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Nº 812 - 1/12/2008

Juan Fernando López Aguilar, candidato del PSOE a las elecciones europeas

"LA SUCESIÓN DE ZP SERÁ UNA REFLEXIÓN COLECTIVA"


Vive en una vorágine de aviones entre las Islas Canarias, donde acaba de revalidar su liderazgo como secretario general del PSOE regional, y Madrid, donde preside la Comisión de Administraciones Públicas en el Congreso de los Diputados. Además, su reciente designación como cabeza de lista del PSOE a las elecciones europeas le mantiene con un pie puesto en Bruselas y Estrasburgo, además de en Washington, donde ha vivido de cerca la campaña del ya presidente electo estadounidense. Pero atiende a todo. Juan Fernando López Aguilar vive pegado al móvil, "como instrumento de trabajo", aclara, y pendiente de la crisis económica que, según estima, hace más necesaria, todavía, la victoria de los socialistas en los comicios europeos.

Por I. S.

Qué expectativas tiene de cara a las elecciones europeas?
—El planeta está sacudido por una crisis de dimensiones históricas y no hay ninguna otra fuerza en Europa en disposición de ejercer un liderazgo efectivo más que el PPSOE. Por tanto, no sólo aspiramos a ganar en España, sino a ejercer el liderazgo que requiere la izquierda europea en un momento en el que Europa es más necesaria que nunca.

—¿Qué candidato prefiere por parte del PP: Mayor Oreja o Ruiz-Gallardón?
—Esa es una decisión del PP. Sólo diré que cualquiera que pueda contribuir a una campaña que anime a la participación será una magnífica noticia. Por tanto, animo a que salgan al campo con lo mejor que tengan.

—En cuanto al resto de candidatos del PSOE. ¿Va a haber mucha renovación en su lista, tal como ya hubo en las generales?
—La representación española desciende de 54 a 50 escaños, pero aspiramos a revalidar nuestra primacía. Es decir, que aspiramos a formar una lista con los mejores. Razonablemente, va a haber integración generacional y territorial, además de paridad.

—La número dos de su lista ha de ser una mujer. ¿Hay ya candidatas?
—Sí. Todos tenemos ideas al respecto, pero no me corresponde adelantarlas. Es una decisión colectiva.

—Va a llegar usted a la política europea en un momento crítico. ¿Cree que la UE está respondiendo a la crisis como debería?
—La Unión Europea está en una encrucijada y en serias dificultades. Una razón es exógena: la globalización, que es irreversible. La segunda es endógena: la Unión se ha hecho cada vez más complicada y heterogénea. En la metáfora de la bicicleta, que se cae si no pedalea, resulta que continúa teniendo dos ruedas pero ya tiene 27 sillines.
Y es difícil pedalear de forma eficiente. Precisamente por eso hace falta hacer el trabajo y, sobre todo, quien lo haga. Y el Partido Socialista está en condiciones de aportar oxigenación y liderazgo para sacar a Europa de la crisis. Lo que decidan las elecciones de junio, no sólo los gobiernos de los 27, en su mayor parte conservadores, tiene una importante fuerza. Y yo quiero transmitir el mensaje de que nos jugamos muchísimo en este envite. En Estados Unidos se ha abierto paso el cambio, el rechazo al unilateralismo con el que se ha movido la Casa Blanca y la búsqueda de una complicidad con Europa. Para que eso funcione hace falta que Europa esté al otro lado del teléfono.

—¿En esa complicidad, Zapatero puede ser para Obama el Blair que tuvo Bush, tal como ha dicho el "Washington Post"?
—Estoy seguro que el cambio en la Casa Blanca va a propiciar un relanzamiento de una relación bilateral que siempre ha sido sólida pero adolecía de falta de sintonía en la cúspide. Que ahora haya sintonía entre presidente y presidente es una magnífica noticia. No sólo, como señala el "Washington Post" por la coincidencia de una malla generacional y de caracteres, sino por lo que es mucho más importante, por las agendas. Yo he seguido muy de cerca la plataforma de cambio de Obama, y tiene afinidades claras con la agenda socialdemócrata del gobierno Zapatero. Si además añadimos una sensibilidad profunda con los que menos tienen, esa complicidad va a funcionar muchísimo mejor que por la coincidencia generacional o la afición por el baloncesto. Esa complicidad puede ser crucial para apoyar el renacimiento de la relación trasatlántica de España hacia Estados Unidos y con el liderazgo de España en el conjunto de la UE.

—¿Entraría en esa complicidad que el gobierno español admitiese intervenir en las empresas en crisis? En estos últimos días se ha generado un importante debate dentro del PSOE sobre cómo actuar en el caso de Repsol. Otros gobiernos de la UE están nacionalizando sin complejos.
—Yo creo en el acierto estratégico del gobierno a la hora de enfocar estos tiempos de dificultad. Para empezar, declinando cualquier tentación de alarmismo o demagogia. No hay otro gobierno europeo que haya
adoptado una panoplia de decisiones tan engranadas y bien dirigidas a aprovechar esta crisis como oportunidad y para mejorar nuestro modelo de crecimiento como el español. Dicho esto, en cuanto al caso de Repsol, apoyo la serenidad y templanza que está mostrando el gobierno. No hay que precipitarse. El margen de maniobra es el que le corresponda por ley. Además el gobierno está plantando cara al cinismo de la derecha que, como de costumbre, está intentando galopar en la ola de sus propias contradicciones como si la gente fuera tonta y no supiera del origen de las privatizaciones.

