Hasta un 56 por ciento de los ciudadanos franceses se dicen "satisfechos" con la presidencia francesa de la UE, según un sondeo del instituto de estudios de opinión BVA publicado la semana pasada. "El papel de presidente de la UE ha dado a Sarkozy una dimensión internacional que se traduce en una mejora de su imagen", asegura Federico Vacas, director de estudios de opinión en Iapsos. En consecuencia, Nicolas Sarkozy ha dejado de caracterizarse por su impopularidad.

En noviembre, los sondeos del instituto Iapsos llegaron a conceder al presidente francés un 49 por ciento de opiniones favorables. Sin embargo, esos sondeos también han registrado la misma cifra de opiniones desfavorables. Esta igualdad, según la interpretación de Vacas, traduce la "inquietud" de la sociedad francesa frente a la crisis. "El gran interrogante es cómo el ejecutivo va a desarrollar el relanzamiento de la economía", asegura el analista de IPSOS.

Por lo pronto, Sarkozy acaba de nombrar al muy sarkozysta Patrick Devedjian, quien fuera hasta ahora secretario general del partido presidencial la Unión por un Movimiento Popular, al frente de un nuevo ministerio cuya función es relanzar la economía gala con un plan valorado en 26.000 millones de euros. Sin duda, este reciente nombramiento tiene mucho que ver con el "activismo" que es natural al presidente francés y al que ha acostumbrado a Europa. Sin embargo, éste puede no ser suficiente para calmar la inquietud de una sociedad gala en la que el paro se ha convertido en la mayor preocupación.

En Francia como en Europa, "las propuestas y el activismo son bien recibidos, pero si la crisis se traduce en una situación negativa para los ciudadanos, pasaremos a una etapa de descontento", mantiene Vacas. Está por ver si el euroescepticismo del sucesor de Sarkozy al frente de la UE, el jefe de Gobierno checo MirekTopolanek, es compatible con sacar a Europa de la situación social que puede generar la actual crisis económica. Ante esta cuestión, Sarkozy responde con optimismo. "Confío en que la presidencia de la República Checa asegurará la continuación de la presidencia francesa", concluyó la semana pasada ante los eurodiputados. •

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