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| Nº 814 - 15 de diciembre de 2008 |
Los olvidados de la Revolución
EI próximo día 1 de enero se conmemorará el quincuagésimo aniversario del triunfo de la Revolución cubana. Durante la noche del 1 al 2 de enero de 1959, precisamente a las cuatro de la mañana, el coronel Varela entregó el mando del Cuartel La Cabaña en La Habana al Che Guevara. Otros dos comandantes revolucionarios, Cubela y Fauré Chomón, ocuparon durante esa noche el Palacio presidencial del que había huido Batista el día anterior. Por su parte, Camilo Cienfuegos tomó durante esas horas nocturnas el Cuartel Columbia de la capital. El día 2 Fidel salía, desde un Santiago ya liberado, hacia Occidente. Llegaría a La Habana el 8 de enero. Pocos pensábamos entonces que aquella Revolución desembocaría en dictadura personal; que a su frente estaría un saturno dedicado a devorar a buena parte de sus hijos, comenzando por Fauré Chomón y por Eloy Gutiérrez Menoyo. Lo dejó dicho Max Lesnick, que fue compañero de Fidel Castro en las filas del Partido Ortodoxo que lideraba Eddy Chivás (Chivás se suicidó ante los micrófonos de una emisora. Un suicida más, como tantos revolucionarios en Cuba: desde José Martí a Dorticós o Haydée Santamaría): "Mira chico, para entender a Fidel basta con haber leído tres libros: El Príncipe, de Maquiavelo; Los ejercicios espirituales, de Iñigo de Loyola, y El padrino, de Mario Puzo". En homenaje a quienes lucharon contra la dictadura batistiana y resultaron perdedores por partida doble —perdieron su vida y fueron traicionados en sus ilusiones—, recordaré aquí un hecho de armas que a la "historia oficial" no le agrada muchorecordar. Se trata de la toma del Palacio Presidencial —el día 13 de marzo de 1957— por parte del Directorio Revolucionario, cuyo líder era José Antonio Echevarría, quien presidía entonces la Federación Estudiantil Universitaria. Los hechos fueron éstos: Divididos en dos grupos de cinco, se subieron en dos automóviles para ir hacia la calle 19 donde recogieron a otro coche. En este último viajaban otras cinco personas, entre ellos José Antonio Echeverría. Eran las 15:10 horas. Los tres autos se dirigieron en caravana hasta la calle B, doblaron hasta la 17 y por esta calle llegaron hasta la calle M. Allí volvieron a doblar a la derecha hacia la sede de la emisora CMQ, desde donde se emitía el programa Radio-Reloj. Dos de los tres coches sirvieron para taponar las bocacalles de acceso a la emisora en M con 23 y en M con 21. A la CMQ sólo accedieron cinco asaltantes. Dentro les esperaba una célula del Directorio que funcionaba allí desde tiempo atrás. Eran las 15:14 horas cuando José Antonio Echeverría entró en la CMQ. Ni los que subieron antes ni quienes lo hicieron con Echeverría tuvieron el menor percance. A las 15:21 horas, tras encañonar a los locutores, les entregaron los partes que éstos leyeron sin rechistar. «¡Radio-Reloj reportando! Atacado el Palacio Presidencial. Hace breves momentos un nutrido grupo de civiles no identificados abrió fuego con tra el palacio presidencial utilizando fusiles y armas automáticas. Los ata cantes, aprovechando la sorpresa, lo graron irrumpir en el interior del Pa lacio donde el presidente de la Re pública, Fulgencio Batista, se encon traba despachando. Nuevos contin gentes de civiles han arribado al lu gar y se encuentran disparando sobre palacio apostados en sus alrededores... ¡Radio —Reloj reportando! » Un minuto después se leía un falso parte oficial del Estado Mayor del ejército. «Nuestro reporter en Ciudad Militar Luis Felipe Brion comunica que, hace breves momentos, clases y oficiales del Ejército, Marina y Policía reunidos en el cuartel Cabo Parrado del campamento Columbia han tomado los mandos de las Fuerzas Armadas y han emitido el siguiente parte oficial: Ante la grave crisis por que atraviesa la Nación, las clases y oficiales que integran los institutos armados, velando por el cumplimiento de su más sagrado deber que es la salvaguarda de la paz pública e interpretando el sentir mayoritario de sus miembros, han relevado de sus mandos al general Tabernilla y a los demás altos jefes fieles al dictador Batista... ». El falso parte oficial fue leído a las 15:22 horas y se repitió un minuto más tarde. Poco después, los locutores volvían sobre los hechos para decir: Echeverría comenzó a hablar: En ese momento saltó un relé y la transmisión se cortó. Concluida la operación, cada uno de los asaltantes debía tomar el auto en el que había llegado para dirigirse a la universidad, a fin de hacerse fuertes allí. Así lo hicieron, pero en la calle M, entre la 23 y la 25, se estaba construyendo el Hotel Habana Hilton y los camiones obstruían el paso. Los tres autos hubieron