Lotería judicial
Por José M. Benítez de Lugo*
En estas fechas en las que muchos aspiran a que el 22 de Diciembre la diosa Fortuna se fije en ellos, parece oportuno señalar que el que a un ciudadano le concedan la Justicia que pide a un Juzgado o Tribunal, es también a menudo (no siempre desde luego), cuestión de suerte. Así como suena y me voy a explicar.
Por supuesto que nadie discute que todos somos iguales ante la Ley, pero el problema surge cuando se trata de aplicarla, pues ahí ya se pasa de la teoría a la práctica, de lo que dijo el legislador a lo que decida el juez y éste como ser humano que es, tiene sus filias y sus fobias, sus prejuicios morales y sociales, las experiencias por él vividas, sus actitudes y aptitudes, factores todos que influyen necesariamente en sus decisiones aunque pueda ocurrir que por ellos mismos no se perciba, tomando muchas veces decisiones por consideraciones extrajurídicas aunque, luego las revistan de ropaje jurídico.
Pongamos dos ejemplos paradigmáticos: el del juez Ferrán Calamita que está siendo juzgado porque retrasó indebidamente la adopción de una niña por su madre biológica y su compañera, disfrazando su repulsa moral al tema, exigiendo la realización de trámites innecesarios, y que ha llegado a afirmar con desparpajo que "me río de la independencia de los jueces" y que "una cosa es lo que dice la Ley y otra es mi opinión", afirmaciones éstas harto sorprendentes viniendo de un "llamado" juez. Y sin embargo si el tema de esa adopción se le hubiera asignado a un juez de los llamados "progresistas", la adopción se habría resuelto en breves plazos y sin problemas, como era lo obligado según la Ley.
El otro ejemplo: Fue el "caso del ácido bórico", que la inmensa mayoría de los jueces lo hubieran archivado de inmediato; sin embargo "le tocó" a la juez Gallego que siguiendo la postura del PP y sus acólitas Asociaciones de Víctimas, instruyó un insustancial proceso contra mandos policiales pretendiendo encontrar la inexistente conexión de ETA con el atentado del 11-M, proceso que luego quedó en nada, como resolvió la Audiencia, y por cierto que no parece casual que posteriormente la citada juez fuese promovida al Olimpo judicial (el Consejo del Poder Judicial) a instancias del Partido Popular. Todo encaja.
Y lo que llevamos dicho respecto de la ideología de los jueces, es plenamente aplicable a su laboriosidad o no, pues si el azar te ha asignado un juez trabajador (hay afortunadamente muchos casos, pero uno paradigmático podría ser el juez del "caso Guateque" que lleva con encomiable vitalidad y conocimiento un macro proceso), la instrucción se irá resolviendo dentro de una razonable rapidez, pero si te toca un juez vago (con "absentismo laboral" como dijo en su día una vocal del Consejo del Poder Judicial o que "son madrugadores a la hora de ir al Juzgado... para tener más tiempo de no hacer nada" como señaló otro), estás perdido, porque tu caso se alargará sine die. Y ello resulta facilitado porque hay casos de retrasos de años en dictar sentencias, que se resuelven disciplinariamente con livianas sanciones disciplinarias.
Total, que el que se haga Justicia en un supuesto concreto, es en buena medida aleatorio, pues depende del juez al que le hayan encargado tu caso, aunque a veces a uno, desde su larga experiencia profesional, y a la vista de lo visto, le surgen dudas sobre la diafanidad y objetividad del sistema de reparto en algunos asuntos judiciales, por lo que no estaría de más que el nuevo Consejo del Poder Judicial dedicara atención a tan delicado tema. •
* Presidente Honorario de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa.
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