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Nº
810 -17 de noviembre de 2008 |
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De Francisco José Alcaraz, ex presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo
A Francisco José Alcaraz, ex presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), quien fuera la gran e incluso principal estrella de las numerosas manifestaciones que organizó en la anterior legislatura el Partido Popular; a este especie de santón o de gurú, aclamado por la tríada que componían la COPE de Federico Jiménez Losantos y César Vidal, el Foro de Ermua y, por descontado, la derecha política, la Audiencia Nacional le ha reabierto la querella presentada judicialmente contra él como consecuencia, entre otras groseras lindezas, de haber denominado al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, “embajador de ETA”. No hay que olvidar ni menospreciar ni minimizar la amalgama descrita de intereses varios, atados y bien atados en torno a la política neocon made in Spain, azuzada desde la FAES de José María Aznar y desde la sede central del PP, sita en la calle Génova 13 de Madrid, todo bajo la bendición entusiasta del alto clero, con los cardenales Antonio María Rouco Varela, Antonio Cañizares y Agustín García-Gasco de oficiantes. Pero, como sucedía a menudo, desde los tiempos más remotos, con la antigua farsa, el tinglado se tambalea y puede estar a punto de caer de bruces al suelo. Alcaraz atraviesa sus horas más bajas, de modo que ha desaparecido ya del firmamento donde su gloria era refulgente. Sus relaciones con quien le sucedió en el cargo, Juan Antonio García Casquero, elegido con el 97 por ciento de los votantes de la AVT, no son buenas y cada día que transcurre son más tensas. Evocan de algún modo en el ámbito de la AVT lo que viene acaeciendo desde hace unos cuantos años en el interior del Partido Popular entre Aznar y Mariano Rajoy. La criada, si se me permite la metáfora, le ha salido respondona a Alcaraz, como lo está siendo Rajoy respecto a Aznar. Acusa Alcaraz a Casquero de ser un blando, un relativista que juega a la equidistancia y que coquetea con el Gobierno. Esto último es blasfemia para el código mental de su predecesor en la cúpula de la AVT. Es pecado mortal. Es traición. Es una villanía abominable. Mientras tanto, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha dictado un auto obligando al magistrado Ismael Moreno a reabrir la querella que la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (Edade) había interpuesto contra Alcaraz, acusándole de injurias y calumnias graves contra el Gobierno de España. El magistrado Moreno hace unos meses había archivado la querella fundamentando su decisión en el hecho de que, según él, las palabras injuriosas de Alcaraz no iban dirigidas al Gobierno como tal, sino de forma personal, a Zapatero. En atención a esta circunstancia, el citado juez decidió no considerarse a sí mismo competente para juzgar el asunto. La medida adoptada por el magistrado supuso un balón de oxígeno para Alcaraz. Cuesta entender, sin embargo, que la persona del presidente del Gobierno se pueda separar del Gobierno presidido por esa persona. Suena la argumentación de Moreno a un capítulo más de los famosos (por estériles) debates bizantinos. El recurso ante la Audiencia presentado por la referida Asociación de Abogados fue afortunadamente avalado por la Sala de lo Penal. El magistrado Moreno ha sido declarado, pues, competente para poner en marcha los dispositivos judiciales adecuados, a partir de los ataques furibundos y desorbitados en cuanto a los insultos que propagó Alcaraz sin recato alguno. Una selección de las frases del ex presidente de la AVT incluye perlas como las siguientes: “La ruptura del diálogo tras el atentado de la T4 es un paréntesis que tanto ETA como el Gobierno han ideado para retomar el diálogo”; “El diálogo con ETA supone legitimar los cientos de asesinatos y los miles de heridos provocados por la barbarie terrorista” y “Zapatero es el embajador de ETA, el presidente hace tiempo que habla, siente y padece como los propios terroristas”. Alcaraz no asume que de hecho es un don nadie al que los estrategas del PP escogieron como su “hombre” en la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Lo convirtieron en un héroe y proyectaron su imagen como si se tratara del nuevo Mesías, el Salvador de las Víctimas de ETA, víctimas machacadas además por el malvado Zapatero. Más tarde empezaron desde el Estado Mayor popular a prescindir de él. Era demasiado oneroso y su figura suscitaba una reacción de ira creciente no sólo entre los votantes del PSOE, de IU y de los partidos nacionalistas, sino también en las capas más moderadas o centristas del propio PP. Lo han dejado solo porque sus padrinos, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, han sido asimismo apartados de los focos. Su gestión en la AVT fue política, acorde con los sucesivos movimientos de Rajoy y sus colaboradores más próximos. Asistimos en la actualidad al imparable ocaso de Alcaraz. Esperemos que termine el proceso al que se ha de enfrentar en la Audiencia Nacional y confiemos en que la sentencia ponga las cosas en su sitio. Las víctimas del terrorismo no se merecían un líder tan sectario y tan lenguaraz, en el sentido más peyorativo del término, como éste. Luis G. del Cañuelo |
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