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Nº 812 - 1 de diciembre de 2008

José Antonio Quirós, director


"UN PAÍS QUE NO SABE APOYAR SU CULTURA ES UN PAÍS VACÍO"

Cenizas en el cielo, primera película medioambiental española, está dirigida por José Antonio Quirós y ha ganado el Gran Premio de la sección Natural Tiff en el Festival Internacional de Tokio, de reconocimiento al cine que promueve la protección del medio ambiente. A través de una historia tragicómica, el director asturiano ha planteado hasta dónde podemos llegar con las centrales nucleares y la incapacidad del hombre para enfrentarse al progreso. La película subraya que hay alternativa a las centrales para poder seguir viviendo y ha contado con el apoyo de Ecologistas en Acción y la Unesco.

Por Isabel Alcázar

Para José Antonio Quirós el cine es una herramienta de denuncia y la utiliza para protestar con humor. Lo hizo en su primera película Pídele cuentas al Rey, a través de la obstinación y el grito de un minero (Antonio Resines) que se negaba a aceptar la reconversión de la cuenca minera. Ahora protesta contra las centrales térmicas en su segunda película, Cenizas en el cielo, para hablar del impacto de una central térmica en una pequeña localidad de Asturias. Con una historia emotiva e implicada en el mundo que vivimos, Quirós sigue con su cámara a un habitante y a sus vecinos de ese hermoso valle asturiano, que lleva 40 años empleando todas sus fuerzas para denunciar la central térmica situada en su pueblo, porque está contaminando el medio ambiente, las hortalizas, las frutas y demás desde hace años y no cumple con el protocolo de Kyoto.

—¿Qué le movió a desarrollar una historia como la de Cenizas en el cielo?
—La observación de los lugares imposibles y como en nuestro país hay muchos, me detuve en un maravilloso valle asturiano y en el medio se encontraba una central térmica dominando ese espacio. Para mí era un lugar imposible y me pregunté cómo podíahaber tantas viviendas frente a una central térmica en un lugar tan maravilloso, por qué no la habían construido en otro sitio un poco escondido. Entonces empecé a excavar en las referencias periodísticas y conocí a un lugareño que llevaba mucho tiempo escribiendo a los periódicos, advirtiendo de que las cenizas que expulsaba la central ennegrecían las verduras y producían infertilidad, de cómo se estaba destruyendo el valle. Me llamó mucho la atención y me empujó a hacer esta película porque curiosamente esa central térmica se podía haber construido en el mismo entorno pero en otro lugar. Creo que si hoy en día se plantearan térmicas, centrales nucleares, fábricas, lo harían mejor que antes. La película plantea esta pequeña contradicción y se ven pequeños triunfos y pequeños fracasos y yo quise mostrar ese palo que me dio la central asturiana la primera vez que pasé por allí.

—¿Cenizas en el cielo es una oportunidad para estimular la conciencia medioambiental?
—Creo que esta película, aparte de considerarla necesaria, y por lo que he oído, la gente al terminar de verla se siente bien y se plantea preguntas, pertenece a un tipo de cine necesario, que plantee cuestiones que afectan a tantas personas, como el caso de las cenizas expulsadas en esa zona. Un poco como aquellas películas italianas que planteaban y cuestionaban muchos errores de responsables políticos, empresariales y eran como una bofetada. Yo pretendo que con mi película la gente piense un poco en la dependencia de las centrales nucleares y que hay alternativa, y tenemos que avanzar urgentemente hacia ella. Me siento agradecido por haber podido contar esta historia y me gusta que haya más películas sobre lo que pasa en la naturaleza y cómo afecta a las personas. Además, Cenizas en el cielo tiene muchos ingredientes, como amor, sexo, ecología, intriga y mucho humor.

—¿Ayudará a su difusión el premio obtenido en el Festival Internacional de Tokio?
—Espero, yo estoy muy satisfecho del premio y con el resultado de la película, porque la veo como un árbol de celuloide, donde las raíces son la resistencia y la dignidad frente a quienes posponen a las personas que viven en el Planeta por el beneficio económico. Esta película empieza a tener reconocimiento y a fortalecer una línea de cine de valores humanos, sociales y medioambientales que siempre es necesario. Las hojas de este árbol de celuloide son los actores, que con un trabajo formidable han contado muy bien la historia y viene en un buen momento porque precisamente, el próximo 22 de diciembre se cumple el aniversario de la muerte por asesinato de Chico Mendes, uno de los grandes defensores del Planeta. En Cenizas en el cielo queda claro que luchar por la Tierra, es luchar por los que la habitamos, y que ya no es una opción compartida solamente por unos pocos iluminados, sigo que cada vez es más una forma de vida, es más una necesidad de crear una alternativa que sin ella sería imposible seguir viviendo. La película habla de todo eso y además creo que lo hace de una manera poética, humana y tremendamente cercana y accesible.

