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| Nº 812 - 1 de diciembre de 2008 |
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¿Seguimos en Guerra Fría?
por Santiago Carrillo La confianza en la mano invisible del mercado, la exigencia de menos Estado y más iniciativa libre y también —¿por qué no decirlo?— el deseo de Aznar de controlar las grandes empresas nacionales y de poner a su servicio toda la influencia política que proporcionarse el poder económico de aquéllas, condujo a una serie de privatizaciones, entre las cuales estuvo Repsol. De esta suerte el Estado renunciaba a poseer un instrumento que en determinadas circunstancias podía permitirle afirmar su soberanía, dejándole expuesto a los avatares del mercado. De golpe, el Sr. Rajoy ha caído en la cuenta de que éste fue un error cometido por un Gobierno en el que él era una de las primeras figuras, que aquel error no debía cometerse nunca, porque Repsol podía caer en manos extranjeras y en vez de hacer una autocrítica seria, en vez de mesarse las barbas y de dar golpes con su cabeza sobre un muro, lamentándose de su torpeza, arremete contra el Gobierno porque las averías de la crisis han hecho que una empresa rusa pueda adquirir una parte de las acciones de la dicha Repsol. Y lo hace poniendo el grito en el cielo y diciendo que "no tolerará" un hecho semejante. Rajoy extrema así su postura, con la convicción de que tiene tras de sí a toda la Alianza del Atlántico Norte (OTAN) que no puede consentir esta intrusión rusa. Es decir, vuelve a apoyarse en intereses extranjeros para forzar al Gobierno a impedir que una empresa rusa entre en España, lo que, siendo hoy el antiguo país de los soviets una potencia capitalista más, iría también contra la libertad del mercado. En el fondo se trata de la continuidad de la política que llevó al Sr. Aznar a ser uno de los tres personajes que encabezaron el desastre de la guerra de Irak. A mí personalmente me importa un pito —utilizo una expresión de lo más vulgar— que se produzca o no ese negocio. Pero no puedo dejar de preguntarme por qué una empresa española no puede hacer acuerdos con una empresa rusa, mientras los están haciendo otras muchas empresas europeas y hasta parece que una norteamericana. La realidad es que gran parte de Europa se suministra de gas y petróleo también en Rusia y esto tiene una lógica: que ambos productos están más cerca y cuesta menos su transporte. Lo absurdo sería lo contrario. A no ser que se esté pensando en continuar la Guerra Fría con Rusia, después del desplome del sistema soviético, cuando ese país ha devenido un Estado capitalista como el resto de los europeos. Esto sería muy grave, porque representa un peligro para la paz del mundo, puesto que de la guerra fría en esta época no podría venir más que una guerra caliente que pondría en peligro la existencia misma del género humano y habitabilidad del planeta. Algunos medios tratan de crear un ambiente hostil a que el capitalismo ruso participe en Repsol porque las empresas rusas emplean procedimientos mafiosos. Pero eso es una enfermedad muy generalizada en todo el capitalismo. Además de la mafia rusa, hay la mafia italiana, muy instalada en EE UU; la mafia del narcotráfico, del armamento y la mafia de lo que el general Eisenhower llamó el complejo militar-industrial norteamericano. Y puestos a hablar de mafias, una pregunta: ¿acaso la actual crisis mundial no ha puesto de manifiesto que el poder financiero que gobierna al planeta es la mafia más peligrosa a la que se enfrenta en estos momentos la humanidad? ¿ Y no son los partidos conservadores los defensores más resueltos del interés de esta todopoderosa mafia? • |
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