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Nº 810 -17 de noviembre de 2008

Chacón se destaca como posible sucesora de ZP

Ordena, manda…

y espera

 

El CIS acaba de otorgarle el título de ministra mejor valorada por los españoles.  Y el Wall Street Journal, el de segunda política no americana con mayor proyección en el mundo. Siete meses después de haber hecho historia como la primera mujer en asumir la cartera de Defensa en España, en los que ha tenido su primer hijo, ha visitado a todas las tropas españolas en el extranjero y ha asistido a su primer funeral por dos soldados muertos, Carme Chacón parece confirmarse como la estrella más reluciente de la constelación creada por Zapatero. Aunque para algunos sectores militares y la derecha más extrema su condición de catalana la estigmatiza para defender la unidad de España, Chacón no mira a los lados. Tiene 37 años y su futuro ya inquieta a más de uno en el PSOE.

Por Inmaculada Sánchez

Han sido sólo siete décimas, pero  a nadie en el Gobierno ni en el PSOE le ha pasado desapercibido que Carme Chacón ha desbancado a la omnipresente y poderosa vicepresidenta De la Vega de la cúspide de la popularidad gubernamental. Y en apenas unos meses, con el lapsus de agosto y su baja maternal de por medio.

La cartera de Defensa, por su condición de “materia de Estado”, siempre añade un plus de aceptación popular a quien la ostenta, explican los expertos demoscópicos. Bono y Alonso, sus antecesores, también estuvieron  entre los ministros mejor valorados y el hoy presidente del Congreso, incluso, fue el número uno durante mucho tiempo. Pero Bono portaba un equipaje de más de veinte años como presidente de Castilla-La Mancha además de un peculiar estilo entusiasta de los focos.

Chacón es todo lo contrario. La seriedad  en el gesto cuando pronunció su primera orden tras tomar posesión del cargo, el pasado junio, y pasar revista a las tropas, aquel “Capitán, mande firmes” al que  España asistió con ojos incrédulos  viniendo de una mujer en la recta final de su embarazo, define su forma de entender la política, y el trabajo, en general, según quienes la conocen.

“Si alguien pensaba que el nombramiento de Chacón iba a quedarse en una operación de imagen típica de Zapatero se ha equivocado”, explica un veterano diputado que la sigue desde el principio. Las decisiones que ha ido tomando, con más rapidez de la esperada en un sector tan ordenado como el militar, han sorprendido a más de uno.

El relevo de la cúpula militar fue su “prueba del algodón”. Nadie esperaba que lo abordara apenas un mes después de su plena incorporación al cargo, tras disfrutar de 42 días de baja maternal y con las vacaciones de verano por delante. “Fue un auténtico golpe de autoridad”, añaden las citadas fuentes.

No osó la ministra alterar la tradicional rotación entre los tres ejércitos al frente del Estado Mayor. El hecho de que “tocase” nombrar a uno del Aire encajaba bien con sus planes si se acepta que es en este cuerpo donde reside un estilo políticamente “más progresista” dentro del estricto comportamiento militar. Chacón no lo dudó  y designó al teniente general José Julio Rodríguez, un curtido piloto con amplia experiencia en programas de armamento internacionales, nuevo Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD).

El detalle de que fuese el primero en la historia que prometiese su cargo en vez de jurarlo –algo que no pasaría de anécdota en otros países de nuestro entorno– ha marcado, también, una diferencia en el mandato de Chacón. “Los mandos que ha nombrado son militares con una personalidad acusada, por decirlo de alguna manera, no responden a la media entre los uniformados”, explican fuentes parlamentarias con varias legislaturas  en la comisión de Defensa.

En efecto, al frente del Ejército de Tierra Chacón ha puesto al teniente general Fulgencio Coll, quien fuera el encargado de dirigir la retirada de las tropas españolas de Iraq  y de poner en marcha uno de los empeños de Zapatero para dotar de otra imagen y funciones a nuestro ejército, la Unidad  Militar de Emergencias (UME), algo que, para los sectores más conservadores del estamento castrense, encaja mal con el rango  de quienes están destinados a vigilar la unidad de la patria y sus fronteras de agresiones exteriores. Para dirigir el Estado Mayor de la Armada ha nombrado al almirante Manuel Rebollo, único en activo en la actualidad que iniciara  en su día su carrera como simple marinero, y para el del Aire, al teniente general José Jiménez Ruiz, otro experto en su terreno, encargado desde hace tiempo de los traslados del Rey y el presidente del Gobierno.

