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Internacional
Nº 810
17/11/2007
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Chequia y Polonia ponen trabas al proceso de construcción europea


LA CRISIS QUE VIENE DEL ESTE

El proceso de construcción europea, que atraviesa una etapa delicada desde que Irlanda rechazó en referéndum el Tratado de Lisboa, podría complicarse aún más cuando Chequia presida a partir del 1 de enero de 2009 la UE. El presidente del país, el conservador Vaclav Klaus, es un activo euroescéptico y junto con su homólogo de Polonia, Lech Kaczynski, encabeza en estos momento el frente de los países más reacios al europeismo y las directrices de Bruselas. Todo parece indicar que la crisis viene en estos momentos del Este de Europa.


Por Paco Soto (Varsovia)

Vaclav Klaus, fundador del partido de los Demócratas Cívicos (ODS) –que gobierna Chequia en coalición con los democristianos y los Verdes– es un conservador que no cree en Europa, aunque su país ingresara en la UE en 2004, y no piensa quedarse callado durante la presidencia que ejerza Praga sobre el club europeo. Klaus, que representa una corriente de la derecha europea radical y firme partidaria en política económica e internacional de las tesis del ala más dura del Partido Republicano de Estados Unidos, suscita una honda preocupación entre sus socios europeos, especialmente entre los países fundadores de la Unión como Francia y Alemania, que ven en el actual Gobierno de Praga un peligro para el ya de por sí delicado proceso de construcción europea. Tanto es así que el actual presidente en ejercicio de la UE, el francés Nicolas Sarkozy, se reunió recientemente en París con el primer ministro checo, Mirek Topolanek, para tratar de clarificar la posición de Chequia, que todavía no ha ratificado el Tratado de Lisboa, durante su presidencia europea. El mandatario galo le llegó incluso a plantear a Topolanek, que se define a sí mismo como un "eurorrealista", y suele ser más moderado que Klaus, la posibilidad de que París asumiera temporalmente la presidencia de la eurozona, de la que no hace parte Chequia. La propuesta fue interpretada por Praga como un intento de Francia de vigilar de cerca la presidencia chequa de la Unión. En lo que sí se han puesto de acuerdo París y Praga es que un observador checo será invitado en las reuniones que lleven a cabo los países de la eurozona en el primer semestre del año que viene y un representante de este país formará parte de la delegación francesa en la reunión que celebrarán el próximo 15 de noviembre en Washington los países del G-8 y las principales economías emergentes para analizar la actual crisis financiera internacional.

El presidente Vaclav Klaus, que declaró recientemente a un rotativo español que "nadie preside la UE, eso es un cuento rotatorio, la Unión Europea la presiden sin interrupción los eurócratas de Bruselas", aprovechó el rechazo de Irlanda al Tratado de Lisboa para vaticinar la "muerte" de este acuerdo. Parece evidente que hará todo lo posible para ponérselo aún más difícil a Bruselas, mientras que su primer ministro Topolanek se muestra más conciliador en las formas, pero no oculta que el tratado es "un compromiso difícil de asumir" por parte de Chequia. De momento, tanto Praga como Bruselas están a la espera de que el Tribunal Constitucional checo decida esta semana si el Tratado de Lisboa vulnera algunos principios de la Carta Magna del país centroeuropeo. Si la decisión del alto tribunal fuera afirmativa, el Gobierno checo tendría un sólido argumento jurídico a su favor para seguir incordiando políticamente a Bruselas. En caso contrario, Praga desearía, según dijo el propio Topolanek, que la ratificación del tratado se vinculara a la instalación en territorio checo de un radar que forma parte de la base de defensa antimisiles que Washington quiere poner en marcha en este país y en la vecina Polonia. Según el politólogo checo Petr Just, el partido de Klaus y Topolanek "se encuentra en una situación esquizofrénica, porque rechaza el tratado, pero tampoco puede aprovechar la presidencia europea del país para provocar aún más tensión".

