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Internacional
Nº 813
8/12/2007
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El equipo del futuro presidente no responde al slogan del cambio


HILLARY CLINTON, LA ENVIADA DE OBAMA

Olviden las primarias. Pulsen la tecla "borrar" en su memoria electoral del año 2008, repleta de cruces de acusaciones entre Obama y Hillary Clinton. Aquello es prehistoria, o eso invita a pensar el nuevo presidente electo con el nombramiento de la ex primera dama como jefa de la diplomacia estadounidense. La era Obama calienta motores.


Por Eloy Parra (Washington)

EI "billete de ensueño" formado por ambos políticos, y debatido hasta la saciedad por la prensa americana, se materializará en el nuevo gobierno demócrata, con permiso del vicepresidente Joe Biden. De este modo, serán cuatro los candidatos demócratas de las primarias los que servirán en el nuevo gobierno: Obama, Biden, Clinton y el recién nombrado secretario de Comercio, Bill Richardson, único hispano del gabinete.

La decisión del presidente electo llevaba semanas copando los titulares de los periódicos y no ha cogido a nadie por sorpresa. Obama esperó a que pasara el famoso Día de Acción de Gracias para que los estadounidenses tuviesen la cena en paz. El lunes 1, digerido el pavo, presentó en Chicago –sede de su administración embrionaria– a su equipo de seguridad nacional, que liderará Hillary Clinton como secretaria de Estado. La acompañará Robert Gates, actual secretario de defensa con Bush, quien mantiene su puesto pese a la sustancial transformación que, teóricamente, deberían encarnan ambas administraciones. La sensible mejora en Iraq desde que Gates se hiciera cargo de la situación hace dos años ha llevado a Obama a depositar su confianza en él, cumpliendo así su promesa de incluir a un republicano en su equipo de gobierno.

Pero es precisamente la promesa de cambio la que parece quedar en entredicho con estas dos designaciones. Sacar ahora del baúl a quien fue su mayor rival en las pritración de Bill Clinton– y mantener a la última cara visible de la guerra de Iraq son apuestas que Obama puede permitirse gracias a su estratosférica popularidad, como lo demuestra la encuesta de USA Today/Gallup donde el 69 por ciento de los norteamericanos apoyan el nombramiento de Clinton. El anuncio, no obstante, ya ha hecho torcer el gesto a los seguidores que se tomaron al pie de la letra sus promesas de cambio en Washington. Quedan atrás las acusaciones vertidas por Obama sobre la dudosa experiencia de Hillary en política exterior, que durante las elecciones primarias resumió en haberse tomado unas cuantas tazas de té con varios líderes mundiales. Son palabras, ha señalado Obama, pronunciadas en el calor de la campaña, "pero entiendo que ahora diviertan a los periodistas." El candidato del cambio, ahora presidente de todos, pide al ciudadano que se fíe de su criterio, y al mismo tiempo, que se esfuerce por tener la memoria más corta.

Poner fin a la guerra de Iraq es la tarea number one en política exterior para el nuevo presidente, quien indicó que dieciséis meses, a partir de enero, parecen un tiempo prudente para retirar las tropas. Lo cierto es que no tiene prisa. "Escucharé las recomendaciones de los comandantes", declaró Obama, cuya prioridad no es tanto salir corriendo del avispero iraquí como garantizar la seguridad de sus tropas en la transición y asegurar que el gobierno de Bagdad desarrolle las políticas necesarias para proteger a su pueblo.

De esta manera, Hillary tomará en enero el relevo de Condoleezza Rice como cabeza visible de la diplomacia americana y, además del mencionado Gates, contará con James Jones, ex comandante supremo de la OTAN, como consejero de seguridad nacional. Jones tiene fama decir verdades que logran irritar a los círculos del poder político, lo cual le ha valido el respeto tanto de republicanos como de demócratas en el congreso. De su boca salió la siguiente declaración sobre Afganistán: "No se equivoquen, la OTAN no está ganando esta guerra", subrayando así la importancia de vencer este conflicto por encima del iraquí, ya que de no cosechar un éxito en la tierra de los talibanes, "estaremos mandando el mensaje a las organizaciones terroristas de que Estados Unidos, la ONU y los 37 países con tropas allí pueden ser derrotados." La experiencia de Jones al frente de la OTAN, unido a su nuevo cargo, debe interpretarse como el prólogo de la intensificación de esfuerzos que la administración de Obama solicitará a la comunidad internacional en el frente afgano.

