Lo mejor del annus horribilis 2008 es que se va; lo malo es
que 2009 puede ser peor… si le dejamos. Lo de "feliz año negro" con
el que titulo mi último comentario del año no lo digo sólo por el color de
Obama, pero opino que su ascenso al primer sillón de mando del mundo por la
gracia de una holgada mayoría de norteamericanos es el mejor augurio para el
año nuevo. Los pronósticos para 2009 son efectivamente negros en el sentido
tradicional y políticamente incorrecto de la palabra, pero los pronósticos están
para advertirnos y no tienen por qué confirmarse si analizamos con calma la
situación y reaccionamos adecuadamente.
Todos podemos hacer algo para que este año que se inicia con
tan mal pie concluya felizmente. En todo caso quiero expresar a los lectores de
El Siglo en este último número del año nuestros mejores deseos de felicidad
personal y ánimo para afrontar lo que venga sin olvidar que nada está escrito y
que el futuro lo hacemos todos. Sonría, por favor.
No hay soluciones nacionales para una crisis global pero
cada país dispone de margen para suavizar sus efectos sociales como lo tiene
para introducir notables peoras, que para eso sí que no hay límites. Confío más
en el tesón y el buen sentido ciudadano que en la acción gubernamental, pero me
temo que una política económica inadecuada o una dirección torpe de la misma
puede agravar los problemas, como puede agravarlos una oposición torticera y
sectaria.
Zapatero ha ganado aplomo, solvencia y autoridad en su
segundo mandato pero sostiene un gabinete manifiestamente mejorable. La semana
pasada me refería a la crisis política incubada cuya solución puede aplazarse
pero que parece necesaria. Cuando un presidente va cobrando aplomo y autoridad
puede sentirse tentado a pensar que los ministros son innecesarios pero ello,
al menos en lo que al área económica se refiere, no es sostenible. El
presidente, por capaz que sea, no puede convertirse, como ha hecho Zapatero, en
el gestor económico. La ciudadanía necesita creer en la buena dirección
económica y para ello es preciso valerse de alguien que ofrezca credibilidad y
que no dé las muestras de fatiga que ofrece Pedro Solbes, un hombre que se
desempeña bien en situaciones normales. Es un estricto guardián de las arcas
públicas y un antídoto para frenar la exhuberancia de los ministros cuyo éxito
depende del Presupuesto manejado, pero no es el hombre de la situación.
Zapatero se ha mostrado difuso y algo contradictorio
respecto a sus intenciones de cambiar su gobierno a pesar de la evidencia de
que está quemado a los ocho meses de haber sido nombrado. El presidente alentó
la convicción ciudadana de que el reajuste sería inmediato cuando, en el pasado
mes de noviembre, anunció su propósito de crear un Ministerio del Deporte en el
próximo reajuste lo que a muchos hizo pensar que disfrutaríamos de un próximo
reajuste. Pero lo que parece evidente a primera vista no lo es tanto pues, como
sabemos los amantes del cine del Oeste, el hombre blanco suele hablar con
palabras torcidas. La pasada semana Pedro Solbes lanzó un globo sonda al decir,
sin que nadie se lo preguntara, que a su edad, 66 años que tampoco es para
tanto en un hombre de tamaña responsabilidad, uno podría dedicarse a otra cosa.
Me da la impresión de que el vicepresidente estaba esperando un gesto de cariño
en un presidente que no le ha dado toda la cancha que esperaba. Zapatero
contestó negando el reajuste y mandándole un mensaje de aprecio y la negación
de un cambio de gabinete inmediato, un recado que podría traducirse así:
“Cállate, Pedro, que aquí el único que cesa y nombra cuando lo cree oportuno
soy yo”. Al día siguiente en Moncloa, en conversación informal con los
periodistas a los que ofrecía una copa, aseguró que no pensaba cambiar el
Gobierno de forma inmediata ni mediata pero al mismo tiempo dejaba caer que no
podía excluir un cambio de equipo antes de que acabe la legislatura. O sea, ni
sí ni no, sino todo lo contrario.
A los presidentes les encanta reservarse el momento más
adecuado pero a los ciudadanos en general y a la canallesca en particular nos
corresponde recoger el sentir de la gente, y yo he cosechado en distintos
ambientes, empresariales, sindicales y políticos, un juicio muy crítico sobre
este gabinete y la expresión de una cierta urgencia para relevarlo
agradeciéndole los servicios prestados. En el área política el cambio podría
ser bienvenido pero no es tan urgente como el relevo del equipo económico. A
este respecto son numerosas las voces que ya han nombrado un sucesor para
Solbes, el comisario de Economía de la Unión Europea, Joaquín Almunia. No es de
la quinta del biberón que recluta Zapatero pero la veteranía es un grado
cuando hay que manejar un menester tan delicado.
José García Abad