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Poner de pie lo que está patas arriba
por Santiago Carrillo
S¡ un extraterrestre inteligente aterrizase uno de
estos días en nuestro planeta y dedicase algún tiempo a leer o escuchar nuestros medios de comunicación para conocer el funcionamiento de nuestras sociedades, llegaría fácilmente a la conclusión de que el mundo en que vivimos está patas arriba, necesitado de que se le dé la vuelta para ponerle en pie O de que los humanos vivimos en un inmenso manicomio, en el que hasta los médicos han enloquecido.
¿Cuántos miles de millones se ha gastado en la guerra de Iraq y en la de Afganistán? ¿Cuánto dinero se invierte en armamento y en su sofisticación para hacerlo más mortífero?
¿Por qué se mantienen la multitud de bases militares de que está sembrando el planeta?
¿Por qué han muerto cientos de miles de iraquíes y afganos? ¿Para qué se han sacrificado miles de vidas de soldados norteamericanos? ¿Por qué cada día hay más terrorismo?
¿Por qué a los gobiernos que se supone rigen la vida de un país les está vedado regular el mercado, las finanzas, como si la economía fuera un asunto de una pequeña minoría de grandes financieros y empresarios, aunque dependen de ella las condiciones de vida de todos y cada uno de los ciudadanos y el trabajo de estos sea el factor decisivo para el desarrollo?
¿Y por qué hay media Humanidad que carece de alimentos, agua, medicamentos, escuelas y vivienda, millones de niños que mueren de hambre, millones de personas que tienen que emigrar, arriesgando para poder vivir?
Pero además resulta que en el mundo actual existe un poder financiero que actúa por su cuenta,tiene sus propias instituciones ¡y hasta! dispone de territorios propios –los paraísos fiscales– en el que no impera más que su ley, un poder financiero bien blindado, que manda, en definitiva, sobre todo. Me pregunto si en esas condiciones puede hablarse de democracia seriamente.
Y lo más grave es que las clases dirigentes muestran su incapacidad para poner fin a tales desbarajustes; lo peor es que mucha gente termina refugiándose en la creencia de que lo normal es precisamente este desbarajuste, que hay que acomodarse a él y que cada cual debe arreglárselas como pueda, sin preocuparse de los demás.
Desde hace años, la palabra cambio se ha puesto de moda. En muchos países, partidos políticos han ido a las elecciones enarbolando la bandera del cambio. Esto es lo que ha hecho en EE UU Barack Obama. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos todo ha sido igual. Los deseos de cambio han sido defraudados.
¿En qué consistiría cambiar el mundo? Decirlo es fácil. Son necesarias pocas palabras. En poner de pie lo que está cabeza abajo. Esto significa transformar un sistema complejo y universal.
Habría que rescatar el poder financiero de manos de un pequeño grupo de familias. Las finanzas deberían estar en poder de los Estados para hacer que la economía sea dirigida por la política y crezca de manera sostenible y racional. Esto podría hacerse sin tocar a la propiedad de las empresas de economía productiva.
Lo que no sería una refundación del capitalismo, sino una profunda reforma de éste, que pusiese fin a las catástrofes que produce la mano invisible del mercado.
Seguiría habiendo mercado, pero regulado por los poderes políticos.
Mucha gente, que no es marxista, incluso entre los conservadores inteligentes, saben ya que el capitalismo no tiene solución a los problemas del mundo moderno y que es necesaria otra cosa.
Y otra cosa es el predominio de lo público, lo colectivo, sobre lo privado.•
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