—¿Qué le ha aportado rodar esta película?
—Sobre todo me ha hecho reflexionar sobre la situación que estamos viviendo actualmente, me han proporcionado mucha humanidad todos los personajes que aparecen y me han aportado una manera diferente de ver la vida. Me ha hecho pensar en gente como el lugareño que llevaba casi 40 años advirtiendo de lo que iba a ocurrir, mostrando a diversas administraciones lo que la central estaba haciendo con las verduras, las frutas... y me interesó desarrollar la idea de la incapacidad del hombre para vencer al progreso y a partir de ahí, creé un microcosmos. También esta película me ha proporcionado más serenidad y fascinación por el pueblo japonés, después de haber viajado allí para recoger el premio; es un país que coteja muy bien la tradición con el progreso y yo todavía estoy en Tokio...

—Ahora se hacen más películas españolas sobre hechos históricos ¿a usted le gusta más inspirarse en la realidad actual?
—Creo que contar una historia donde hay elementos actuales es muy difícil, pero también tiene la ventaja de tener más libertad de acción, tiene mucha más libertad para contar y recrear esa acción. Entonces, a mí me interesa más ese camino, mediante un tipo narración clásica; es decir, me gusta la narración clásica con elementos documentales de una existencia, pero recreando esa realidad; me gusta contar mis pequeños fantasmas y mis obsesiones. No se si intento aportar algo para solucionar los problemasde esta sociedad, pero si no podemos solucionarlos recurrimos al humor, como aparece en Cenizas del cielo. Yo le tengo mucho miedo al cine de género, que en cierta manera tiene cosas positivas y negativas, pero a mí me da mucho miedo y no sabría hacerlo.

—¿Por qué la referencia a la Monarquía también en esta película?
—Bueno, creo que la Monarquía es una de mis obsesiones y es un punto divertido lo de regalar a los Príncipes de Asturias unos frutos del valle contaminado. Es una manera de protestar, porque el protagonista estaba tan desesperado, había llamado a tantas puertas para que tomasen conciencia del deterioro de la huerta de ese valle a causa de las cenizas de la Central, que quiso reclamar la atención de los Príncipes de una manera un poco amable y cómica, y estuvimos apunto de ser un poco más radicales con esa protesta.

—¿Cómo aparece un sindicalista empeñado en hacer un campo de golf en el valle con los estragos ecológicos que está produciendo el golf en muchas zonas de España?
—Es que la obsesión por el golf de un sindicalista en la película está ocurriendo en la realidad y efectivamente, muchos de los campos de golf que se han realizado están ocasionando grandes problemas de agua; pero en la película es un descoloque total con el tío que sólo piensa en el golf, le da igual el medio ambiente porque coloca el golf como algo imprescindible. Entonces, hago un guiño irónico con la obsesión del golf que puede ser mal interpretado por unos y por otros aplaudido, que es lo que me gusta.

—Todavía sigue la discusión sobre la Ley del Cine y se critica la falta de colaboración entre los componentes del sector cinematográfico, ¿a qué cree que se debe?
—Yo siempre digo que en el cine deberíamos aprender de otros sectores, como la minería y otros sectores económicos en este país, porque en el cine es difícil contentar a todo el mundo y sobre todo no hay unión entre la gente del cine. Si la hubiera, nuestro cine funcionaría mucho mejor porque hay buenos profesionales, historias muy variadas, pero cada uno va a su rollo, es algo que yo no entiendo. No hay una energía común para tener mayor presencia en la sociedad y el la industria; los que defienden una cosa luego se rajan, por lo que yo digo que deberíamos mirar a los astilleros, a los mineros y si hay que poner dinamita, pues se pone; pero hay que hacer algo porque el cine es un sector que da mucho trabajo a mucha gente, que se mueve, que permite cruzar las fronteras como está ocurriendo con Cenizas en el cielo y sin embargo, no hay solidaridad, no hay unión, hay clanes que van a su aire. Por tanto, si no sirve la Ley del Cine para esto, creo que es incompleta y no ataja temas de distribución, de exhibición, el apoyo al guión y muchas cosas más, como el doblaje; la Administración de Cultura debería abordar de una vez este tema que tanto daña a nuestro cine y es un sunto cultural porque el cine cruza fronteras y un país que no sabe apoyar su cultura, apoyar lo que tiene, es un país vacío. •

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