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Nº
812 - 1/12/2008
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CÍU Y SU MALA SALUD
DE HIERRO Las relaciones entre Convergéncia Democrática y Unió, integrados en CiU desde
hace 30 años, no pasan por su mejor momento. Los escarceos de Josep Antoni
Duran i Lleida con José Montilla, así como sus propuestas de sociovergencia, no
han sentado bien en las filas convergentes. Aunque el historial de desacuerdos
entre ambos partidos es tan largo como lo que llevan juntos de recorrido, la acritud
mostrada últimamente lleva a muchos a pensar qué sentido tiene, más allá del
puro interés electoral, que la federación se mantenga. Por Natalia Araguás (Barcelona) La larga historia de desencuentros entre Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) y Unió Democrática de Catalunya (UDC) vivió el pasado 14 de noviembre un nuevo episodio. La reunión entre José Montilla y el líder de UDC, Josep Antoni Duran y Lleida, con el subsiguiente anuncio de que los democristianos apoyarán la respuesta unitaria junto al PSC a una hipotética sentencia adversa al Estatut, reavivó sus viejos resquemores con Convergéncia. Como es de costumbre, la polémica se dio por cerrada tras las admoniciones de Jordi Pujol. El presidente fundador de CiU invitó públicamente a Mas y Duran a no dar "juego" a los que quieren "destruir" la federación, en clara referencia a los socialistas catalanes, al tiempo que recordaba la "mala salud de hierro" que desde sus orígenes CiU sufre o goza. Pese a que no pasa legislatura sin este tipo de trifulcas, muchos son ya los que se preguntan si la "mala salud de hierro" de CiU no habrá devenido enfermedad crónica y si, en todo caso, conviene la continuidad de la alianza entre dos partidos que, por ahora, siempre han parecido condenados a entenderse. Ya en el reciente congreso de Unió, Duran i Lleida causó malestar en CDC al proclamarse partidario de que, tras las próximas elecciones, se forme un gobierno de coalición entre PSC y CiU. La llamada sociovergencia no sentó bien a Mas, que no obstante optó por la cautela y se limitó a señalar que es consciente de las preferencias de Duran, pero que en el seno de CiU existen "diversidad de opiniones sobre los pactos" y que otros dirigentes prefieren coaliciones de tipo "más catalanista", en concreto con ERC. Es el caso de su número dos en CDC, Felip Puig, uno de los menos predispuestos a pactar con los socialistas. Puig no tardó ni diez minutos en poner en cuarentena a la sociovergencia tras el discurso de Duran y se mostró confiado en que su propuesta no fuese más allá de "grandes acuerdos en los temas de país" entre los dos partidos. Por si acaso, le recordó que "las coaliciones de gobierno y los pactos postelectorales los marcará la ciudadanía" y que de eso no hay lugar para hablar hasta después de las próximas autonómicas. En un mensaje de tranquilidad a sus socios de gobierno, los socialistas catalanes no tardaron en descartar gobernar la Generalitat con CiU. Duran "no está hablando de mañana para mañana o pasado" dejó caer por eso el viceprimer secretario del PSC, Miguel (ceta, quien no obstante reafirmó la apuesta por el pacto de izquierdas "para ahora y un futuro" y su dimensión estratégica. "Respetamos pero no compartimos" la propuesta de UDC resumió Iceta, que no se ahorró elogios para Duran al definirlo como un "hombre serio, prudente y responsable". Enla línea de la "sociounió" que se vive en los últimos tiempos a efectos tácticos, (ceta aprovechó para colar una idea: La "apuesta fuerte" de Duran por un gobierno de coalición con el PSC se debe a la presunta radicalización que Convergéncia Democrática está experimentando últimamente. Esto es, Duran está "asustado" por el intento de CDC de alinearse con Esquerra y es por ello que suscita "otro escenario posible". Después de patentarla, los socialistas sacaron a colación la "deriva radical" de CDC también tras la reunión entre Duran y Montilla. De acuerdo con su argumentario, Mas se está quedando al margen de la "unidad catalanista" que al parecer existirá en caso de que el Constitucional