| Números anteriores | Esta semana |
| Nº 810 - 17 de noviembre de 2008 |
EL UNIVERSO DE PAUL KLEE SE RECREA EN BERLÍN Más de 250 obras de Paul Klee, el pintor de los sueños y del corazón, se hallan hasta el próximo 8 de febrero en la Nueva Galería Nacional de Berlín. Dentro del ciclo de exposiciones "Culto al artista", el mayor coleccionista de la obra de Paul Klee, Heinz Berggruen, fallecido durante los preparativos de la exposición el pasado año, la Asociación de Amigos de la Nueva Galería Nacional y la empresa E.ON, han hecho posible esta muestra, en donde, por primera vez, se reúnen obras del artista procedentes de museos de Israel, EE UU, Suiza, Francia, Suecia, Austria, Alemania y España. Por Juana Vera (Berlín) C uanto más terrible es este mundo, más abstracto es el arte", escribió Paul Klee en su diario en los años treinta convirtiendo al artista en un barómetro del estado de salud de la sociedad. En la exposición de la Nueva Galería Nacional de Berlín titulada "El universo Klee", podemos leer esta frase en la pared, en la sección dedicada a la guerra. Desde el inicio de la muestra, en la sección "Prólogo", hasta el final, en la sección "Melancolía", el visitante lee frases del artista escritas sobre las paredes blancas y también textos de otros autores, por ejemplo, de Walter Benjamin, quien se inspiró en la obra del artista suizo, sobre todo en su cuadro: Ángel nuevo, también parte de la exposición. Prologo, Infancia, Eros, Mujeres-Hombres, Lejanía, Teatro, Animales, Naturaleza, Música, Arquitectura, Bauhaus, Escritura, Guerra y Melancolía son las partes en las que el comisario de la muestra, Dieter Scholz, ha organizado la exposición. A partir de las mismas, surgen también otras menores, introduciendo al visitante en un universo en donde el caos y el orden se unen de modo constructivo y armónico en la obra del pintor. Es decir, el visitante es guiado, en la muestra, por la sucesión de los temas, no por un orden cronológico, y en cada sección o temahalla obras realizadas por el pintor en distintos periodos de su vida. De este modo, el tiempo cronológico no existe en la muestra sino la sucesión de los temas que trató, tal y como ha quedado especificada al inicio de este párrafo. Paul Klee volvió a estos temas, a lo largo de su vida, una y otra vez. Asuntos que reflejó en su arte, a partir de lo que fue para él esencial: El punto, la línea y la superficie y en ellos el color, el ritmo y la música. "La música es la madre de todas las artes", escribió Paul Klee, quien procedía de una familia de músicos. Su padre era profesor de música, su madre, cantante, y él, un estupendo violinista que decidió ser pintor y para el que el tiempo no existía, de ahí la especial configuración de esta exposición. "Veo por todas partes arquitectura, líneas de ritmo, superficies de ritmo", escribió Paul Klee en su diario en el año 1902. Tenía veintitrés años. Dos años antes había pintado unos paisajes en verde y azul, muy figurativos, que el visitante puede contemplar en I sección "Naturaleza" de la exposición. Ei estos paisajes se hallaba ya la semilla del( que para el pintor sería irreversible a parti del año 1914, fecha en la que viajó a Túnez; y a Egipto y en la que fue invadido por el co lor. "El color me tiene. Soy un pintor", es. cribió ese mismo año. Música, color, sensibilidad cantan en la obra de Paul Klee y rebotan como notas musicales hechas color. Jardín oriental de recreo (1925); Jardín exótico (1926); Crecimiento de las plantas (1921) o Volúmenes (1932), obras que el visitante también puede contemplar en la sección de la exposición titulada "Naturaleza", son el resultado de la experiencia oriental de Paul Klee y de sus viajes anteriores, en concreto, en 1902, a Italia y Grecia, en donde su alma quedó impresionada por la belleza compositiva de los mosaicos. A estas influencias hay que unir su pertenencia al grupo "El Jinete Azul" y su admiración por Cezanne, Braque, Kandinsky, Picasso