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Nº 814 -15 de diciembre de 2008

El nuevo favorito de ZP, clave para la próxima crisis de Gobierno

SIGAN A ESTE HOMBRE

Es aún poco conocido para el gran público pero Bernardino León, el secretario general de Presidencia, se está convirtiendo en una persona clave no sólo en Moncloa, sino en el entorno personal del presidente. Quienes escrudiñan estos días los perfiles de la crisis de Gobierno que parece estar madurando Zapatero apuntan, sin duda, a este diplomático malagueño de 44 años como uno de sus diseñadores. Su discreción, su manejo de la política exterior y su capacidad para moverse en todo tipo de terrenos le han abierto las puertas del sanedrín más exclusivo del presidente. Su buena conexión con el diputado José Andrés Torres Mora, amigo personal de Zapatero; con José Miguel Vidal, el primo del presidente y número dos de su gabinete, o con Sonsoles Espinosa, para quien su mujer trabajó en Moncloa, completan su equipaje como hombre clave del actual Ejecutivo.

Por Inmaculada Sánchez

Bernardino León parece tener todas las condiciones necesarias para ascender en el actual “olimpo” de Zapatero, según quienes siguen de cerca la evolución del leonés desde que durmiera por primera vez en el palacio de La Moncloa. Es de su generación, incluso, más joven –cuatro años menos-. No destaca su codicia por los focos, a pesar de llevar sobre sí el “uniforme” de diplomático y la “superioridad” que una mayoría de la “carrera” exhibe ante sus compañeros del ministerio de turno. “Bernardino es, increíblemente, una persona normal”, explica uno de sus cercanos.

Aunque no por ello deja pasar las oportunidades: apenas han pasado siete meses desde que fuera nombrado secretario general de Presidencia y ya pocos dudan de que quien manda hoy, de verdad, en Moncloa es este diplomático malagueño con gafas y un largo de pelo ajeno a la ortodoxia funcionarial que le concede un aire tan moderno como “pijo”, a su pesar.

Zapatero cuenta con él más que casi con nadie en Moncloa desde que, al inicio de la presente legislatura, decidió que, en este mandato, debía cambiar su “traje” de “presidente que cumple sus promesas” en España por otro de dirigente internacional. La crisis, además, obliga. León había hecho, también, sus pinitos en la política de alto nivel en los cuatro años precedentes y había contado con significativos “avales” en su acercamiento a Zapatero. Incluso, se le llegó a citar como uno de los interlocutores con ETA en el tiempo de la tregua aunque él siempre lo ha negado.

“El presidente ya sólo viaja con Bernardino y con  Vidal, son los más cercanos, los que saben en qué piensa y los que más tiempo pasan con él, eso es innegable”, informa alguien que conoce de cerca cómo ha ido cambiando Moncloa tras la última victoria electoral. El segundo citado es José Miguel Vidal Zapatero, primo del presidente que ha sido ascendido a número dos del Gabinete de la Presidencia en esta legislatura y que se ha convertido en el factótum de la estrategia monclovita (Más información en el nº 809 de El Siglo: “Tensión en Moncloa. El primo del presidente agita el palacio”).

De acuerdo con los datos de las citadas fuentes los intereses de Zapatero han dado un significativo vuelco tras el pasado 9 de marzo. “Se ha dado cuenta de que, con la crisis y la situación mundial, “no tiene” vicepresidentes  que lo apoyen y que necesita poder ir al extranjero como un líder con peso y no como un, si no desconocido, sí alguien con quien no se cuenta”, señalan fuentes cercanas a Moncloa. En ese “viaje” presidencial es donde Bernardino León ha encontrado su hueco “al sol”.

El joven diplomático tampoco ha aparecido de repente en el entorno “zapaterista”. Curiosamente fue el titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien le dio a conocer ante Zapatero, y quien ahora, según todas las fuentes consultadas, está ofreciendo claras muestras de tener celos de su antiguo subordinado por su fulgurante carrera.