La ministra no ha tenido un cicerone particular para adentrarse en el mundo castrense más allá de su antecesor y miembro, también, del círculo más cercano al presidente, José Antonio Alonso. Sin embargo, ha demostrado a los más excépticos dentro de su propio partido que es capaz de zambullirse y aprender a nadar donde sea necesario para que nadie le afee la conducta. “Ella es así. Siempre ha llegado muy joven a todos sitios: a concejala, a vicepresidenta del Congreso, al número uno de la lista del PSC por Barcelona, a ministra de Defensa, pero se lo toma tan en serio, que no hay manera de pillarla”, explica un miembro de su equipo más cercano que recuerda su origen humilde y su historia de tesón y esfuerzo para llegar a ser profesora de Derecho Constitucional en la universidad de Girona.

 Lo primero que pidió en cuanto supo que Zapatero la quería al frente de nuestros ejércitos fue el “Manual del Soldado”, el libreto que dan a todo el que entra a formar parte de la tropa profesional. Luego, multitud de informes, papeles y detalles para no errar en información ni en gestos.

Quizá por saberse en el ojo del huracán, la ministra ha cuidado especialmente detalles y presencia. Ni una gracia, ni una frase más alta de lo normal, como en su día se permitiera Bono. “Se nota que está bien asesorada en cuanto a imagen”, ironiza un alto cargo socialista refiriéndose a su marido, Miguel Barroso, ex secretario de Estado de Comunicación y actual director de la Casa de América, asesor de Zapatero, experto en medios y miembro del círculo cada vez más reducido de cercanos al presidente.

El primer escollo que ha tenido en su gestión, la aplicación de la Ley de la Carrera Militar, que llevó a varios centenares de militares de alta graduación a denunciar al Gobierno por  la supuesta discriminación en los ascensos que ésta conllevaba, lo ha solventado en pocas semanas con la oportuna rectificación en la Ley de Presupuestos. El “ABC”, que hizo campaña con los militares enfadados acaba de ensalzar su capacidad de reacción y ha dicho de ella hace unos días que ha demostrado “buenos reflejos políticos” y ser capaz de atender su departamento “con criterios abiertos”. Ya sólo la ‘caverna’ se mete con ella (Ver recuadro “Lágrimas y machismo” en páginas anteriores).

La ministra ha visitado a todas  y cada una de las misiones  del ejército español fuera de nuestras fronteras. Sólo renunció a Kosovo debido a la posición de España tras la proclamada independencia de la región balcánica que el Gobierno no acepta.

Embarazada, primero, y, tras su baja maternal, después, y en un tiempo récord comparado con sus antecesores, Chacón ha visitado las misiones de Líbano, Afganistán, Bosnia, Chad y Yibuti. Además, ha institucionalizado unas videoconferencias cada quince días con todos los jefes al mando de cada una de ellas para estar al día de cómo transcurre su trabajo. “Esto los militares lo valoran mucho, y, además, su enfoque está en la seguridad dentro del ámbito europeo, en nuestro papel en la futura OTAN y en preparar la presidencia española de la UE en 2010, que tanto importa a Zapatero”, explican en su entorno.

Chacón no pierde de vista su función como pieza del Gobierno, aunque no lo haga notar. Ni Moncloa la pierde de vista a ella. A quienes siguen sus pasos no se les ha pasado por alto la discreta pero signifcativa victoria que acaba de conseguir frente a Solbes en el debate presupuestario.

El proyecto del vicepresidente, dentro de la reduccción general de un 3 por ciento de todo el presupuesto del ministerio, cifraba en 81.000 el máximo de soldados para 2009. La ministra “habló con Zapatero, seguro, porque se aceptó  enseguida”, explican en el Congreso, y consiguió una enmienda que eleva el límite a 86.000, con 15 millones más de euros de gasto asociado.

