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Nº 812
1/12/2008
El cambio en el País Vasco

Por José María Benegas

Salvo los años comprendidos entre 1978/79 (acuerdo sobre el Estatuto de Gernika) y 1986/95 (Gobiernos de coalición PNV–PSE, y Pacto de Ajuria–Enea) no se ha producido ningún acuerdo relevante en el País Vasco. Con la excepción de los periodos mencionados, que sumados suponen una década, desde la restauración de la democracia hemos vivido cerca de veinte años de polémicas, disputas, desacuerdos y tensiones agravadas por la violencia y el terrorismo de ETA. En democracia la confrontación política forma parte del sistema y entra dentro de las reglas del juego, pero en una sociedad en la que no está garantizado el derecho a la vida de una parte de los ciudadanos y el ejercicio de la actividad política no es plenamente libre, la ausencia de acuerdos sobre lo básico no deja de constituir una realidad patética. Si a lo anterior le añadimos que después de treinta años de democracia seguimos discutiendo sobre cuál es nuestro territorio, y cómo se le conoce, cómo se llama, si Euskadi (tiene dos variantes con 'z' o con 's') Euskal Herria, País Vasco o Vasconia, como le gustaba a mi abuelo, tendremos que concluir que la capacidad de pacto entre vascos está manifiestamente capitidisminuida.

Desde mi pensamiento, esta situación obedece, en primer término, a que el nacionalismo en general considera a los partidos de ámbito estatal, que, dicho sea de paso, representan a un buen porcentaje de vascos, no como adversarios políticos, sino como enemigos o bloque de contención del proyecto soberanista/independentista. ¿Cómopactar con quien resulta ser el principal obstáculo del avance del abertzalismo que, de una manera u otra, defiende un proyecto al margen de la sociedad española? Complicado.

La segunda dificultad reside en los problemas que tienen los diferentes gobiernos del Estado a la hora de entenderse con formaciones políticas cuyo proyecto es cambiante, indefinido, difuso, diferente según los tiempos o el sesgo que tengan las disputas internas partidarias. En treinta años hemos vivido la exaltación de la vía estatutaria, la muerte de la misma, la vía diseñada en Lizarra, el primer plan lbarretxe en torno a un estatus de libre asociación, el segundo centrado en el derecho a decidir y en la convocatoria de dos consultas populares y, finalmente, hoy vemos que nace como proyecto la idea del "concierto político" que, en definitiva, supongo, implicará un modelo confederal. Obsérvese que el nacionalismo vasco nunca ha defendido el Estado federal por razones obvias.

Ante esta gama de opciones me imagino que una entrevista entre el presidente del Gobierno de España y el lehendakari X, debería abordarse con una pregunta previa: ¿en cuál de las diferentes alternativas estamos hoy? Si se reclaman transferencias pendientes, ¿se supone que el marco de referencia para las relaciones políticas es el Estatuto de Gernika?, o ¿es éste, más autodeterminación, más concierto político? Cuando un interlocutor no sabe exactamente qué quiere, o, si lo sabe, se escuda en una formulación variante o cuando menos confusa para poder navegar en diferentes mares, es casi imposible el acuerdo.

Cuando se vislumbra el final de la violencia o al menos un deterioro progresivo de sus organizaciones y una disminución de sus apoyos sociales, creo que una parte importante de la sociedad vasca anhela la estabilidad política y la claridad sobre el futuro en cuanto al encaje dentro del Estado del País Vasco. Sólo la vía del autogobierno puede concitar un amplio consenso. La decisión de EA de acudir autónomamente a las elecciones, después de haberlo hecho durante años conjuntamente con el PNV, va a permitirnos saber cuál es el respaldo electoral real que tienen estas dos formaciones políticas concurriendo a los comicios por separado.

El cansancio de los gobiernos presididos por lbarretxe y por la rutina empecinada de su proyecto, la corriente social que reclama el cambio y que está aflorando en la sociedad con fuerza, la cohesión, coherencia y fuerza del socialismo vasco, más la mencionada decisión de EA, constituyen un escenario propicio para que se produzca una victoria socialista. El incremento de votos muy significativo del PSE en las dos últimas elecciones corrobora esta hipótesis, lo cual supondría dar paso en Euskadi a un proyecto enmarcado en la Constitución, en el autogobierno, en los valores de la socialdemocracia, en la aceptación del Estado y en la participación activa y leal en el desarrollo de lo que hoy representa y significa la España democrática. Un País Vasco diferente y solidario, lo cual, de por sí, después de todo lo pasado, es un proyecto realmente ilusionante. •

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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