Bernardino León Gross estudió Derecho en Málaga y Estudios Internacionales en la universidad de Barcelona, además de diversos cursos en el King´s College de Londres y la Sorbona de Paris. Su primer destino diplomático, en cuyo cuerpo ingresó en 1989,  fue como cónsul en Argel, pero antes  ya había trabajado en el gabinete del socialista Luis Yáñez cuando éste era Secretario de Estado para Iberoamérica en el primer gobierno de Felipe González.

Tras un segundo destino diplomático en Monrovia, Yáñez volvió a requerirle como jefe de gabinete cuando fue nombrado presidente de la Comisión Nacional del V Centenario. León fraguó, entonces, una sólida comunicación con el PSOE andaluz  que, a pesar de sus futuros destinos, más vinculados a su carrera diplomática, ha mantenido y le ha servido para, ya en la etapa Zapatero, ascender en el organigrama del partido.

El joven León retornó a sus destinos en las embajadas -Argel y Atenas- en 1992 hasta que Moratinos, prolongado su mandato como  Representante Especial de la UE para el Proceso de Paz de Oriente Próximo  en1998  y bien conectado con los socialistas andaluces le ficha como jefe de gabinete y, con él, enfoca su futuro hacia Zapatero.

“Ya se conocían de antes, de los tiempos de oposición, no ha sido un deslumbramiento repentino”, explican desde Moncloa para matizar el fulgurante ascenso del actual secretario general de Presidencia.

En efecto, mucho antes de que Zapatero ganase las elecciones, Bernardino León había sido nombrado en 2001 director de la Fundación hispano-marroquí “Tres Culturas del Mediterráneo”, vinculada a la Junta de Andalucía y con sede en Sevilla, donde, tras sus destinos diplomáticos, había fijado su residencia con su familia, formada por su mujer, Regina Reyes, y sus tres hijos, hoy entre los 14 y los 16 años de edad.

Con la victoria del 14-M de 2004 Moratinos, nombrado ministro de Exteriores, lo llamó para ser Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, su número dos, y cambió radicalmente su vida. Iniciaba, entonces, aunque aún no lo supiera, su lento pero firme camino hacia Moncloa.

Al tener que venirse a Madrid, León, como ya había hecho durante sus diferentes periplos diplomáticos, arrastró a su esposa, abogada y que entonces trabajaba en la Feria del Libro de Sevilla y en un colegio privado, a la capital donde, junto con él, encontró un trabajo que lubricó el destino político de su marido: fue fichada como secretaria particular de Sonsoles Espinosa, la mujer de Zapatero, en Moncloa.

“Se trataba de un puesto de confianza, su perfil encajaba, se la conocía y ejerció con perfecta profesionalidad y discreción”, aseguran en Moncloa. Antes de que acabara la legislatura, a comienzos de 2007, Regina Reyes, que también ha firmado como traductora del inglés algún libro de escritores palestinos como “Mujeres árabes hablan de sus vidas”, de Bouthaina Shaaban, abandonó el palacio para retornar a la esfera privada y fichar como vicesecretaria del consejo de Iberdrola Renovables, donde hoy trabaja.

Aunque no milita en el PSOE malagueño ni muestra perfil público a ninguno de los que siguen de cerca el vertiginoso ascenso político de su esposo se le escapa la privilegiada relación que, como secretaria personal de Sonsoles Espinosa, recién aterrizada en Moncloa, consiguió para ella y su pareja. León, no obstante, también conecta con la esposa del presidente a través de su cultivada afición musical y sus relaciones con el mundo árabe y hebreo que le llevó en 2004  a formar parte de la Fundación Barenboim-Said, apadrinada por la Junta de Andalucía y los dos reconocidos directores musicales, donde, además de Manuel Chaves y Felipe González, figura como miembro de su patronato Sonsoles Espinosa.

El brillo político de León ha dado un giro copernicano del año pasado a esta parte. De discreto diplomático a la sombra de Moratinos ha pasado a ser candidato socialista por Málaga en las últimas elecciones generales –aunque cerrando, simbólicamente, la lista encabezada por  Magdalena Álvarez–, vicesecretario general del PSOE de Málaga desde el pasado julio, miembro del comité director del partido en Andalucía  y coordinador Comité de Expertos del Litoral Malagueño del PSOE. En este último órgano su “segundo” es José Andrés Torres Mora, el diputado por Málaga y ex jefe de gabinete de Zapatero además de amigo personal y miembro de su fiel grupo de asesores. No es de extrañar que quienes piensan en los cambios en el Gobierno le miren con envidia.

