A 9
Números anteriores
Esta semana
Lista artículos de Borrell
Nº 813 - 8 de diciembre de 2008

Doha y la financiación de la ayuda al desarrollo

Acabo de llegar de Doha donde se ha celebrado la Conferencia de las Naciones Unidas para el seguimiento de los acuerdos de Monterrey (2002) sobre financiación del desarrollo. Las cosas han cambiado mucho desde Monterrey, y no siempre a mejor. La crisis financiera y la recesión económica global van a hacer más difícil que nos tomemos en serio los ambiciosos objetivos de ayuda a los países pobres que nos fijamos en México.

En los dos últimos años, un dramático aumento del precio de los alimentos produjo 75 millones más de hambrientos. Y, a pesar de la caída de los dos últimos meses, los precios de los cereales siguen siendo un 13 por ciento más altos que la media de 2007. A los países más pobres los alimentos todavía les cuestan el doble que en 2002.

El cambio climático empeorará la situación, disminuyendo la capacidad de producción de muchos países, especialmente en África, donde el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola espera una disminución de los rendimientos del 20 por ciento en la próxima década.

Por ello, la prioridad, como ha repetido el secretario general de la ONU, es invertir en agricultura, que ha sido cada vez más la hermana pobre de las políticas de desarrollo. El presidente de la Comisión Europea se ha podido presentar en Do-ha anunciando el acuerdo del Parlamento y el Consejo de Ministros para financiar los 1.000 millones de euros adicionales para semillas y abonos en los países más afectados por la crisis alimentaria. No serándel todo adicionales, puede que un 25 por ciento provengan del reciclaje de otras partidas, no provendrán de los créditos no utilizados de la PAC, como proponía la Comisión, y se desembolsarán en tres años en vez de una sola vez en 2008, pero la UE se salva del estrepitoso ridículo que hubiese significado no cumplir con un compromiso tantas veces reiterado.

Para hacer frente a la crisis alimentaria hacen falta unos 30.000 millones de dólares anuales durante cinco años. Como han señalado insistentemente las ONG presentes en Doha, es una cantidad muy pequeña comparada con el baile de billones que está costando el salvamento del sistema financiero. Y sin embargo parece imposible conseguirlos...

Muchas voces se han levantado en Doha pidiendo una regulación del sistema financiero internacional que combata la especulación en los mer- cados monetarios y de materias primas y acabe con los paraísos fiscales. Y ello debería exigir una participación de todos los países, y no sólo los del G-8 ahora ampliado al G-20 ante la aplastante evidencia de que no se puede pretender resolver los problemas del mundo de hoy sin China, India, Brasil...

Lo reconocía el presidente francés, Sarkozy, actuando a la vez como presidente del Consejo Europeo, insistiendo en que la Unión Africana esté presente en la próxima reunión de Londres para tratar de la reforma del sistema financiero. Pero la petición de que esa reforma se aborde en el marco de las Naciones Unidas caerá en saco roto ante la firmeoposición norteamericana.

Como nos recordaba Sarkozy en Doha, la UE aporta ya el 60 por ciento del total de la ayuda al desarrollo y se ha comprometido a cumplir el objetivo de destinar el 0,7 por ciento de su PIB a ayuda al desarrollo en 2015. Pero, pocos días antes, el Consejo Europeo no consiguió que sus miembros se comprometieran a fijar un calendario para el cumplimiento de ese objetivo, que hoy sólo respetan cinco países de la Unión, los cuatro escandinavos y Luxemburgo.

La Administración Bush nunca ha aceptado el objetivo del 0,7 por ciento y no quiso que en Doha se avanzara en la búsqueda de nuevos mecanismos "innovadores" de financiación del desarrollo, como el impuesto sobre los billetes de avión impulsado por Francia desde la anterior reunión de Monterrey.

Pero lo cierto es que la crisis económica global no tendrá solución sin una nueva regulación financiera internacional que sea a la vez más eficaz, más comprometida con un reparto más justo de la riqueza, y más legítima porque asocie a los países más pobres.

Hace 30 años que éstos sufren las consecuencias de la carrera especulativa de la finanza mundial a través de un doloroso drama en cuatro actos: el endeudamiento del los años 70, la crisis de la deuda de los 80, los ajustes estructurales impuestos por el FMI en los 90 y ahora la recesión económica, que tendrá para los países emergentes consecuencias sociales muy graves. •


José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

Números anteriores
Esta semana
Lista artículos de Borrell