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Nº 814 - 15/12/2008

Ignacio Fernández Toxo, candidato a la Secretaría General de Comisiones Obreras

 

"HAY QUE CAMBIAR LA FORMA DE DIRIGIR EL SINDICATO"


El actual secretario de Acción Sindical y número dos de la principal central sindical española ha decidido desafiar al actual secretario general, José María Fidalgo, y presentar su candidatura, apoyado por parte de la antigua mayoría, la corriente Alternativa Confederal —liderada por Rodolfo Benito— y, muy posiblemente, por el Sector Crítico de Agustín Moreno y Salce Elvira. Se muestra seguro de su triunfo en el IX Congreso Confederal de Comisiones Obreras, que se celebra esta semana, entre los días 17 y 20.

Por P. A. N.

Por qué presenta su candidatura a la Secretaría General cuando ha formado equipo –como "número dos"- con José María Fidalgo?
—Me presento porque creo que el sindicato necesita un proceso de cambio de cierta entidad, que tiene que ver con la necesidad de acomodarse a la realidad del mundo del trabajo, que ha cambiado sustancialmente con respecto a la existía hace unos años, y para la que concebimos el sindicato; y una realidad de país que se ha transformado al impulso de la descentralización que supone, entre otras cosas, el proceso de transferencias y recursos a las comunidades autónomas. Esto exige dotarse de una organización mucho más cooperativa, dirigida de forma colectiva entre las organizaciones territoriales y sectoriales del sindicato, con la dirección confederal; y una organización que necesita superar las fracturas del pasado. Esto, creo que no ha sido entendido, o al menos, no se ha practicado hasta ahora. Me parecía imprescindible cambiar la dirección confederal, las formas de dirigir el sindicato.

—¿Qué líneas fuerza diferencian su programa del que presenta José María Fidalgo?
—Ni Fidalgo ni yo presentamos nuestroprograma al congreso. Afortunadamente, nosotros tenemos un mecanismo muy participativo para la elaboración de las propuestas que llegan a un congreso confederal. Y, sinceramente, en la Comisión de Ponencias que han elaborado el Programa de Acción que presentamos al congreso, yo he tenido una participación bastante activa, y me siento representado en ese Programa. Fidalgo no estuvo en la elaboración de ese programa. Lo que pasa es que hay algunos elementos que no hemos podido consensuar, que tienen
más que ver con estas cuestiones que comentaba anteriormente, y que el congreso ha de resolver, y que creo que son los elementos centrales que justifican la necesidad de una alternativa.

—El actual secretario general aduce que no hay grandes diferencias entre lo que él y usted representan, y que su candidatura la considera un "golpe palaciego".
—No comparto esa opinión. Nosotros hemos ido construyendo las propuestas con las que se ha presentado el sindicato en la sociedad a partir del debate, y hemos compartido –y seguimos compartiendo, creo yo-muchas cuestiones en relación con lo que hay que hacer. Otra cosa es cómo y con quién. El sindicato no puede renunciar a que una parte muy importante de la organización –que ha llegado a representar hasta un 40 por ciento- se integre en la gestión cotidiana de la organización, porque eso nos debilita y nos impide proyectarnos con todo nuestro potencial entre los trabajadores y en la sociedad. A mí, lo de acomodarse en las trincheras no me gusta. Por otra parte rechazo la idea del golpe de palacio. Los golpes de palacio, si luego no tienen votos en el congreso, que es donde se va a decidir la dirección, no conducen a ningún lugar. Aquí lo que hay es un debate abierto en la organización, y ésta lo va a resolver, espero que favorablemente, en el congreso.

—¿A quién se refiere con una parte que llegó a representar al 40 por ciento?
—Me refiero a las minorías que, como consecuencia de las crisis de 1995 y 2002, han configurado líneas de opinión diferenciadas, y aún, a veces, con expresiones contradictorias en los centros de trabajo y en la sociedad. Afortunadamente, en la mayoría de las organizaciones, la gente ha aprendido a convivir y a aprovechar las posibilidades y las potencialidades de todo el mundo y, sin embargo, en la dirección confederal no hemos sido capaces de hacerlo. Esto va en detrimento de nuestra capacidad de actuación y perpetúa divisiones que, tal vez tuvieron sentido en algún momento, pero hasta las piedras del camino se mueven. No puede mantenerse esto por 20 años, y todos tan tranquilos, como si no pasara nada.

—Usted se muestra seguro de contar con una mayoría plural para este próximo congreso. ¿De quién se compone esa mayoría plural?
—Se compone de la mayoría de las organizaciones del sindicato, que han expresado su apoyo a la candidatura, y lo han expresado en las conferencias y asambleas congresuales de las últimas semanas. Lo que espero es que eso se materialice en el voto que cada uno de los 1.001 de los delegados va a depositar en las urnas. De nada serviría que yo propugnase un cambio confederal si esto no cala en las organizaciones. Espero que la gente vote con absoluta libertad, y nos olvidemos de historias pasadas y viejos encasillamientos, y nos pongamos en disposición de trabajar de otra manera a partir del IX Congreso.