y Robert Delaunay, de quien dijo: "Su obra es su propia vida. Respira. Fluye. Vive". . "El arte no da seguridad, nos hace seguros", escribió un Paul Klee decidido a adentrarse en su mundo lo que lo convirtió, poco a poco, en un punto esencial de la Historia del Arte del siglo XX porque al adentrarse en su mundo interior fue capaz de contemplar el yo y por tanto el tú. Y se convirtió también en observador. En la sección "Teatro", de la exposición se refleja de modo más claro la relación de Paul Klee con los otros. "El artista es parte del teatro del mundo. Por un lado tiene el papel de ser parte del gran teatro y por otro el de ser observador, que el al mismo tiempo critica y divierte al público. También tiene, al mismo tiempo, la función del director que, en forma de imágenes, lleva sus observaciones a la escena. Sin el director sería muy difícil que la función pudiera llevarse a cabo", escribe Paul Klee en su diario. También detalla: "El teatro está en todas partes, no sólo en el escenario o en la pista del circo, cada lugar puede ser un escenario, cada objeto un requisito, cada persona un actor, si lo desea o si no lo desea". En esta parte de la muestra destacan sus obras tituladas La equilibrista (1901), Equilibrista (1923), Máscara (1912) y Máscara (1921). Para Paul Klee estamos destinados a actuar. Su obra Ángel nuevo, que en la exposición de Berlín se halla en la sección "Religión", nos muestra un ángel-hombre o un hombre-ángel con alas-manos o con manos-alas, depende de la interpretación de cada cual. Un hombre-ángel o un ángel-hombre, que puede volar y hacer, si quiere y si no quiere. Sin embargo, si quiere, este querer da un vuelo y un hacer distintos a los que nacen del no querer o del dejarse llevar. Si la sección "Religión", con la obra Ángel nuevo, muestra el profundo interés del artista en la actuación del hombre, la sección "Guerra", con las obras Hombre rampante, Manipulado, Caza del hombre, Verdugo, Danza del miedo o Doble asesinato, obras en blanco y negro que el artista pintó a partir de 1933, año en el que Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania, muestran las consecuencias que, en algunas ocasiones, puede provocar el dejarse l levar. También contemplamos en la exposición obras que, para algunos expertos, pertenecen a la etapa más creativa y brillante del pintor, la que vivió en Weimar, mientras fue profesor de la Bauhaus, entre los años 1921 y 1931, hasta que aceptó un puesto de profesor de arte en Dusselforf, del que fue expulsado por los nazis en 1933. Paul Klee tenía entonces más de cincuenta años y al no poder vivir en Alemania regresó a Berna, su ciudad natal, en Suiza, en donde murió en el año 1940. Ese mismo año, Heinz Berggruen, que más tarde se convertiría en el mayor coleccionista de la obra de Paul Klee y cuya aportación a la organización de esta exposición de Berlín ha sido indispensable, compraba el cuadro de P. Klee Perspectiva-Espectro por 100 dólares. El pasado mes de mayo la obra de P. Klee Barrio sagrado se vendió en la Galería Christie de Nueva York por 1,9 millones de euros. Hoy casi todos conocemos el trabajo del pintor a través de las numerosas postales, pósters, carteles, camisetas, cuadernos o libros que reproducen sus pinturas desde El pez dorado (1925), hasta Peldaños (1929). Los compramos y, en el caso de las camisetas, las llevamos puestas, llevando en ellas los sueños de Paul Klee y su realidad. Un mundo al que aportó, sensibilidad, posibilidad y realismo. "No estoy aquí para reflejar la superficie, sino el interior, reflejo hasta el corazón", escribió en su diario el pintor. Y es el corazón el que nos guía a través del universo Klee. Un pintor que no fue expresionista ni cubista. Un pintor que bebió en las fuentes que aplacaban su sed y se convirtió en fuente. • |
| Números anteriores | Esta semana |
| © El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08 E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |