Los debates abiertos en la Cumbre de Washington
LAS CLAVES
DE LA 'REFUNDACIÓN'
DEL CAPITALISMO
El nuevo Bretton Woods. Así es como en los medios de comunicación se ha
denominado a la reunión del G-20, que ha reunido este fin de semana en
Washington a las principales economías del mundo y a los países emergentes más
destacados. Aunque el paralelismo no sea del todo acertado, ya que Bretton
Woods fue el culmen de dos años de negociaciones, la reunión de Washington sí
debe constituir el punto de partida de un proceso que desemboque en nuevo diseño
del sistema financiero y económico internacional. EL SIGLO analiza cuáles podrían
ser los ejes del nuevo orden económico.
Por Manuel Capilla
Lo más urgente sería implementar
un paquete de estímulo fiscal,
aunque eso no es lo más importante", explica Federico Steinberg,
analista del Instituto Elcano. Steinberg apunta la necesidad de elaborar un nuevo sistema de gobierno financiero mundial, mejorando la supervisión de los mercados y de
las agencias de 'rating', y creando un sistema de alertas tempranas que anticipasen la
aparición y el estallido de las burbujas especulativas, un "papel que podría ejercer el
FMI". Por su parte, el analista independiente Antonio Iruzubieta señala otra necesidad
perentoria, la de hacer aflorar "todo el capital invertido en los mercados de derivados
para trasladarlo a mercados transparentes".
Y es que, según explica Iruzubieta, "sólo en
este mercado se juegan 5 billones de dólares. Y desconocemos su capacidad de arrastre". En cualquier caso, el hecho de que nos
encontremos en una situación económica
nunca vista en muchos sentidos provoca que "el peligro mayor, como ocurrió en la Gran
Depresión, es no evitar la sensación de desintegración económica", explica Francisco
Mochón, catedrático de la UNED. Por eso,
los gobernantes del G-20 "deben demostrar
que saben lo que hacen", abordando la coordinación de las actuaciones que los Estados están ejecutando y reformando a fondo las instituciones financieras. Es decir, "deben sentar las bases de un sistema menos vulnerable y más estable".
El principal pilar de ese nuevo sistema más estable sería el Fondo Monetario Internacional, si atendemos a las palabras de mandatarios como el primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que han recomendado potenciar el papel del Fondo, un organismo que se creó para sostener un sistema de cambio fijo, del dólar con el oro y del resto de las monedas con el dólar, que desaparece en 1971. A partir de ese momento se queda sin función concreta, dedicándose a otorgar préstamos a países con problemas financieros y a controlar sus balanzas de pagos.
Las opiniones sobre su reforma están divididas, como explica Luis Pires, de la Universidad Rey Juan Carlos. Algunos expertos, como el analista independiente Antonio Iruzubieta, opinan que "el FMI debe tener más competencias, debe poder impulsar medidas y tener más capacidad regulatoria". Sin embargo, Pires estima que "jurídicamente sería complejo darle más poder", argumentando que no es necesario un organismo internacional para regular los mercados y defendiendo una serie de "acuerdos informales entre los países".
Una de las posibilidades, en opinión del catedrático de la UNED Francisco Mochón, es que el Fondo actúe no como prestamista en sí mismo, sino como mediador entre países con superávit y países que necesiten liquidez urgente. Incluso podría actuar como mediador hacia los países que, como Estados Unidos, no tienen superávit pero sí tienen capacidad de emitir moneda con influencia en los mercados. Sin embargo, para que el FMI "tenga credibilidad debe abandonar su imagen de defensor a ultranza del liberalismo y de las privatizaciones", de la doctrina del consenso de Washington. Y es que tanto el FMI como su hermano menor, el Banco Mundial, han aplicado durante las últimas dos décadas reformas económicas liberalizadoras en serie, sin preocuparse por analizar el caso concreto de cada país. El resultado ha sido que las recetas incluidas en sus planes de estabilización económica han terminado por ser contraproducentes en muchos casos, frenando más que potenciando la riqueza económica. De ahí que en los países del Sur se contemple al FMI como el 'brazo armado' del imperialismo económico europeo y norteamericano. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva llegaba a declarar recientemente que el FMI y el BM "de la manera en que están funcionando no sirven para nada".
En ese camino para ganar legitimidad, el FMI debe dar un vuelco a la composición actual de su 'consejo de administración', dando más protagonismo a las economías emergentes. En opinión de Luis Pires, la necesidad de reforma del FMI para dar más poder de decisión a las economías emergentes es "evidente", y de hecho "el G-20 surgió por esa necesidad de contar con estos países". Aunque es una reforma de más calado del que parece, porque la toma de decisiones del FMI se reparte en función de los fondos que aportan cada uno de los Estados. Así, EEUU posee el 20 por ciento, Reino Unido el 7 por ciento, Alemania el 6 y Francia y Japón el 5. Es decir, las cinco principales potencias económicas poseen más del 40 por ciento de los votos. Para dar la vuelta a la situación, las potencias emergentes deberían estar dispuestas, o por lo menos ser capaces, de poner más capitales a disposición del Fondo, y eso está por ver. China :uenta con importantes reservas financieras que podría utilizar en este sentido, y algunos otros países como Argentina o México también podrían aumentar su cuota sin pro-piernas, pero esta solvencia económica no es tan común entre los países emergentes más punteros.
En cualquier caso, independientemente de ;i aborda una ampliación de las competencias del FMI, su rol de socorrista financiero va a ser importante durante los próximos años, porque como explica el analista Antonio Iruzubieta "los emergentes nos van a causar multitud de problemas, ya que el principio del fin del problema se dibuja para la banca estadounidense, pero no para la europea". Es decir, va a ser imprescindible aumentar su capacidad de préstamo, porque además de Islandia, el único país occidental cuyo sistema se ha venido abajo por completo, países como Ucrania, Hungría o los países bálticos se encuentran con problemas serios y ya han recurrido al respaldo financiero del FMI.
Al margen del quién sería el organismo que ejerciera de supervisor internacional de los mercados, si es que finalmente se decide crear uno, queda pendiente la pregunta de cómo se ejecutaría esa regulación, a través de qué conjunto normativo. Y en eso España tiene bastante que decir, gracias a un sistema que ha impedido una debacle de la banca como ha sucedido en las principales economías. "La normativa bancaria española, con respecto a los aprovisionamientos y a los frenos para no incurrir en fenómenos como el de las hipotecas de alto riesgo, es buena. Es sorprendente que no lo hayan adoptado otros países", explica Iruzubieta. El profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Luis Pires coincide en calificar positivamente el efecto de la normativa nacional, no cree que se pueda exportar tal cual a otros países, "porque lo que ha funcionado en un país no siempre funciona en otros". Además, Antonio Iruzubieta no cree que la banca española haya escapado totalmente a la crisis, "porque el 30 por ciento de la deuda viva de América Latina proviene de España" y advierte de las consecuencias de que la tasa de morosidad empezase a crecer en esa región.
Sea como fuere, la Cumbre de Washington es sólo el punto de partida de un proceso que será largo y que tiene su principal incógnita en cómo enfocará la situación el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama. Aunque todavía sea George W. Bush el anfitrión, le corresponderá a él tomar el liderazgo político, y es de esperar que su apuesta por el multilateralismo impulsará las reformas que un cadáver político como Bush habría sido incapaz de sacar adelante.•
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