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A la espera de una crisis política Desde que José Luis Rodríguez Zapatero dijera, como de pasada, que podía reajustar su Gobierno, semejante posibilidad ha sido traducida por los medios de comunicación y por los partidos políticos como una realidad inminente. "La Crisis", que esta vez sería política para variar, está provocado preguntas e invectivas parlamentarias, coñas mitineras y los desmentidos oficiales de rigor —los de Teresa Fernández de la Vega y Pepe Blanco, entre otros— que no disipan el rumor, sino todo lo contrario, según el axioma periodístico: "Ningún rumor es oficial hasta que no es oficialmente desmentido". Quien hasta ahora no lo ha desmentido ha sido el único que puede hacerlo: José Luis Rodríguez Zapatero. La supuesta crisis política se cruza con la hipótesis de que Zapatero no será candidato presidencial a las elecciones de 2012, por lo que el Gobierno, que se supone esta pergeñando, del que sólo sabemos que incorporará un ministro para el Deporte que maldita falta que hace, será su gabinete testamento y, por tanto, un gobierno más suyo que los anteriores, con escasas concesiones generacionales, de género, caso o latitud. ZP, indiscutido en su partido, puede permitirse hacer lo que quiera al respecto. En esta ocasión, las quinielas periodísticas son básicamente coincidentes a la hora de señalar posibles ascensos y descensos. Se supone que ambos vicepresidentes, Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes, más el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Moratinos, y el de Industria, Comercio y Turismo, Miguel Sebastián, son valores que bajan mientras cotizan al alza Bernardino León —léase nuestro tema de portada: "Siga a este hombre"—, David Vegara, Carme Chacón y Leire Pajín, aunque el ascenso de éstas puede esperar y en lo que a la primera se refiere sería de mal efecto que dejara el Ministerio de Defensa, donde tuvo una entrada espectacular, tan repentinamente. Sin embargo, lo más probable es que la remodelación gubernamental no sea tan inmediata como decimos los periodistas y desea la oposición. Hay zapaterólogos que la sitúan en los idus de marzo mientras otros sostienen que se producirá como estaba inicialmente previsto, en el ecuador de la legislatura y tras la presidencia española de la Unión Europea, por lo que habría que esperar hasta la primavera de 2010. Recuérdese que esta teoría, que nació nada más formar gobierno Zapatero, daba por seguro que Pedro Solbes cedería los trastos vicepresidenciales a Miguel Sebastián tal como el presidente había prometido a su brillante amigo. En política ni siquiera el medio plazo está asegurado y mucho menos la prestancia y popularidad de los políticos por muchos que sean sus méritos. Lo que no encaja es que si el tempo largo es el propósito del presidente, único autorizado para contratar y despedir ministros, ¿por qué hizo el pasado 26 de noviembre unas manifestaciones que sugerían una intervención rápida? Aprovechando la visita del equipo de Copa Davis a La Moncloa, el capitán, Emilio Sánchez Vicario, instó a Zapatero a recuperar el Ministerio de Deportes y renovar la Ley del Deporte, y el presidente recogió la sugerencia: "Emilio me ha lanzado unórdago y recojo el guante. Y digo que sí. Cuando haya una remodelación ministerial del Gobierno, habrá un Ministerio de Deportes. Se ha venido trabajando en esta línea y el momento merece una apuesta más decidida en todos los aspectos". Con estas palabras que cuesta creer que fueran producto de un calentón de boca, Zapatero dio pábulo a todo tipo de especulaciones y a no pocos ataques de nervios. El relevo de los ministros más políticos apenas plantea problemas salvo que el relevado fuera Alfredo Pérez Rubalcaba, pero no ocurre lo mismo con los del área económica, que en estos momentos tienen una responsabilidad extraordinaria y que es el campo en el que Zapatero se la juega. Las quinielas periodísticas sitúan a Joaquín Almunia, actualmente comisario de Economía de la Unión Europea, como vicepresidente económico y colocan a David Vegara, en quien ahora tiene puesto Zapatero todas sus complacencias, al frente del Ministerio de Industria. El cese de Pedro Solbes como vicepresidente económico y, en menor medida, el de Miguel Sebastián como ministro de Industria es para pensárselo dos veces. Cambiar el equipo económico en plena crisis podría ser contraproducente salvo que Zapatero estime que se encuentra amortizado y que mantenerlo sería más perjudicial que revelarlo. Lo cierto es que Solbes, que en su día dijo que hablar de crisis era "una cuestión opinable", muestra grandes virtudes para tiempos de normalidad pero en estos momentos en que la crisis no es una cuestión opinable, sino algo sumamente acongojante, transmite la impresión de estar desbordado por los acontecimientos. • José García Abad |
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