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Nº 812 - 1 de diciembre de 2008

Hacia una política de inmigración europea

Dentro de poco los europeos sólo seremos el 5 por ciento de la población mundial. Nuestra media de edad será el doble de la de los habitantes de los países que nos rodean en un arco de inestabilidad que va desde Gibraltar hasta el Cáucaso. Y además seremos muy dependientes de las importaciones de energía.

Pocos, viejos y dependientes, no es una perspectiva muy halagüeña. Yen ella la inmigración aparece como un problema y como una solución. Las previsiones demográficas dicen que habrá que importar unos 25 millones de personas en edad de trabajar para suplir la pérdida de población activa que va a sufrir Europa como consecuencia de dinámicas demográficas que ya no son reversibles a corto plazo.

A corto y medio plazo no le queda a Europa otra solución que acoger emigrantes. Péro la cuestión no es sólo cuántos emigrantes queremos y podemos acoger, sino cuáles y cómo. Últimamente se hace sentir la necesidad de inmigrantes cualificados y no sólo mano de obra barata para la construcción y los servicios.

Por eso son tan importantes decisiones como las directivas Tarjeta Azul, sobre las condiciones de admisión de inmigrantes con fines de empleo altamente cualificado, y la de Ventanilla Única, que establece un procedimiento común de solicitud de permiso único de residencia y trabajo en un Estado miembro, que debatimos en el Pleno de Estrasburgo de la pasada semana.

Frente a los países de inmigración tradicional, como EE UU, Canadá o Australia, la UE ocupa un puesto relativamente bajo en la competiciónpor trabajadores altamente cualificados. Sólo el 5,5% de los trabajadores altamente cualificados del Magreb vienen a la UE, mientras que el 54% eligen EE UU o Canadá. La UE cuenta con menos del 2% del total de los inmigrantes altamente cualificados, muy por debajo de Australia (10%), EE UU (3,2%) o Suiza (5,3%).

Ello es en parte debido a los 27 sistemas de admisión diferentes que hay en la UE, lo que dificulta su movilidad en nuestro mercado interior. Esos proyectos de directivas que acabamos de votar en el PE quieren dar respuesta a este problema, complementando los sistemas de admisión de cada Estado miembro, que seguirán controlando su mercado laboral.

La directiva Ventanilla Única establece un procedimiento común europeo para la solicitud de un permiso único de residencia y trabajo. Pretende reducir las diferencias existentes entre los derechos de los trabajadores europeos y los de los emigrantes, garantizando la igualdad de trato en el ámbito profesional.

La directiva Tarjeta Azul, inspirándose en la tarjeta verde de EE UU, permitirá al inmigrante que encuentre un empleo en la UE disponer de un permiso de trabajo de tres años renovable. Después de tres años de residencia legal en un Estado miembro como titular de una tarjeta azul podrá instalarse en un segundo Estado miembro en las mismas condiciones laborales que en el primero.
Los eurodiputados pedimos que el demandante de una tarjeta azul deba acreditar un título universitario reconocido por los Estados miembros o una experiencia profesional equivalente de al menos cinco años.

También hemos pedido que elsueldo percibido por estos trabajadores sea, al menos, 1,7 veces el salario anual bruto medio de un trabajador de la UE y que no pueda ser inferior al sueldo que percibe un trabajador comparable en el Estado miembro de acogida.

En respeto del principio de "preferencia comunitaria", y para conseguir el acuerdo de los nuevos Estados miembros, la tarjeta azul no entrará en vigor antes del fin de la moratoria impuesta a la libre circulación de trabajadores de los países de las últimas ampliaciones de la UE en el 2004 y el 2007.

La necesaria armonización de políticas de estímulo y admisión plantea el riesgo de crear una fuga de cerebros o al menos de personal cualificado de los países en desarrollo. En realidad, ya hay más médicos de Malawi en Manchester que en todo Malawi. El 50 por ciento de los doctores y el 70 por ciento de las enfermeras africanas están en Europa.

Por ello, los socialistas europeos hemos pedido que por cada profesional cualificado que venga a Europa se costee la formación de un nuevo profesional en el país de origen, compensando así su pérdida de recursos humanos (enmienda presentada por el socialista español Javier Moreno).

Si el Consejo de Ministros de Justicia y Asuntos de Interior acepta las enmiendas del PE, la directiva será adoptada. Con ello se lanzaría un doble mensaje: la determinación de gestionar los flujos migratorios en un mundo cada vez más globalizado y la importancia que otorga la UE a la capacidad técnica del factor humano en el marco de la Estrategia de Lisboa.•

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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