—Pero parece que dentro del PSOE no todo el mundo lo tiene tan claro como usted.
—Sucede que el accionariado de Repsol no depende del PSOE Por eso recomiendo templanza, y seriedad a la hora de invocar nada menos que el interés nacional. Estoy convencido de que el gobierno hará lo que tenga que hacer.

—Acaba también de ser reelegido secretario general del PSOE canario. ¿Se puede dirigir el partido desde Estrasburgo?
—Se me ha dicho eso mismo respecto a mi trabajo en la política nacional, en el gobierno o en el Congreso. Yo respondo, invariablemente, que lo que algunos llaman en Canarias ridículamente "Madrid" no es un planeta remoto sino una identidad a la que pertenecen los canarios. Exactamente lo mismo con la identidad europea. El parlamento europeo no es una galaxia exterior. La política es un trabajo de equipo. Y con el equipo formado estoy seguro que podremos remar en la dirección adecuada. A veces me han preguntado si se puede hacer trabajo político desde el móvil. Yo siempre respondo que el móvil es una herramienta de comunicación como lo es el correo electrónico. De la misma manera que cuando estoy en Gran Canaria hablo con mis compañeros de las otras islas por el móvil, o cuando estoy en Madrid, desde Bruselas se puede estar permanentemente en contacto. Mi presencia política en Canarias está garantizada. Además está mi presencia física porque soy hijo y vecino de la tierra canaria.

—Es usted, entonces, un forofo del móvil, igual que Zapatero.
—Yo no lo soy, pero es una herramienta. Uno no lo hace por placer, sino por utilidad.

—Decía lo del móvil porque quien habla por él con el presidente, al margen de filtros oficiales, suscita recelos en el PSOE. Precisamente usted es uno de los que siempre ha estado en el "núcleo duro" de Zapatero y, a partir de esta legislatura parece haber perdido esa proximidad. ¿Es consciente de ello?
—Yo comparto con José Luis una visión enaltecida de la política como un espacio público en el que hay que estar con dignidad: saber estar y saber dejar de estar. Eso quiere decir que me siento muy gratificado de la amistad y de la oportunidad de conversar y discutir con el presidente cuando hace falta. Lo hago con frecuencia. Al mismo tiempo, planto cara a quienes pretenden hacer criptología de signos tan superficiales como el empeño en el que nos toque estar en un momento determinado. Porque nada de eso es relevante. Ni en el trabajo colectivo ni en las proporciones históricas de lo que estamos haciendo. Podría ironizar respecto de quienes, en estos momentos, puedan aparecer como más próximos y hace cuatro años eran inexistentes. El trabajo que pusimos en marcha en el 35 congreso nos ha hermanado de una forma muy sincera y
cerrada a unos cuantos. Yo me siento parte de ese equipo. Por eso no me afecta lo más mínimo la interpretación que pretenda decir que se está más cerca o más lejos en función de la viñeta en la que te toque estar.

—¿No se ve usted, de nuevo, de ministro en un futuro gobierno de Zapatero?
—Yo ya he sido ministro. Nada ni nadie puede cambiar eso. Fui ministro gracias a Zapatero y mientras él sea presidente, todos los que le ayudamos todos los días a revalidar su liderazgo, que es bien difícil y cuesta sudar mucho la camiseta, estamos a su disposición. Es lo único que puedo decir. Pero desaconsejo que se hagan cálculos en un trabajo de equipo en el que hay tantos imponderables como en la política. La política no es una carrera, ni siquiera de fondo. Tampoco es una profesión. Es una actividad que requiere espíritu de servicio permanente. Si yo he sido ministro no fue porque haya dado nunca un codazo. Si soy secretario general de los socialistas canarios no es por haber dado empujones.

—¿Da credibilidad a las especulaciones sobre que Zapatero podría irse en 2012?
—Sé muy bien que en la democracia española la construcción de liderazgos es uno de los desafíos más delicados. No fue fácil reemplazar a Felipe. No fue fácil para el PP digerir el "dactilazo" con el que Aznar intentó imponer su sucesor. Y es seguro que no va a ser fácil renovar a ZP. Pero, una vez más, es un trabajo colectivo. Lo primero es aprender de la experiencia. Va a ser un desafío que habrá que acometer en su momento. Pero en su momento. Por eso creo que José Luis, que es un tipo reflexivo y astuto, debe estar elaborando su reflexión pero todos los demás debemos asumir nuestra parte en esa reflexión, que es colectiva. Nadie, en una organización democrática, y eso lo sabe muy bien José Luis, puede resolver un intangible tan precioso y delicado como ése por sí solo. Va a necesitar ayuda y se la tendremos que dar.

—¿Sería la hora de una mujer?
—En igualdad de condiciones con un hombre. Ese es uno de los frutos más brillantes de esta etapa de gobierno socialista.

—Se habla de la ministra de Defensa, Carme Chacón...
—Sí, pero en igualdad de condiciones que un hombre. Es lo que me importa subrayar.


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