“No nos deslumbremos. Es normal que a la gente le haya caído bien una ministra joven, embarazada, rompiendo moldes, pero ya veremos lo que dura”, alerta una fuente de Moncloa, veterana en analizar los vaivenes de las valoraciones del CIS. Quienes la conocen, sin embargo, saben que Chacón no  es  estrella de un día. “Es uno de los puntales de este Gobierno, y más que va a ser”, avisa un dirigente del PSC, que la considera suya.

Lágrimas  y machismo

Fueron las primeras y más groseras críticas que se alzaron contra el segundo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, las que la derecha más extrema, centrada en tertulianos y periodistas de la Cope, preferentemente, pero también desde las páginas de ”El Mundo” o “La Razón”, lanzaron contra la ministra Chacón.

Desde la “inconveniencia” de su nombramiento, dado su avanzado estado de gestación, hasta su condición de ministra-florero incapaz de mandar sobre las fuerzas armadas muchos fueron los dardos lanzados contra Chacón en los primeros compases de su mandato, aderezados de todo tipo de gracietas del más rancio machismo ibérico al tildarla de “guapita y joven treinteañera” o hacer bromas sobre su posible confusión entre “el bombo y la bomba”. Tras estos comentario venían las cargas de profundidad sobre su supuesto antiespañolismo al tratarse de una dirigente del PSC, partido que gobernaba Cataluña con los separatistas de ERC.

Con todo, resultó mucho más llamativa  la ofensiva que provocó el momento en que se vio a la ministra enjugar sus lágrimas en el funeral por el último asesinado por ETA. Para numerosos comentaristas de la emisora episcopal  la escena resultaba una “verguenza” en el titular de Defensa. incluso la locutora estrella de las tardes, Cristina López Schlichting, llegó a decir que sólo podría entenderse tal comportamiento debido al desarreglo hormonal que debía tener  la ministra debido a su reciente maternidad y su actual periodo de lactancia.

Los más recientes funerales por los dos soldados fallecidos en Afganistán han vuelto a dar motivos a Federico Jiménez Losantos o César Vidal para cargar contra la emoción y las lágrimas de Chacón al abrazar a los familiares. Para uno, la ministra “ni es hombre ni tiene hombría”. Para otro, es indecente que se emocione en un acto patriótico como el funeral por los soldados quien  milita en un partido que no  defiende la unidad de España.

Catalanes y madrileños en un reducido equipo

“Se presentó con pocas alforjas”, explican. En efecto, Chacón no llegó a Defensa con un amplio equipo de colaboradores. Su núcleo duro son pocos y no sólo catalanes o del PSC, como maledicentemente señalan algunos.

Para el puesto de su número dos, la Secretaría de Estado de Defensa, la ministra no tenía candidato propio y no quiso equivocarse: preguntó a quien la había nombrado. Según fuentes bien informadas fue Zapatero quien la sugirió el nombre de Constantino Méndez, antiguo Delegado del Gobierno en Madrid y dirigente del PSM (formó parte de la gestora que pilotó la transición tras la dimisión de Rafael Simancas).

Junto a él, nombró a dos escuderos de su entorno más cercano. Como director de Comunicación a Germán Rodríguez, profesional del PSC que llegó a Madrid para coordinar las tareas de prensa de los diputados catalanes en la anterior legislatura y ya acompañó a Chacón en su anterior destino, el Ministerio de Vivienda. A Manuel López, recién nombrado jefe de Gabinete, lo conoció en Ferraz cuando la ministra ejercía de secretaria de Educación y Cultura del partido. Fue su coordinador desde 2000 y, aunque no la siguió a Vivienda, mantuvo la colaboración con la ministra desde la sede del partido hasta que al llegar a Defensa Chacón lo requirió como Director de Relaciones Institucionales. Este pasado viernes lo ascendió para dirigir su gabinete. Licenciado en Filosofía y Letras ha sido profesor de Historia del Arte y coordinador de campaña de Trinidad Jiménez.