Sin bandera europea. Mientras, según las encuestas, el 81% de los checos no manifiesta ningún entusiasmo por el Tratado de Lisboa, el Gobierno de Praga hizo saber que durante la presidencia de la UE por parte de Chequia, la bandera europea no ondeará junto a la checa en el palacio presidencial. "No hay ninguna razón para izar la bandera europea", dijo Vaclav Klaus, porque, a su juicio, "también somos miembros de la OTAN y de la ONU y no por ello mostramos sus banderas". De hecho, el jefe del Estado checo se opone a que la enseña de la UE ondee en el palacio presidencial desde que el país ingresó en el club europeo, en 2004, porque "al fin y al cabo, no somos una provincia cualquiera" de la Unión. En Praga, algunos ciudadanos todavía no han olvidado que la víspera de que Chequia entrara a formar parte de la UE, el presidente Klaus subió al monte Blanik, porque según la leyenda, en él viven los caballeros bohemios, que podrían abandonarlo para defender el país, si sufriera una agresión. Lo que en su momento fue visto como una payasada del jefe del Estado, hoy es interpretado como un mensaje político de rotunda oposición a la UE. Aunque Topolanek llevará el bastón de mando de la presidencia del Consejo de Europa (CE), Klaus intentará asumir algún tipo de representación. No hay duda al respecto. Nadie sabe a ciencia cierta qué hará Praga durante el primer semestre de 2009, pero no hay duda de que será un periodo convulso que podría incluso llevar a la UE a un callejón de difícil salida en cuestiones como las relaciones con Rusia y Estados Unidos, la lucha contra el calentamiento global o la estrategia para hacer frente a la crisis financiera internacional.

Elecciones al Senado. A pesar de los nubarrones que planean sobre Europa, el frente euroescéptico checo sufrió un fuerte varapalo en las elecciones al Senado del pasado 25 de octubre, que dieron la victoria a la oposición socialdemócrata y dejaron al partido de Vaclav Klaus y Mirek Topolanek en minoría en la Cámara alta. Una semana antes, los conservadores ya habían sufrido una derrota en las elecciones regionales. Según los observadores políticos, el retroceso electoral de la derecha gobernante podría complicarle su estrategia de cara a la UE y al Tratado de Lisboa, que debe ser adoptado por las dos cámaras de representantes del país. Se dan las circunstancias de que los conservadores han perdido la mayoría absoluta en el Senado, que mantenían desde 2006, y aunque pueden seguir controlando esta cámara gracias a sus socios de coalición gubernamental, ya no tienen los votos suficientes para bloquear el Tratado de Lisboa. La situación es especialmente compleja y el líder de los socialdemócratas, Jiri Paroubek, pidió la celebración de elecciones generales anticipadas. También presentó una moción de censura contra el Gobierno, que finalmente no prosperó porque Topolanek convenció a los otros grupos parlamentarios de que no apoyaran el objetivo de los socialdemócratas.

El presidente Kaczynski. Mientras Europa mira de reojo a Chequia y respiraría aliviada si se celebraran elecciones generales anticipadas que dieran la victoria a los socialdemócratas, Polonia sigue inquietando a sus socios europeos. La inquietud no la provoca el Gobierno de centro-derecha del europeísta Donald Tusk, sino el presidente del país, el derechista, populista y euroescéptico Leck Kaczynski, que durante dos años (2005-2007) formó un tándem ultraconservador con su hermano gemelo Jaroslaw, que suscitó numerosas polémicas con Bruselas. Los conservadores del partido Ley y Justicia (PiS) de los Kaczynski están en la oposición desde hace un año, pero el jefe del Estado sigue poniendo trabas en el camino europeo de Polonia, por ejemplo, negándose a ratificar el Tratado de Lisboa, que, sin embargo, fue aprobado por el Parlamento polaco el pasado mes de abril, o saboteando la política exterior del Gobierno de Tusk. El empeño de Kaczynski de hacer acto de presencia en las últimas cumbres de la UE, aunque esta función le corresponda al primer ministro y no al jefe del Estado, dejó a los socios europeos de Polonia estupefactos y, en palabras del ex presidente de la república y ex líder del sindicato Solidaridad, Lech Walesa, ha "ridiculizado" al país. La "guerra de los jefes a la cabeza del Estado polaco", como calificó el conflicto el diario conservador francés Le Figaro, da una mala imagen de Polonia y provoca incertidumbre en la UE, pues Kaczynski será presidente hasta el 2010 y ya ha anunciado que apuesta por la reelección. "La estrategia de Kaczynski es peligrosa, porque siembra la duda y la división entre los polacos, le pone trabas al proyectos europeísta de Tusk y erosiona la confianza de Europa hacia nosotros", señaló a EL SIGLO el comentarista político Mariusz Borkowski. Así las cosas, otros países del antiguo bloque socialista hoy integrados en la UE, como las repúblicas bálticas, se alejan notablemente de Bruselas en asuntos tan delicados como la relación con Rusia o la política medioambiental y no piensan callar frente a los grandes de la Unión. Asimismo, Bulgaria, golpeada por la corrupción, corre el riesgo de perder buena parte de los fondos europeos y Rumanía también tiene serías dificultades para mantenerse a flote, mientras que Hungría está prácticamente al borde de la quiebra financiera y ha tenido que pedir ayuda al FMI y la UE. •

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