Carlos Berzosa, Rector de la Universidad
Complutense de Madrid
"NO TIENE SENTIDO ESTAR
AHORA CONTRA BOLONIA"
El Rector de la Universidad Complutense de Madrid es también colaborador
habitual de nuestro semanario. En esta entrevista nos ofrece su visión sobre los
cambios que está trayendo consigo la creación en Bolonia del Espacio Europeo de
Educación Superior, defendiendo su aplicación frente a las protestas de los
estudiantes y de ciertos sectores del profesorado. Aboga por la Universidad pública
y anima una gestión menos burocratizada dentro de una suficiente autonomía
universitaria.
Por P. A. N.
En qué consiste el proceso de Bolonia?
—Es una cosa muy simple; que
las universidades europeas tratamos de establecer unas reglas del juego comunes –que no quiere decir que haya ni uniformidad ni que todos vayamos a hacer lo mismo– para que los títulos de los países que han firmado Bolonia (los de la UE y otros que aún no son miembros) sean válidos para trabajar en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), y también para que los estudiantes puedan estudiar en una universidad europea y eso no suponga ninguna dificultad a la hora de las convalidaciones. Creo que es un poco crear el espacio europeo del conocimiento.
—¿Qué pilares establece?
—Fundamentalmente que todos los estudios deben dividirse en grados y postgrados, y luego doctorado; que cada curso debe tener 60 créditos europeos, y que, por tanto, los países eligen si impartir el primer grado en tres años, que serían 180 créditos; o en cuatro (240). En eso Bolonia dejó libertad a los países para establecer la duración de sus estudios. La mayor parte de los Estados han optado por un grado de tres años, y máster de dos, mientras que en España, por diversas razones, se ha optado por grados de cuatro años, lo que ya genera una disfuncionalidad. Pero creo que esto tampoco es el problema principal. El crédito europeo es un sistema de valoración sobre las materias que hay que cursar a lo largo de los estudios. Si en España un crédito valía diez horas de clase presenciales, ahora se van a considerar, no solamente las clases presenciales, sino también el trabajo que el alumno tiene que realizar para superar las determinadas materias. Es una obtención de valoración diferente, pero racional y lógica. Sabemos que en Francia, por ejemplo, va a haber Licenciatura de Economía, a 60 créditos por curso, igual que en España, y eso va a facilitar la validación de los títulos. Bolonia no es más que eso; lo demás es complicar las cosas innecesariamente.
—Usted ha comentado en alguna ocasión que los problemas pueden estar en las diferencias de aplicación que se están dando en España.
—Creo que en España nos hemos complicado de una forma innecesaria. Cuando hablo con profesores de la Unión Europea y amigos que viajan a estos países y vienen con las experiencias de lo que allí está sucediendo, te dicen que en esas naciones han adaptado lo que había a estas directrices de Bolonia: grados de tres años, máster de dos,60 créditos por curso, y no se han complicado la vida. Y aquí nos hemos puesto a discutir si había que cambiar todas las titulaciones, si iban a durar cuatro años, se dijo que unos cuatro y otros, tres; después se dijo que tres teóricos y uno de prácticas; más tarde llega la ministra Mercedes Cabrera y dice que todos a cuatro... Nos hemos ido complicando nosotros solos. Luego hay asuntos sin resolver, como las ingenierías, y estamos pendientes de ello.
—Pero, ¿por qué protestan los estudiantes?
—Porque consideran que el proceso de Bolonia es algo que no se corresponde con la realidad, pero lo dicen. Se oponen a la privatización de la Universidad, a la mercantilización. Porque piensan que los títulos, al bajar la duración de los estudios y los créditos –las licenciaturas ahora tienen más de 300 créditos y van a pasar a 240-, piensan que se devalúan los títulos. Consideran que para tener el mismo nivel que antes hay que tener un máster, y que los máster van a ser más caros que los títulos de grado; eso es lo que dicen que es la privatización de la enseñanza.
—¿Y no es cierto?
—No. Las tasas que hay en la Universidad española son relativamente bajas; suben todos los años con el IPC y, a veces, un poco más. Los máster se han puesto también a pre cio público, equivalente a lo que valía un doctorado, que sí es un precio superior a los costes de las licenciaturas actuales. Lo que pasa es que el doctorado eran 32 créditos, y el máster son 60, y como el precio está establecido por créditos, es más caro. Al final recibes más enseñanza, más créditos, pero te cuesta más.
—Hay profesores, algunos de gran prestigio, que coinciden en la argumentación de los alumnos.
—Hay profesores de gran prestigio en esta posición, pero son una minoría muy reducida. Está muy localizado en facultades de Humanidades, y también de Ciencias Políticas y Sociología –en Económicas hubo alguna contestación al principio, pero ya no la hay; los profesores de Economía (que hay muchos de izquierdas) tampoco se están movilizando contra Bolonia–, porque piensan que las Humanidades van a quedar mal en el proceso de Bolonia, porque consideran que todo va a girar en torno al mercado. Pero mire, acabo de llegar del Consejo de Gobierno, y acabamos de aprobar diez titulaciones. Una de ellas es de estudios de Filología Clásica, de Griego y de Latín, y he hecho una defensa de que esos estudios deben estar presentes en la Complutense, porque tienen mucha historia, mucho prestigio, y tienen catedráticos muy ilustres. Creo que esa concepción sobre Bolonia que tienen algunos profesores se la han inventado. Deberían demostrar por qué Bolonia es lo que ellos dicen, y no lo están haciendo.