La ‘otra’ crisis que se avecina

Por M. C.

Con su alusión, quién sabe si interesada o inocente, a la próxima creación de un Ministerio de Deportes, José Luis Rodríguez Zapatero ha abierto la veda de las informaciones acerca de una próxima remodelación del gabinete ministerial que tiene a los dos vicepresidentes, María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes, como los máximos candidatos a abandonar el Gobierno. A pesar de que tras las elecciones se daba por descontado que los cambios de cartera se realizarían mediada la legislatura, en 2010, Zapatero estaría interpretando que los estragos que está causando la crisis económica hacen necesario un nuevo impulso a la imagen y a la gestión del Ejecutivo. Un impulso que pasaría por la salida dos de los pesos pesados del Gobierno desde 2004, en una reforma que se ejecutaría esta primavera.

En el caso de la ‘vice’, las informaciones procedentes desde el PSOE y de fuentes cercanas a Moncloa señalan de forma clara su declive y la pérdida de confianza por parte de Zapatero (ver nº 809, ‘Tensión en Moncloa’). Fernández de la Vega hace tiempo que dejó de ser la figura clave en el Ejecutivo, principalmente porque el gabinete de Presidencia, con José Enrique Serrano al frente y el primo del presidente, José Miguel Vidal Serrano, como número dos, están ganando cada vez más peso en el día a día monclovita desde las elecciones. Es a partir de septiembre cuando, con la avalancha de malos datos económicos empiezan a colocar al Gobierno contra las cuerdas, cuando Serrano toma las riendas de la situación, a pesar de haber estado fuera del núcleo duro del presidente durante la anterior legislatura, y una reunión informal semanal para repasar la agenda y coordinar la estrategia a seguir. De hecho, es Serrano quien convoca a los principales banqueros del país en Moncloa el 4 de octubre, una reunión que las principales entidades financieras han agradecido.

Aunque desde el entorno de Moncloa también hay fuentes que niegan que De la Vega esté perdiendo parcelas de poder, ya que, por ejemplo, todavía controla la relación con los medios, es innegable que para la opinión pública la ‘vice’ está algo desdibujada últimamente. Lo demuestran los últimos datos del CIS, en los que ha perdido el puesto de miembro mejor valorado del Ejecutivo a favor de la ministra de Defensa, Carme Chacón, precisamente el nombre que más suena para sustituirla. Una Carme Chacón que si ya se perfilaba como la ‘delfín’ de Zapatero cuando éste decida retirarse del primer plano político, ha ganado empaque en los meses que lleva al frente en Defensa.

En la sesión de control al Gobierno, la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, sacó el tema a colación a la otra gran señalada por las informaciones que comentan la reforma gubernamental. Sáenz de Santamaría criticó la gestión de Zapatero al frente del Ejecutivo y afirmó que “una crisis de Gobierno no se arregla, ni aunque convoque una Operación Triunfo”. María Teresa Fernández de la Vega no entró al trapo de la provocación de Sáenz de Santamaría y le replicó afirmado que “no hay ninguna crisis” pero que “cuando la haya, ya lo hará el presidente, pero usted tranquila, que esté quien esté sentado aquí, socialista, gobernará bien a los españoles”.

