Alejandro Cercas, eurodiputado socialista
"LOS DE LA SEMANA
LABORAL DE 65 HORAS
QUIEREN DESTRUIR
EUROPA"
El eurodiputado español del PSOE Alejandro Cercas se ha convertido en el principal
defensor del modelo social europeo. Este político extremeño es el autor del informe
que puede frenar al Consejo Europeo en su ofensiva por la prolongación de la
semana laboral de 48 a 60 ó 65 horas. "Mi informe tendría que estar predestinado
al fracaso porque 22 de los 27 Gobiernos europeos han votado contra mis tesis",
asegura consciente de que su texto necesita este miércoles el voto favorable de
393 de los 785 eurodiputados para reafirmar que la semana laboral en Europa es
de 48 horas. "Probablemente cuente con esos apoyos", declara confiado antes de
lanzar: "vamos a frenar al Consejo en su deriva contra los trabajadores".
Por Salvador Martínez (París)
Cómo afronta la votación de su informe en el Parlamento Europeo?
—Estamos muy movilizados en
las tareas de lobbying. Este martes voy a protagonizar un acto con John Monks, secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), en el que haremos un llamamiento de cara a la manifestación de este miércoles ante la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo y en la que esperamos una afluencia de entre 10.000 y 15.000 trabajadores de toda Europa. Por otra parte, este lunes pretendemos reunir a centenares de médicos de toda la UE ante la sede de la Eurocámara. Los médicos van a apoyar mi informe repartiendo copias del documento a los eurodiputados en cuanto lleguen a la sede gala del Parlamento. Sin embargo, no somos los únicos en hacer lobbying. También lo hacen nuestros adversarios. Pese a todo, confiamos en nuestras posibilidades porque el grado de movilización es alto y esperamos trabajar más y mejor que nuestros rivales políticos.
—El apoyo que ha recibido su informe en
la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales de la Eurocámara es "una primera victoria", según la CES.
—Así es, pero el pulso entre la Eurocámara y el Consejo continúa. Hay que tener claro que en la UE se legisla a través de dos cámaras: el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo. Para que se produzca una legislación europea tiene que haber un acuerdo entre ambas cámaras y, a día de hoy, nos oponemos en todos los ámbitos importantes
de la directiva de higiene y seguridad de los trabajadores en la que se aborda la cuestión del tiempo de trabajo semanal. Cabe recordar que mi informe se impuso en su día en el Parlamento Europeo por mayoría absoluta pero como los Estados no se ponían de acuerdo en el Consejo, la directiva quedó bloqueada tres años hasta el pasado mes de junio en el que se acordó un texto contrario al aprobado por los eurodiputados.
—¿Cuál es el principal punto de la directiva que enfrenta a Eurocámara y Consejo?
—La gran cuestión de la directiva es la cláusula de renuncia a la semana laboral de 48 horas, lo que los británicos llaman el opt out. En Europa tenemos muy poco derecho social pero existe una norma muy clara para que nadie trabaje más de 48 horas. Sin embargo, en ciertos países se trabaja más, con lo que el opt out se utiliza para ganar competitividad entre los países europeos. Por ello, los partidarios de la semana laboral de más de 48 horas quieren destruir Europa. Desde el punto de vista del trabajador, es evidente que trabajar todas las semanas del año más de 48 horas es horrible a nivel físico y psicológico e imposibilita la conciliación de la vida laboral y familiar.
—Otra gran cuestión concierne a los médicos europeos.
—No debemos olvidar lo que nos enfrenta a Parlamento y Consejo en este ámbito. Los jefes de Estado y de Gobierno quieren que los tiempos de guardia de los médicos no sean considerados tiempos de trabajo. En la Eurocámara, la posición mayoritaria hasta hoy considera los tiempos de guardia como tiempos de trabajo tal y como asegura la Corte Europea de Justicia en varias sentencias. Otro aspecto relativo a los médicos concierne el descanso compensatorio. El Parlamento dice que tras una guardia, un médico tiene que descansar inmediatamente después de su servicio mientras que el Consejo quiere que el descanso compensatorio se pueda retrasar en el tiempo. El sentido común nos dice que tras una guardia, un médico no puede comenzar una jornada de trabajo normal. Por tanto, las 11 horas de descanso compensatorio deben poder realizarse inmediatamente después de la guardia y no tres meses después. Si de verdad se quiere respetar la higiene y la seguridad de la que trata la directiva, hay que tener en cuenta que un cirujano agotado es un peligro para sí mismo pero también lo es para los demás.