Chacón sólo ha incorporado tres personas más al ministerio. Se trata del veterano diputado catalán Jordi Marsal, nombrado asesor parlamentario de la ministra. Dirigente del PSC y portavoz en la Comisión de Defensa y ponente de la Ley Orgánica del Servicio Militar de 1991, es  un gran conocedor de las Fuerzas Armadas. También ha llegado con ella el catedrático de la universidad de Barcelona Pere Vilanova para ocupar el nuevo puesto de Director de la División de Asuntos Estratégicos y de Seguridad. Y al frente de sus secretarias la ministra cuenta con María Torres, que ejerce esta función desde que fue vicepresidenta del Congreso.

El avispero afgano

Por Pedro Antonio Navarro

L a muerte de dos soldados españoles en Afganistán el pasado 9 de noviembre se suma a la de cientos de militares de otros países integrados en la ISAF –la fuerza multinacional de intervención autorizada por Naciones Unidas en diciembre de 2001-, y la de miles de civiles, en el peor año desde que se iniciara el conflicto. Son muchas las voces que proclaman la imposibilidad de una victoria militar contra la insurgencia talibán, y el planteamiento de incrementar notablemente las tropas en el país ya está sobre la mesa. Por ahora, la posición oficial del Gabinete presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, sostiene que España no desplazará más militares –actualmente se encuentran allí 778– al país asiático.

En una de las primeras declaraciones efectuadas por el flamante presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, el futuro inquilino de la Casa Blanca planteaba la necesidad de incrementar notablemente el número de las fuerzas de la ISAF presentes en Afganistán, dado el deterioro de la situación y el avance militar de los talibanes, que hoy por hoy, están muy lejos de ser derrotados. Obama planteaba aportar otros 10.000 efectivos estadounidenses –actualmente ya están en el área más de 36.000–, pero también apelaba a la solidaridad de sus aliados y socios, para que todos hicieran lo mismo.

Este llamamiento ha puesto en ciertos apuros al Gobierno español que, si bien no ha ocultado su satisfacción por la victoria demócrata en EEUU, que significa, entre otras cosas, el fin de la tensión diplomática existente con la Administración Bush en Washington, también crea un problema a la ministra de Defensa, Carme Chacón, que tendrá muy difícil negar esta colaboración al potente aliado, en aras de la reconstrucción de unas marchitas relaciones.

Pero los problemas son varios. El Gobierno español tiene autoimpuesto un tope de 3.000 soldados participando en misiones fuera de nuestras fronteras, lo que tendría que ser revisado para atender la demanda del nuevo presidente norteamericano. Por otro lado, es conocido el rechazo mayoritario de la opinión pública española a las aventuras bélicas exteriores, como quedó claramente de manifiesto con las históricas movilizaciones en contra de la invasión de Iraq y de la participación española en la misma. Bien es cierto que la aceptación de la presencia de tropas nacionales en el extranjero es mayor si se trata de operaciones de carácter humanitario, y más aún, si cuentan con los auspicios de Naciones Unidas.

Pese a que la pasada semana, aunque sin ser confirmado por ninguna fuente oficial, la Cadena SER adelantaba la posibilidad de que se estuviera preparando una ampliación de unos 200 nuevos efectivos de nuestro país en territorio afgano, por el momento, la posición oficial se muestra contraria al envío de más tropas. La ministra de Defensa ha negado reiteradamente esta posibilidad, y la línea hecha pública por el Ejecutivo se centra en la exigencia de un cambio de estrategia de la misión multinacional de la ISAF y de la operación Libertad Duradera (desarrollada unilateralmente por Estados Unidos) en Afganistán. España quiere corregir el rumbo en aspectos importantes como los errores en los bombardeos indiscriminados que afectan a la población civil y que enervan a los afganos contra los ocupantes, también mejorar la coordinación entre los dos operativos (el multinacional y el estadounidense), el cambio de táctica diplomática con Pakistán e Irán, y el control total de Naciones Unidas.