—Sus apoyos están en una parte de la actual mayoría, en Alternativa Confederal (Rodolfo Benito), y también en el Sector Crítico (Agustín Moreno).
—Bueno, todo el mundo ha hablado, incluidos los que dicen representar la ortodoxia de la mayoría federal. Creo que, progresivamente, se ha ido produciendo un proceso de confluencia total con lo que era la minoría que encabezaba Rodolfo –hoy está disuelto como tal grupo-; y en el caso de la minoría crítica tradicional, creo que comparten con nosotros la necesidad del cambio. Seguimos teniendo diferencias en cuanto a la política a desarrollar –creo que menos que en el pasado, porque todo el mundo evoluciona-. Lo que he planteado es que necesitamos un congreso abierto, donde la gente se exprese con libertad; que el congreso vote finalmente aquello que entienda que es lo mejor para los trabajadores y las trabajadoras, que con eso, nos comprometamos a dirigir todos, y con lealtad al proyecto es posible convivir.

—Desde 1995, el Sector Crítico no ha tenido cargos ejecutivos en la dirección confederal. Si su candidatura vence, ¿qué papel van a desempeñar en la nueva dirección?
—Si se dan las condiciones que antes comentaba, creo que como cualquier otro que esté en la dirección confederal. Todavía no hemos hablado de estas cosas, pero con nadie. Las responsabilidades concretas las fija la Ejecutiva, una vez que esté constituida. Pero el sentido del mensaje es que no va a haber excluidos en la dirección, y todas las personas que resulten elegidas en el congreso pueden optar a tener responsabilidades concretas en la gestión del día a día. La discrepancia no puede suponer que se anatemice a las personas y se deje de contar con su concurso en la dirección. Aunque esto no depende de uno solo.

—Personalmente, ¿usted se siente más próximo a la concepción sindical que representa el actual José María Fidalgo o a la que encarna Agustín Moreno?
—He compartido con Fidalgo muchas cosas a lo largo de todos estos años. No obstante, en estos momentos, los elementos quehan impedido que acudiéramos juntos a este congreso son de la suficiente enjundia como para justificar la presentación de una candidatura alternativa a la suya. Lo que yo he podido hablar con Agustín Moreno, no le sitúa en las antípodas de lo que yo pueda estar planteando en terrenos de la concepción de la organización. Otra cosa es que él tiene una opinión sobre la política reivindicativa de los sindicatos, pero ahí hay espacio para la discusión, e incluso para la discrepancia.

—La candidatura que triunfe se va a encontrar con una dura crisis. ¿Cuál debe serel papel del principal sindicato de nuestro país?
—La defensa de los intereses de los trabajadores con cabeza. Frente a quienes piensan que están superadas las clases sociales, que ya no hay diferencias entre la izquierda y la derecha, nosotros representamos una posición de clase, de la clase trabajadora. Queremos insertar el interés de los trabajadores en el interés general, porque somos ciudadanos de este país; no tenemos una visión puramente corporativa, y queremos influir en la organización de la sociedad. Lo resumiré en dos objetivos: vamos a trabajar para que, saliendo lo más rápidamente posible de la crisis –y para eso hemos realizado propuestas, hemos planteado alternativas-, no puede haber un retroceso en los derechos laborales; la crisis no puede ser aprovechada para hacer retroceder las condiciones de trabajo. La crisis no tiene un origen laboral y, por tanto, las recetas para conjurar sus efectos no están en el mercado laboral. No apoyaremos reformas laborales que pretendan recortar los derechos de los trabajadores. Y en segundo lugar, la crisis no se puede salvar con un retroceso en los sistemas de protección social, que todavía tienen un desnivel que cubrir con los países más avanzados de nuestro entorno.

—Los sindicatos, junto con los partidos constituyen unas de las instituciones menos valoradas en las encuestas. La gente los acusa de no hacer nada para impedir los retrocesos en derechos de los trabajadores, de haberse "vendido". Si su candidatura triunfa, ¿CCOO tendrá más presencia en las calles? ¿Habrá más movilizaciones?
—Probablemente, el propio contexto económico y social haga que la movilización crezca, y de manera importante, en el país. No obstante, vamos a priorizar la negociación y el acuerdo, sin descartar ninguna otra posibilidad. Nuestra gente en las empresas está en primera línea cuando se pretenden expedientes de regulación de empleo, o en la negociación de los convenios colectivos. Es probable que 2009 sea un año, en términos de conflicto social más importante, pero no por una radicalización artificiosa del sindicato, sino porque el contexto es duro y es posible que la gente se sienta amenazada y agredida en su interés directo, en la pérdida de su empleo, del salario. •


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