Nº 811
24/11/2008

Solbes, de mago de las finanzas a chivo expiatorio

Al vicepresidente económico, Pedro Solbes, ha pasado en pocos meses del aplauso general al vituperio, de celebrado genio de las finanzas y del buen sentido a víctima propiciatoria de la crisis. Como suele ocurrir en los bandazos de la apreciación pública, ni estaba plenamente justificada la primitiva exaltación de su magia ni lo está ahora el menosprecio de sus capacidades. Pero como también suele decirse –los proverbios son filosofía condensada–, en buena coyuntura todos somos buenos gestores, que viene precedido por el dicho marinero de que con viento en popa todos son buenos navegantes. A todos estos tópicos podría añadir uno producto de mi observación personal a lo largo de muchos años de periodismo: nadie es más de un treinta por ciento más listo que nadie.

Para colmo de desgracias, el vicepresidente segundo del Gobierno ha sido valorado por el diario británico Financial Times como el tercer peor ministro de Economía europeo. En realidad, lo que el prestigioso periódico comparaba no era tanto la competencia de los ministros como los resultados obtenidos por las economías de las que son responsables a lo largo del último quinquenio. Financial Times no es un periódico frívolo y hay que aceptar que los criterios económicos y políticos aplicados, que han sido consensuados entre prestigiosos expertos, han sido razonables.

No creo que sea un enfoque descabellado valorar a los responsables económicos de los diecinueve países analizados en razón de los resultados obtenidos, lo que es perfectamente cuantificable a diferencia de los intentos de valoracion, siempre subjetiva, respecto a las dotes personales de los ministros. Aparece Solbes en el decimosexto lugar en el plano estrictamente económico, en el sexto en el político y en el duodécimo en cuanto a los criterios de estabilidad establecidos. Por detrás de nuestro vicepresidente sólo se sitúan dos ministros: el irlandés Brian Lenihan y el portugués Fernando Teixeira dos Santos. En los primeros puestos del ranking se encuentran el titular finlandés, Jyrki Katainen, y el alemán Peer Steinbrück.

La calificación del prestigioso diario, la Biblia europea de los negocios, no debe echarse en saco roto como una ocurrencia periodística ad personam, sino como un juicio a la economía española y una advertencia respecto al deterioro de la imagen de nuestro país que es fácil detectar en los núcleos mundiales más selectos. Al menos hay que entenderlo como un dato más de cierta significación de que el veterano ministro no está en sus mejores momentos. Es cierto que no fue capaz de calibrar el alcance de la crisis; que no ha podido evitar la sensación de caminar a trompicones, desbordado, en cierta manera, por los acontecimientos; que los Presupuestos que ha pergeñado entran en el género de los churros para seguir un símil que el ministro ha manejado; que ha adoptado medidas contraproducentes como los 400 euros devueltos a los contribuyentes, etc. Pero también es cierto que no ha incurrido en pavorosas equivocaciones. Pedro Solbes no es un genio pera al menos uno tiene la seguridad de que no comete  tonterías  y de que representa una referencia de cautela y sentido común frente a “la barra libre” –también es su expresión– respecto a la tentación de los ministros del gasto.

Tiene, en todo caso, un consuelo: que la persona que ha sido su “alternativa interior”, Miguel Sebastián, también experimenta una notable pérdida de popularidad: Fracaso del Plan VIVE para el automóvil; difuminación hacia la nada de su tarifa social eléctrica y escasa visibilidad respecto a política energética en general; no enterarse de las maniobras rusas sobre Repsol, etc. La verdad es que no encuentro una actuación significativa del superministro de Industria, Turismo y Comercio y posible sucesor de Solbes que se corresponda con su innegable brillantez intelectual.

Pero, como decía antes, la excelencia de los gestores tiene mucho que ver con la coyuntura y ésta no da más que disgustos; cada mañana este Gobierno se desayuna con unos cuantos sapos entre los churros y las porras; estamos al borde de la recesión, si no de la depresión que, al menos en términos psicológicos, ha penetrado hasta los tuétanos del tejido social, y con una galopada del paro incontrolable. La mala nota recibida por Solbes del Financial Times es expresiva de que España, que ha presumido de ser la economía más dinámica –el ladrillo nos proporcionó una euforia excesiva–, es la que peor está aguantando la crisis. Ello ha contribuido, entre otros efectos colaterales, a un deterioro de la imagen de nuestro país en el mundo, a pesar de que Zapatero haya conseguido que Sarkozy le alquilara una silla para la Cumbre del G-20. Hay que admitir que la crisis pincha las burbujas económicas pero también las políticas y las reputacionales.

José García Abad


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