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Nº 814 - 15 de diciembre de 2008
No es para tanto

por Santiago Carrillo

EI alcalde de Getafe, Pedro Castro, está situado estos días en el ojo del huracán. Se le ocurrió extrañarse de que aún hubiera "tantos tontos de los cojones que votan a la derecha". Con eso no insultó a todos los votantes de derechas. Castro sabe bien que no todos los votantes de la derecha son tontos, que algunos son listísimos y lo hacen porque así defienden sus intereses personales y de clase. El alcalde de Getafe sabe que hay clases. No en balde era un obrero de la construcción y su pueblo lo colocó en el cargo que ocupa. Quizá en la forma no estuvo afortunado. Lo de los cojones no suena bien en un cargo público y además puede no ser exacto, porque la tontería no está precisamente en esos órganos, más bien en alguno de los lados del cerebro. Las generaciones actuales utilizan muchas veces expresiones que en mi juventud no se utilizaban porque se las consideraba muy ofensivas. Ahora puedes llamar a un amigo "cabroncete" cariñosamente gastándole una broma. Y expresiones así, que en otras épocas eran terribles ofensas, pueden ser consideradas como cariñosas hoy. El significado del lenguaje cambia. Por eso la expresión de Pedro Castro seguramente fue pronunciada como un reproche amistoso a unos votantes quedan su voto a la derecha sin ser conscientes de que al hacerlo están perjudicándose a ellos mismos.

En realidad, al pronunciar la frase, Castro refleja un pensamiento que formulado de otro modo ha sido común a toda la izquierda. ¿Qué orador de izquierda en las campañas electorales no ha dicho algo así como: "No hay cosa más tonta que un obrero de derechas"? Y nadie se Ilamaba a escándalo. En su fuero interno hasta los mismos derechistas reconocían que en esa frase había mucho de verdad.

Pero Esperanza Aguirre, cada vez más inclinada a la ultraderecha, apoyándose en esa frase ha desencadenado una cruzada al fin de eliminar a Pedro Castro de la vida política madrileña. ¡Lo que podría llegar a hacer esta mujer si no estuviéramos en la democracia! Castro ya ha dado modestamente explicaciones a los que ha podido ofender. Es más, ha estado disculpándose más de una semana. ¿Qué quieren, que se haga el haraquiri en la televisión? Una vez más —hay que reconocerlo—, Gallardón ha sido más cortés que Esperanza, limitándose a pedir disculpas.

Cualquier ciudadano normal se contentaría con las explicaciones de Pedro Castro, sobre todo porque al punto de crispación a que ha llegado la política española, la frase del alcalde de Getafe resulta inofensiva.

Si escarbamos en los discursos delSr. Rajoy en las Cortes encontraremos muchas frases bastante más injuriosas para el jefe del Gobierno, que la que comentamos pueda serlo para los votantes de derecha. Y nadie en la izquierda ha pedido la eliminación política del líder del PP.

Verdad es que Rajoy tiene más que suficiente con la enemistad de doña Esperanza, que lo eliminaría a él de la vida política con la misma intolerancia que muestra a Castro. Si esta señora sintiera el más mínimo respeto a los demás a estas horas tendría que estar haciendo penitencia por un insulto sucio lanzado recientemente contra el Che Guevara, el hombre que ha sido toda una leyenda para su generación y al que hay que reconocer la abnegación y el heroísmo de un auténtico mártir.

Pero además todo el mundo sabe que hay una serie de medios de comunicación que se dedican a desinformar y a confundir, es decir, a atontar a los que les oyen y leen, dicho en otros términos, a alienar a los ciudadanos. Por lo que si la forma no ha sido afortunada, el obrero Pedro Castro no ha hecho más que reprochar a sus hermanos de clase las ¡nconsecuencias que cometen a veces al emitir su voto.

Señores de la derecha: no es para tanto. ¡No podemos admitir vuestro intento de llevar a la hoguera alcalde de Getafe!

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