Al igual que Chacón, Miguel Sebastián parecía la figura ascendente en el área económica del Gobierno tras las elecciones, el máximo candidato a suceder a Solbes en el Ministerio y, si el organigrama se mantenía intacto, en la vicepresidencia. Desde que participara en la redacción del programa electoral de 2004, Sebastián siempre había contado con hilo directo con el presidente. Para él fue la dirección de la Oficina Económica de Moncloa, que tantos roces tuvo con Solbes y el Ministerio de Economía a lo largo de la legislatura pasada y él fue quien se encargó de la misión prácticamente suicida de enfrentarse a Alberto Ruiz Gallardón en las elecciones municipales madrileñas, cuando nadie en el PSOE parecía dispuesto a afrontar la responsabilidad de una derrota casi segura. Su ingreso en el Gobierno no hacía sino confirmar la confianza que Zapatero tenía depositada en él. Suya fue también la rebaja de los 400 euros en el IRPF anunciada por Zapatero en la campaña electoral, una medida que no convencía a Solbes. Pero algo ha cambiado a partir del verano. A medida que se ha ido agudizando la crisis, Zapatero ha empezado a escuchar menos a Sebastián, quien además está desarrollando una gestión irregular al frente de Industria, con fracasos estrepitosos como el del Plan VIVE.

Así las cosas, Sebastián está empezando a perder comba a favor de otros nombres que empiezan a aparecer en las quinielas para el ministerio de Economía, como el de Emilio Ontiveros, consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales, el de Javier Vallés, director de la Oficina Económica de Moncloa, o incluso el de David Vegara, actual secretario de Estado de Economía. Éste, ante la posibilidad de que pase a ocupar la cartera de Economía en una eventual remodelación del gabinete, ha explicado que estas cosas sólo las puede decir el presidente. Y ha aclarado que “si la pregunta es si me considero un hombre de Solbes, la respuesta es sí, después de cinco años de trabajo”.

Lo que parece claro es que Solbes tiene todas las papeletas para abandonar el Gobierno más pronto que tarde. Ya se especuló con su no continuidad después de las elecciones de marzo a causa de su voluntad de retirarse, pero Zapatero consiguió convencerle para que siguiera, con la promesa de que no continuaría más allá de 2010. Zapatero le consideraba entonces uno de los activos más importantes de su gabinete, esencial para afrontar una situación de crisis económica. Pero la crisis se ha hecho mucho más profunda de lo que le que anticipaban al presidente del Gobierno. Y por ello Zapatero anda en busca de nuevos gurús económicos.

Otro de los nombres a tener en cuenta en una hipotética crisis de Gobierno es el de Pepe Blanco, que ya se ha dejado querer en alguna ocasión, sin negar que aspire a encargarse de un ministerio. De hecho, el nombramiento de Leire Pajín como secretaria de Organización del PSOE, a pesar de que él siga siendo el número dos de los socialistas, le deja más libre de responsabilidades para con el partido a la hora de pasar el frente de una cartera. El presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, ha comentado la posibilidad de que Blanco se incorpore al Consejo de Ministros. A Touriño no le “extrañaría” que se consumase el nombramiento de Blanco porque es “un hombre de gran capacidad y valía”. En declaraciones a TVE, el presidente gallego, ha señalado que Blanco es “uno de los elementos que puede tener en la cabeza” Zapatero a la hora de formar un nuevo Gobierno, y ha afirmado su certeza de que Zapatero “estará a la altura de las circunstancias”.

Dos de las principales interesadas por los vaivenes ministeriales, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y la de Administraciones Públicas, Elena Salgado, también han comentado la posible refroma del gabinete. Álvarez otra de las principales candidatas a ser cesada ha señalado en una entrevista en Punto Radio que a ella no le afecta “ese runrún de la crisis”. Según ha explicado, “no tengo ese problema en mi cabeza porque, además, no tengo por qué tenerlo. Yo hago el trabajo lo mejor que sé, tengo un buen equipo y creo que hemos tenido muy buenos resultados”. Por su parte, Salgado ha afirmado no haber oído nada al respecto, pero si recibiera la noticia de su destitución la aceptaría “con más naturalidad” que cuando el presidente del Gobierno le propuso ser ministra, “porque eso sí era algo que no esperaba”.

Otra cuestión es la del detonante del “runrún”, el Ministerio de Deportes. Y es que crear un ministerio de la nada requiere un esfuerzo presupuestario importante, más difícil de afrontar en un momento de crisis económica y con el déficit público en aumento. Sería un movimiento que no encajaría en la austeridad presupuestaria de la que el Gobierno hace gala.

Por un equipo (ministerial) como el del Barça, por Enric Sopena


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