de separarse. Yendo por la calle M hacia Jovellar, el vehículo de Echeverría se encontró de frente con un coche de la Policía. Los asaltantes no pararon el auto y chocaron con el vehículo policial. Echeverría se bajó del coche que estaba siendo ametrallado y comenzó a disparar, primero de pie y luego de rodillas. Allí lo alcanzó la ráfaga que acabó con su vida. Paralelamente a lo ya narrado, a las 15 horas, los hombres del Directorio que estaban acuartelados en la calle 21 subieron a sus vehículos. En vanguardia un Buick azul al mando de Carlos Gutiérrez Menoyo, detrás un camión rojo cerrado con un letrero de la Fast Delivery S.A. donde se apretaban cuarenta hombres al mando de Menelao Mora. Como sardinas en lata iban allí Juan Pedro Carbó, José Machado, Tony Castell... y Evelio Prieto, el único que se negó a quitarse la chaqueta y quedarse en camisa. Detrás rodaba otro automóvil al mando de Faure Chorrón. Entre todos ellos portaban 25 fusiles Thompson M-2 y M-3 y el resto carabinas R-I, además de pistolas y granadas. A las 15:17 horas, los tres vehículos llegaron a la calle Colón frente al palacio presidencial. Apenasfrenó el Buick azul, los cuatro hombres que lo ocupaban salieron de él y empezaron a disparar, dejando fuera de combate a los soldados de la guardia. Del camión bajó el grueso de revolucionarios y en pocos minutos franquearon la entrada y alcanzaron el segundo piso del palacio, llegando al despacho de Batista... pero estaba vacío. El pájaro había volado. Los policías refugiados en el tercer piso del palacio y, desde fuera, en la Avenida de las Misiones, los soldados y la policía de Batista comenzaron a lanzar una lluvia de balas sobre los asaltantes. El grupo comprometido en sostener a los asaltantes desde el exterior, en el cual había algunos exiliados españoles, se rajó, dejando a éstos aislados y solos. Ésa fue la causa de que en la retirada fueran masacrados sin contemplaciones. Menelao Mora, malherido, murió en un banco del jardín cercano, donde fue depositado por sus compañeros. Carlos Gutiérrez Menoyo fue abatido dentro del palacio cuando intentaba subir al tercer piso. Faure Chomón, herido, pudo escapar, lo mismo que Carbó. La mayor parte de los supervivientes del asalto se refugiaron durante unas horas en la universidad, para dispersarse después por La Habana en una huida sin fin. En las dos operaciones: el asalto al palacio y la toma de Radio-Reloj, murieron treinta y cinco revolucionarios. La represión que siguió al asalto fue brutal e indiscriminada. Por ejemplo, el cadáver de Pelayo Cuervo –presidente entonces del Partido Ortodoxo y que nada tuvo que ver con los hechos– fue encontrado al día siguiente a la orilla de un lago en el Club de Campo. Con toda seguridad, asesinado por la policía. Sábado 20 de abril de 1957, Sábado Santo, seis de la tarde: el capitán Esteban Ventura, de la Policía batistiana, vestido con un terno blanco dealgodón, llama a la puerta de un apartamento en la calle Humboldt n° 7 que, previamente, ha hecho rodear. La llamada pronto se transforma en culatazos y en gritos; los cuatro ocupantes del piso intentan saltar por las ventanas. Uno de ellos, Joe Westbrook, consigue llegar al bajo y entrar en una casa cuya dueña lo acoge. Pero es sacado de allí y asesinado en el pasillo. Juan Pedro Carbó consigue acercarse al ascensor del inmueble, mas, sin llegar a tomarlo, es ametrallado y muerto. José Machado y Fructuoso Rodríguez saltan por una ventana y caen en un estrecho pasadizo a cuyo frente está la agencia Santé Motors. La salida está cortada por una verja con un candado... pero no pueden llegar hasta ella, pues, inconsciente tras la caída uno de ellos y con los tobillos rotos el otro, son baleados y muertos en el suelo. Todos pertenecían al Directorio Revolucionario. Años después, con Fidel Castro ya en el poder, se descubrió que aquellas muertes en la calle Humboldt habían sido precedidas por una delación: un tal Marcos Rodríguez, miembro (o próximo a la cúpula) del PSP (nombre de conveniencia entonces del Partido Comunista de Cuba) había entregado a la Policía la dirección y los nombres de quienes se escondían en la calle Humboldt. Eloy Gutiérrez Menoyo (hermano de Carlos) y Faure Chomón alcanzaron después, ya en la sierra, el más alto grado militar: comandantes de la Revolución. Más tarde se opusieron a la Dictadura castrista y se vieron forzados a tomar el camino del exilio, aunque, antes de ello, Eloy hubo de pasar más de veinte años en las cárceles de Fidel Castro. Una placa de bronce, en la que están esculpidas las cabezas y los nombres de los cuatro muchachos, recuerda hoy lo ocurrido en la calle Humboldt, en aquella lejana primavera de 1957. • |
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