—¿No significa entonces la entrada de capital privado en la universidad pública?
—No. Las universidades tenemos relaciones con empresas, y podemos tener más. Pero se hace con unos convenios en los que la Universidad pone sus reglas del juego. A veces la relación con la empresa es positiva para la Universidad. Por ejemplo, el Banco de
Santander y Caja Madrid, que son las instituciones financieras con las que trabajamos para el pago de nóminas y de las tasas, nos dan un dinero a cambio de los beneficios que puedan obtener con esta concesión. El dinero que nos dan a cambio lo utilizamos en proyectos de investigación, en cooperación al desarrollo, para conciertos de música clásica, para los Cursos de Verano de El Esco= rial, para la Escuela de Verano, para la Escuela Latinoamericana. O sea, docencia, investigación, solidaridad y formación cultural. A mí jamás me ha dicho el Banco de Santander o Caja Madrid que no están dispuestos a financiar cursos de la izquierda más radical –por otra parte, profesores muy prestigiosos–. Recibimos la financiación, pero lo organizamos con criterios académicos y, hasta ahora, no hemos recibido ninguna interferencia. También hay muchos investigadores que tienen acuerdos con empresas que les financia la investigación. No veo nada malo en ello. Vivimos en una economía social de mercado, y la empresa existe. Si la empresa confía en la Universidad y está dispuesta a financiar proyectos de investigación, a nosotros nos viene bien, siempre y cuando esa investigación no estuviese determinada por la financiación de la empresa.
—La Comunidad de Madrid llegó a retirar en algún momento un 30 por ciento de la subvención a la Complutense.
—Sólo quitaron un 30 por ciento de septiembre. Iban a hacer lo mismo con octubre, noviembre y diciembre, pero como ha habido respuestas, nos han pagado completo el resto, aunque nos han reducido mucho en inversiones, pero gastos corrientes –para pagar las nóminas–, de momento, este año, nos han reducido sólo septiembre.
—El hecho de que esto pueda repetirse, ¿le lleva a pensar que la Universidad, la Educación deberían permanecer en manos del Estado central?
—La verdad es que ciertas comunidades autónomas han cuidado muy bien a sus universidades, especialmente las que tienen sólo una universidad, y en otras también. Luego otras tenemos más dificultades, como con la Comunidad de Madrid. A lo mejor hay universidades, como la Complutense, que le resultan muy grandes a esta comunidad, que somos más poderosos que la comunidad autónoma, casi. Eso hace que tengamos problemas. Depende no de la comunidad, sino del talante que tenga cada comunidad para defender a sus universidades públicas.
—Pero en el caso que atañe a la Complutense no parece que exista ese talante.
—No, por el Gobierno que esta ahí. Pero si el Gobierno central fuera del PP, a lo mejor tampoco era muy buena la relación con las universidades.
—También llama la atención que las universidades ya no pertenezcan competencialmente al Ministerio de Educación, sino al de Ciencia e Innovación.
—Creo que eso ha sido un error. Venían con la idea del binomio universidad-investigación, que hay que incorporar la Universidad al aparato productivo, a la innovación. Pero ahora se ve que es un error, que la Universidad no se puede desligar del aparato educativo general.
—¿No formará esto parte del miedo que tienen los estudiantes a que se desvirtúe la educación superior?
—Ese es un argumento que utilizan; que la investigación y la innovación hacen que la Universidad quede vinculada al mundo empresarial. Pero no tiene por qué ser así. Sí es verdad que hay una tendencia a que la investigación se vincule más a la innovación, aunque, en principio, eso tampoco es negativo. Realmente vivimos en un mundo en el que las innovaciones son el resultado de las investigaciones hechas por universidades, pero quien luego las pone en marcha son empresarios. Gracias a eso tenemos teléfonos móviles, Internet y otras muchas cosas.
—¿Cuál es entonces el modelo de Universidad que necesitamos?
—Yo creo que el modelo de universidad pública. Fundamentalmente es el modelo que existe en toda Europa. El nuestro es muy bueno y muy importante; lo que hay que hacer es apoyar más a la universidad financieramente y moralmente. En todo caso, habrá que corregir los errores. Es demasiado funcionaria!, demasiado burocrática, y habría que buscar fórmulas para que fuera gobernada más ágilmente, y para que fuera capaz de contratar a profesores valiosos, tanto españoles, como del resto del mundo, y que tuviéramos la oportunidad de funcionar con mejores medios y recursos. Hemos de modernizar la universidad modernizando la gestión. Esto permitiría a la universidad española ser una institución competente, dinámica y al día.
—¿Algún mensaje final?
—Bolonia es importante porque permite más oportunidades para los estudiantes. Hay que entonar el mea culpa porque en España lo hemos hecho mal; lo que tenemos que hacer son buenos planes de estudio y hacer el seguimiento para que la docencia sea de calidad. Los estudiantes deben desempeñar un papel fundamental participando en los planes de estudio, denunciando a los profesores incumplidores o de bajo nivel. La labor de los estudiantes es muy positiva, pero no tiene sentido estar ahora contra Bolonia, sino apostar por crear un Espacio Europeo de Educación Superior y, eso sí, deben participar en los órganos de gestión de la Universidad para que todo esto que denuncian nunca llegue a ser realidad. •
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