—¿Cómo explica la existencia de estos desacuerdos?
—Los hay en Europa que quieren acabar con el modelo europeo de las relaciones laborales e instaurar el modelo chino. La gente se revuelve con razón por la idea de que la semana laboral dure 60 ó 65 horas. Sin embargo, bajo mi punto de vista, estamos asistiendo a una ofensiva para alterar el derecho del trabajo. Los países favorables al opt out, y en especial el Reino Unido, quieren que el derecho europeo sea optativo. Con esta idea se quiere introducir en el corazón de Europa una loca competición entre los países de la UE cuando deberían ser las empresas europeas las que compitan entre sí. Otro horror es la promoción de la renuncia individual a los derechos del trabajador. Lo que se propone es que individualmente se pueda renunciar a las 48 horas de trabajo semanal. La promoción de esta renuncia es grave porque pretende pasar por encima del primer convenio de la Organización Internacional del Trabajo que establece las 48 horas de trabajo semanal, ¡Desde 1919!.
—Usted ha dicho
que la directiva de las
65 horas en una "directiva iceberg".
—Sí, porque lo que
nos horroriza es la semana laboral de 65
horas, la parte más visible del texto. Pero
lo peor está debajo del agua. La lógica fundamentalista puesta en marcha por los partidarios del opt out supone la extrema individualización de las relaciones sociales, lo que implica una regresión sin precedentes a nivel del derecho del trabajo. Tanto es así que se nos quiere llevar al siglo XIX. En 1800 no había derecho del trabajo, ni convenios internacionales, ni sindicatos ni leyes laborales. En consecuencia, el trabajador y el empresario pactaban sin convenios colectivos ni salarios mínimos ni nada por el estilo. En estas relaciones se entiende de manera utópica que un trabajador y un empresario son libres por igual, pese a que ambas partes no tienen las mismas armas en una negociación.
—¿Hasta qué punto el laborismo británico está traicionando a la familia política progresista de Europa con su defensa del opt
out?
—En el Reino Unido pueden cambiar los Gobiernos pero no las costumbres. Los laboristas son fieles a su cultural liberal anglosajona. Esto es difícil de entender para los españoles, pero a los británicos también les cuesta entender las posiciones de los progresistas de la Europa continental. Pese a que llegaron tarde a Europa, los británicos se han hecho europeos con una idea básica: el libre mercado. Por lo demás, se han opuesto a toda comunitarización de las políticas europeas. De ahí que no firmen nada, no estén en Schengen, ni en el euro. Ahora pretenden agujerear el derecho laboral europeo, haciendo que las pocas leyes sociales que existen en la UE queden como un queso de Gruyére.
—¿Se siente más cerca de los conservadores de la Europa continental que de los laboristas británicos en el dossier del opt out?
—Sí, y no me duelen prendas en decirlo.
La idea de una Europa social se identifica
más con la izquierda que con la derecha pero en este asunto coincidimos más con demócratas-cristianos del Partido Popular Europeo que con los laboristas. Hay laboristas que votarán a favor de mi informe este miércoles pero la política a nivel europeo no está cortada a pico como en el Parlamento español.
De hecho, dentro de cada país y de cada delegación hay muchos matices.
—Con tantos matices es difícil construir Europa. ¿Es más difícil destruirla?
—El Parlamento Europeo esta ahí para evitar la destrucción de Europa a manos de los monstruos de la razón paridos en las noches bruselenses por el Consejo Europeo, la Comisión Europea y los diplomáticos. El Parlamento podría frenar las derivas derechistas de la Comisión Europea y del Consejo pero ocurre que los eurodiputados representan un 30 por ciento de los electores de la UE. Si tuviésemos detrás de nosotros el 70 por ciento de los electores, los europeístas tendríamos un arma potentísima. Sin embargo, tenemos poco peso a nivel institucional por el fracaso de la Constitución Europea y porque las elecciones europeas son a menudo utilizadas para castigar a los Gobiernos nacionales. • |