Por un equipo [ministerial]
como el del Barça
por Enric Sopena*
La crisis o remodelación del Gobierno es un rumor cíclico que aparece de cuando en cuando, como los catarros invernales, y con cualquier presidente. Los jefes del Ejecutivo callan y procuran desmentir siempre lo que tildan de bulo porque, entre otras razones, les gratifica mucho dar la sorpresa y coger a unos y a otros —los ministros que se van y los que se quedan—en orsay. Y creen además que el manejo de los tiempos les corresponde casi por gracia divina y no están dispuestos a que nadie, desde los medios, les dicte el cuándo y el cómo.
Todo esto es un rito —con carácter de iniciático para los recién llegados a la política— que, sea como fuere, provoca alguna expectación en la opinión pública, sobresaltos entre los presuntamente salientes y que los aspirantes, con los nervios a flor de piel, se pasen horas y horas, pendientes de una llamada de La Moncloa que, en la mayoría de los casos, nunca suena.
Sirve también como entretenimiento y permite que la oposición de turno —la más directamente política y, sin duda, la mediática— transforme la fantasía en realidad, al menos por unos días. Gracias al rumor, Soraya Sáenz de Santamaría, la portavoz parlamentaria del PP, pudo lucir palmito dialéctico en la sesión de control al Gobierno del miércoles 10 de diciembre. Estuvo Soraya ingeniosa y enlazó palabras coloquiales de doble filo. Por supuesto, dio por descontado que "la crisis del Gobierno" existe, al tiempo que se apresuraba a decir que esta situación no se arreglará "ni aunque convoquen una Operación Triunfo".
"Entiendo —añadió— que anden todos muy angustiados en la bancada azul por una crisis de Gobierno, pero los demás andamos muy angustiados por una crisiseconómica que tiene trazas de convertirse en una crisis social". Veinticuatro horas antes, la diputada Luisa Fernanda Rudí —ex presidenta del Congreso y ex alcaldesa de Zaragoza—, que ahora es presidenta del PP de Aragón, entrevistada por María Teresa Campos en La mirada crítica, de Telecinco, habló como si la crisis ya se hubiera producido, hasta el punto de que Campos tuvo que intervenir para devolverle a la realidad.
Con cambios en el Gobierno o sin cambios, el gran cambio solamente será percibido por la ciudadanía cuando empiece a notarse una modificación de tendencia en el número de parados. En este momento hay pesimismo, inquietud y temores. Mucha gente circula por el carril de la confusión pues escucha cada dos por tres anuncios de medidas y más medidas por parte de José Luis Rodríguez Zapatero y no se termina de aclarar. Hay desconfianza. Las noticias que provienen de casi todos los países asaltados por la crisis económica son negativas. Y Barack Obama todavía no es presidente.
Pero es cierto que el Gobierno, modificado por Zapatero poco después del 9 de marzo, no termina de funcionar y parece agrietado o apagado, con algunas excepciones. Es verdad que la crisis económica es como una riada imponente que se lleva sin piedad casi todo por delante. ¿Convendría al PSOE, en las presentes circunstancias, reforzar a los ministros o ministras más brillantes y ascender a políticos de largo y seguro recorrido y de prestigio acreditado? Mal no le haría, desde luego, a Zapatero rodearse en el Consejo de Ministros de un equipo similar al del Barca de sus sueños. Y conste que en las alineaciones del F.C. Barcelona también aparecen jugadores jóvenes, surgidos de la cantera. •
*Director de El Plural
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