El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, aseguraba recientemente que “el debate no debe ser enviar más tropas, sino cómo llevar a cabo una estrategia político-militar que ponga fin a la situación de inestabilidad”. En esta misma línea también se insistía desde el Partido Socialista; su vicesecretario general, José Blanco, afirmaba que el Gobierno no tiene planes de ningún tipo para ampliar el cupo y enviar más efectivos a Afganistán.

De momento, la toma de posesión de Obama no se producirá hasta el próximo 20 de enero, lo que deja un margen, al menos, hasta la próxima primavera, cuando ante su segura petición, la nueva amistad hispano-norteamericana será puesta a prueba. El presidente electo norteamericano también se ha mostrado partidario de ese cambio de estrategia al que hacía referencia Moratinos.

Con la muerte del brigada Juan Andrés Suárez y del cabo Rubén Alonso Ríos, el tributo en vidas que nuestro país ha rendido a la misión de la ISAF se eleva ya a 88, incluidos los 62 militares fallecidos en el accidente del Yak 42, y los 17 muertos en el accidente del helicóptero Cougar en Herat, en 2005. España ocupa el cuarto lugar en víctimas militares en el conflicto, por detrás de Estados Unidos (624), Reino Unido (121) y Canadá –que ha anunciado la retirada total de sus tropas en 2011– (97). También han perdido la vida en Afganistán 30 soldados alemanes, 23 franceses, 16 holandeses, 16 daneses, 13 italianos y ocho polacos.

Lejos de mejorar la situación desde que comenzasen las operaciones en 2001, el presente 2008 se ha convertido en el más dramático por el número de víctimas. Hasta el momento ya han fallecido 221 soldados extranjeros (dos más que en todo 2007). Junio, con 49 muertos, y agosto, con 45, fueron los meses más luctuosos.

Mucho peor le ha ido a la población civil. Sólo entre enero y junio perdían la vida más de 700 ciudadanos afganos –más de 250 como consecuencia directa de los bombardeos indiscriminados por parte de Estados Unidos y de la OTAN–, frente a los 430 del mismo periodo del año anterior; un incremento del 62 por ciento, según ha informado el subsecretario para Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, John Holmes.

La situación militar dista mucho de estar bajo control de las fuerzas de la ISAF y de las de la operación Libertad Duradera. Los talibanes van ampliando sus áreas de influencia y de dominio, encontrando cada vez más apoyos entre la población civil. Una de las causas denunciadas se encuentra en los santuarios talibanes que, según la Inteligencia estadounidense, se hallan en territorio paquistaní, lo que podría provocar, tal y como ya ha insinuado el nuevo presidente norteamericano, una intervención armada en este país –otro nuevo quebradero de cabeza para sus aliados, entre ellos, España-.

En la actualidad, las fuerzas de la ISAF tienen desplegados cerca de 71.000 efectivos en territorio afgano, que sumados a los de la operación Libertad Duradera, se aproximan a los 100.000. Según el general Dan McNeil, que ha estado al mando de las fuerzas estadounidenses hasta el pasado mes de junio, para conseguir y garantizar una victoria miliar sobre la insurgencia talibán sería necesario multiplicar por cuatro este despliegue, es decir, que sería necesaria la presencia de una fuerza multinacional compuesta por 400.000 soldados. Un esfurzo que se antoja imposible de cumplir por ninguno de los países integrantes de la coalición internacional.

La situación humanitaria y el desarrollo del país tampoco han mejorado desde que se promulgara la resolución 1.386 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se calcula que la producción de opio se ha incrementado en un 49 por ciento desde 2006. Cerca de un millón y medio de refugiados se han desplazado a Irán, mientras que otros dos millones se encuentran en Pakistán. La población apenas tiene acceso al agua potable; la cuarta parte de los niños y niñas mueren antes de cumplir los cinco años, debido a la carencia de servicios sanitarios y a la deficiente alimentación, mientras que dos millones de personas en edad escolar no disponen de escuelas primarias. Se calcula que más de 50 mujeres mueren al día por complicaciones relacionadas con el embarazo, mientras que los miles de minas terrestres causan estragos cotidianos, y se establece en más de 30 años el plazo para su total erradicación, eso contando a partir del cese total de las hostilidades.

Chacón y el camino de espinas y algunas rosas, por Enric Sopena


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