Otras caras nuevas en el equipo incluyen a Susan Rice, quien será embajadora de EE UU en la ONU, y Janet Napolitano, actual gobernadora de Arizona, que pasará a ser secretaria para la seguridad nacional, puesto equivalente al de ministra de Interior.

Otro nombre que entra en el gabinete deObama, y que ya trabajó para Bill Clinton, es Eric Holder Jr, encargado de la fiscalía general. La cartera de salud, otro listón que se antoja alto teniendo en cuenta la promesa de dar cobertura médica a todos los americanos, será para el senador por Dakota del Sur, Tom Daschle.

Un plato igualmente esperado era el nombramiento del equipo económico de la administración entrante, anunciado en fechas previas a la confirmación de que el país se encuentra en recesión desde diciembre de 2007.

En el plantel de economistas –una profesión dejada de lado durante la era Bush– destacan Tim Geithner, actual jefe del Banco de la reserva federal de Nueva York, como nuevo secretario del Tesoro y Paul Volcker, de 81 años, responsable del recién creado comité de recuperación económica, que ya sirvió como jefe de la reserva federal con Jimmy Carter y Ronald Reagan. También contará con Larry Summers, en labores de director del consejo económico nacional, sobre quien Obama recordó su papel como "arquitecto central de las políticas que llevaron al mayor crecimiento económico en la historia americana, con más de 20 millones de nuevos empleos" durante la era Clinton.

Se unen a la lista Peter Orszag como director de la oficina de gestión del presupuesto y Christina Romer, cabeza del consejo de asesores económicos. •


Lincoln, el referente eterno

Nació en una familia modesta, hijo de un padre distante, ejerció de abogado y se instaló en Illinois, donde sería elegido para la cámara nacional. Llegando de la nada, y con poca experiencia en el ruedo político, decidió presentarse a presidente, y se impuso en las primarias de su partido al senador por el estado de Nueva York, a quien más tarde nombraría secretario de estado. Hasta ahí, nadie sabría decir si esta biografía pertenece a Abraham Lincoln o a Barack Obama.

Y las similitudes entre ambos podrían continuar, salvando el hecho de que Lincoln representaba al partido republicano y Obama, al demócrata. Según la historiadora Doris Kearns Goodwin, autora del libro sobre Lincoln "Team of Rivals" (Equipo de rivales), el decimosexto presidente de EEUU elaboró el gabinete más inusual de la historia –corría el año 1861- al reunir en él a políticos enfrentados entre sí. Una decisión arriesgada que resuena estos días al observar el equipo de gobierno creado por Obama, repleto de fuertes personalidades destinadas a chocar y a confrontar sus ideas. Ese es exactamente el tipo de problema que el nuevo presidente dice querer tener.

Este paralelismo entre ambos presidentes, publicado por The Washington Post, profundiza en la figura de Lincoln como fuente de inspiración para Barack Obama, quien declaró en un programa televisivo: "hay una sabiduría y una humildad en su idea de gobierno que encuentro muy útil".

En su elección de secretario de estado, Lincoln confió en su rival William H. Seward. "Al principio", apunta la autora de la citada obra, "la gente se preguntaba si Lincoln sería ensombrecido por Seward, pero al final éste demostró ser su mejor amigo, y pasó a la historia de manera más profunda que si hubiera permanecido como senador por Nueva York." Interpretar que Hillary y Obama vayan a convertirse en uña y carne es material para la imaginación de cada uno, y para las páginas de historia aún por escribir, pero que un cóctel de ingredientes similares diera buenos resultados en el siglo XIX puede apuntarse como un precedente de buen augurio.

Dicho esto, Lincoln –cuyo 200 aniversario de su nacimiento tendrá lugar en febrero de 2009- no ha sido la musa exclusiva de Obama. Otros presidentes como los dos Roosevelt –Theodore y Franklin Delano-, Eisenhower, Nixon y el mismo George W. Bush han nadado en las fuentes que documentan la carrera de Lincoln, el hombre que vio a su país dividirse en la Guerra de Secesión y que abolió la esclavitud. "Todo presidente en el despacho oval se sienta y piensa sobre Lincoln", comenta en el artículo el historiador Douglas Brinkley, "porque por muy mal que vayan las cosas, él lo tenía aún peor."

Hace tres años, Obama escribió para la revista Time: "en días difíciles, su retrato, que cuelga en la pared de mi despacho, me calma y me hace preguntas." La descripción del entonces senador, hoy presidente electo, destila serenidad. Lo hará aún más si logra dar con las respuestas acertadas.

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