Nº 813 -8 de diciembre de 2008
 
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De la heroína en calcetines y también
de la heroína en bragas

La presidenta de la Comunidad de Madrid (...) ha traspasado, y ha dado ocasión, así, a no pocas críticas por haber abandonado en Bombay a una parte de su delegación. Eso, que nunca se le hubiera reprochado a una testigo, se convierte en prueba de cargo contra quien ha preferido exhibirse como heroína en calcetines". Tan severísimo párrafo corresponde a uno de los tres editoriales diarios que ofrece El País a sus lectores. Fue publicado el domingo 30 de noviembre en el comentario editorial titulado El acento. Aguirre salvó su vida en Bombay y de eso nos alegramos todos los ciudadanos bien nacidos de este país llamado España. Pero las autodenominada y superambiciosa lideresa no estuvo a la altura de las circunstancias. O, si pretendemos ser más rigurosos, no estuvo a la altura de una circunstancia. Ella no es, para bien o para mal, una ciudadana más. Ella es ni más ni menos que la presidenta de la Comunidad de Madrid y de todos es sabido que, además, intenta ser la candidata del Partido Popular en las próximas elecciones generales previstas en principio para el año 2012. Ello es perfectamente legítimo lo cual, sin embargo, obliga a comportarse de un modo muy distintos al que escogió; el de salir huyendo de una tragedia y olvidándose de los empresarios invitados por ella a un viaje de negocios muy conveniente para los intereses madrileños y españoles, pues la India es un Estado, a pesar de todo, emergente desde el punto de vista económico e incluso democrático.

La lección se la dio a Esperanza Aguirre el eurodiputado de CiU Ignasi Guardans. El político catalán, nieto por parte de madre de Francesc Cambó, que fue un dirigente del regionalismo catalán, con ciertas dosis de nacionalismo, muy por encima de la media en cuanto a la praxis política, estaba también en Bombay por motivos bien distintos a los de Aguirre. Presidía una delegación de eurodiputados. No quiso marcharse de inmediato del escenario del drama provocado por furibundos terroristas, dispuestos a matar sin escrúpulos. Guardans Cambó tenía una plaza de avión para regresar a España. Y se quedó en Bombay. "No quise irme hasta que el último funcionario abandonara Bombay", declaró. Guardans Cambó puso en tela de juicio la actitud de Aguirre. Narciso de Foxá, alcalde del PP en Majada-honda le contestó con dureza: "Me parece una mezquindad decir eso en esas circunstancias y más él que ni siquiera las ha vivido". Guardans Cambó se manifestó sorprendido "por el diferente trato que tuvieron las diferentes partes de la delegación madrileña". Añadió que Aguirre hubiera podido "haber hecho más por sus acompañantes y podía haber tenido para los demás la misma iniciativa que tuvo para ella misma".

En El Periódico de Catalunya, Carlos Carnicero se pronunció sobre la conducta de Aguirre con cautela, aunque sin ahorrar algunas críticas notorias. Veamos lo que dejó escrito Carnicero: "El liderazgo exige ejemplaridad, pero este concepto, en situación extrema puede acomodarse a un plano discreto, también a medio camino entre la cobardía y la proeza. Todo esto viene a cuento de las peripecias que ha sufrido Esperanza Aguirre con un peligro claro para su vida. Sobrevivió pero renunció al heroísmo. No quiso ser la última en abandonar el barco, lo cual tampoco la descalifica. Agarró el primer billete y se vino para Madrid". La ambigüedad permanece en el artículo, aunque el párrafo final es menos complaciente con la jefa del Gobierno autonómico de Madrid. Penúltimo párrafo: "Atrás quedaron muchos de sus invitados, de los que ella era no sólo anfitriona, sino líder en misión de representación de los madrileños. Esperanza eligió seguridad frente a sublimidad. Nada que objetar, porque ya hemos establecido que no ser héroe no convierte en villano. Normalidad sin deshonra". Último párrafo: "Todo se hizo insoportable cuando los focos alumbraron los calcetines caídos en la huida. Esperanza Aguirre renunció a la heroicidad, pero no pudo privarse de los destellos de gloria que siempre proporciona un buen marketing. Afortunadamente para ella –y naturalmente para los interesados– todos sus invitados resultaron finalmente ilesos".

No obstante, al regresar a Madrid, la justicia le tenía preparada una mala noticia tanto para Esperanza Aguirre como para un grupo de sus amigotes mediáticos. "La justicia tumba las concesiones de televisión localde Aguirre", señalaba El País del sábado 29 de noviembre. La Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid dictó una sentencia en la que "sostiene que la Mesa de Contratación que evaluó las distintas ofertas no ponderó los criterios exigidos conforme al pliego de bases del concurso. La sentencia resuelve las demandas interpuestas por varias empresas de televisión que impugnaron las concesiones. Los agraciados por el favoritismo de Aguirre son el productor de cine y presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, hombre de confianza en la junta directiva de quien fuera presidente del club colchonero Jesús Gil y Gil, nefasto personaje por razones múltiples y ninguna de ellas admirable, al que Dios haya perdonado. Cerezo fue premiado con diez concesiones. La Iglesia católica (la COPE) recibió cinco frecuencias. Antena 3/Onda Cero, cuatro. Federico Jiménez Losantos, amigo de la presidenta y mandamás de Libertad Digital TV, S.A., cinco. José Frade, un tipo ubicado en la derecha más carca y presto a hacer favores al PP, obtuvo tres. Blas Herrero, el hombre que traicionó al PSOE en otro episodio de concesiones radiofónicas, dos. Intereconomía, la empresa del derechista católico Julio Ariza, una, y El Mundo, el periódico de Pedro J. Ramírez, que le hace la campaña a Aguirre en su lucha por destronar a Mariano Rajoy, una.

La heroína en calcetines ha pasado a ser, merced a este contencioso televisivo, la heroína en bragas. Se le ha visto a Esperanza prácticamente casi todo. Su arbitrariedad fue absoluta y ni siquiera se ajustó a la legalidad vigente. Repartió las prebendas entre sus amigos y paniaguados, quienes le cantan sin cesar todas sus gracias y a la que presentan como una liberal que cree en el famoso libre mercado pero que luego va y por la puerta de atrás, con nocturnidad y alevosía, regala televisiones a los suyos. Y no hablemos de Tamayo y Sáez y los otros amigos, los del ladrillo y el pelotazo. •
a toda página


Luis G. del Cañuelo

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