lamine el Estatut, después de que el presidente de ERC, Joan Puigcercós, también haya recetado "cuanto más unidad, mejor" pase lo que pase. El mismo Iceta acusó a Mas de "estar hecho un lío", por declararse contrario a volver a enviar el Estatut a las Cortes en caso de una sentencia adversa del Tribunal Constitucio- Es en este contexto donde cobran sentido las advertencias de Pujol, que como en tantas otras ocasiones tuvo la última palabra y zanjó la polémica ante sus dos pupilos aprovechando que ambos coincidían en Madrid en el Foro Nueva Economía. Pujol recordó aquello de "divide y vencerás" y recomendó a Mas y Duran "no dar juego ni oportunidades" a los que intentan "destruir" la federación a base de visualizar sus diferencias. Corren peligro, les alertó, de perder el espacio de centro del que CiU ha hecho bandera en Cataluña durante décadas. Lo cual no significa optar por "la vía del conformismo" en caso de un hipotético recorte del Estatut, advirtió a Duran. CiU debe plantar cara sin provocar "una gran agitación", defendió Pujol, que hizo gala de su proverbial aixó no toca (esto no toca) al ser inquirido poruna mayor concreción de cuál sería entonces la fórmula intermedia. Aunque Pujol insista en la "mala salud de hierro" de CiU y Artur Mas asegure que se encontrarán soluciones "como siempre", pese a reconocer las discrepancias, los encontronazos entre CDC y Unió cada vez son más frecuentes y ostensibles. Cuando Mas se sacó de la manga su Casa Gran del catalanismo, hace ahora justo un año, Duran optó por quedarse fuera y amenazó con retirarse como candidato a las elecciones generales, hasta "conocer exactamente el proyecto político" que tendría que defender en los comicios. Tras un duro intercambio de impresiones que incluso puso en peligro la continuidad de la federación, según reconocieron entonces dirigentes de ambos partidos, todo llegó a buen puerto. Duran consiguió Estas disputas intentaron zanjarse justo después de que Artur Mas fuera designado delfín. Los dos partidos firmaron un rígido protocolo de federación que establecía normas acerca de la elaboración de listas electorales. De acuerdo con ellas, al menos uno de los tres cabezas de cartel a las elecciones principales que debe afrontar en cada ciclo CiU (autonómicas, generales y el Ayuntamiento de Barcelona) debe pertenecer a Unió. Entre otras cosas, este sistema debía servir para reducir los seculares problemas con que se encontraba la federación a la hora de elaborar listas para las elecciones municipales. La batalla para cerrar las candidaturas de casi mil localidades cada vez era más ardua. Sin embargo, durante las municipales del 2007 quedó en evidencia que ni con esas: Convergencia y Unió se presentaron con listas diferenciadas en un buen número municipios de Cataluña, entre ellos Igualada, Palamós y Balaguer. Los convergentes decidieron asumir la realidad de que siempre habría tensiones para elaborar las candidaturas y oficializaron en su congreso de julio la posibilidad de que cada socio fuera por su lado en las municipales si no había ningún margen de acuerdo. Esta reivindicación sentó como una amenaza en determinados dirigentes de Unió. El partido socialcristiano, en la línea que la relación entre ambos socios ha tomado desde hace algunos años, contraatacó en su cónclave. La ponencia organizativa del congreso del partido, celebrado en octubre, establecía que Unió estaba abierta a renegociar los términos de su relación con CDC. Sin embargo, los dirigentes del partido hicieron constar que no están dispuestos a que, en ese caso, se hable sólo de las elecciones municipales: Si se abre el melón, se abre para discutirlo todo. También por qué Duran no fue designado sucesor de Pujol pese a tener una experiencia política y una edad mucho más indicadas para ello que Mas. De momento, lo único que parece claro es que la mala salud de hierro de CiU durará al menos hasta las autonómicas del 2010. Si Mas no consigue convertirse en presidente de la Generalitat a la tercera, los órdagos de Duran pondrán mellarla seriamente. • |
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