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Nº 810 - 17 de noviembre de 2008

Los retos de Obama

Los sondeos no se equivocaban. Los norteamericanos se han atrevido a superar las barreras raciales y elegir a un presidente negro. No había un voto blanco oculto y sobraba entusiasmo para conseguir una clara victoria apoyada en un récord histórico de participación, el 64 por ciento, que no se alcanzaba desde 1908.

La participación, 72 por ciento, ha sido especialmente alta en Florida. Este Estado clave, que dio la victoria a Bush en 2000 y en 2004, ha basculado al campo demócrata, como Ohio y otros cinco Estados de tradición republicana. Los resultados de Ohio y Florida hacen de la victoria de Obama un deslizamiento del terreno electoral como el conseguido por Reagan en 1980. Pero, aun sin ganar en esas plazas simbólicas, hubiese reunido los 270 grandes electores necesarios para ser elegido presidente. Y, por primera vez desde la victoria de Carter en 1976, ha superado la mayoría absoluta de los votos.

Todas estas circunstancias, y muchas más, explican que la elección de Obama haya sido saludada en casi todo el mundo, y especialmente en Europa, con una sucesión de superlativos sobre su persona y la capacidad de renovación política de la sociedad americana.

Obama es el nuevo icono político del momento y las esperanzas sobre el futuro que abre y las heridas del pasado que cierra son más que justificadas. Pero también llevan consigo los riesgos de decepción de las grandes euforias. El primero en saberlo es, desde luego, el propio Obama, que en su discurso de Chicago ya ha alertado de lo difícil que será hacer frente a dos guerras y a lasconsecuencias económicas de la crisis financiera.

Quizás porque eran tan conscientes de ello, los americanos han elegido a un hombre excepcional, el que mejor encarnaba el sueño americano en su historia reciente, capaz de reconciliar a los norteamericanos consigo mismos y con el resto del mundo y de superar la crisis financiera.

La elección de un negro por una mayoría blanca marca el verdadero fin de la Guerra de Secesión (18611865), que costó un millón de muertos. Puede parecer exagerado, pero así lo titulaba el New York Times y desde luego esa guerra perduraba de múltiples formas sociales y políticas hasta fechas muy recientes que la aceleración de la Historia nos hace parecer lejanas.

Ejemplo aplastante de la permanente existencia de barreras raciales es que en 130 años sólo haya habido tres senadores negros, Obama uno de ellos. Pero hoy la Virginia esclavista le ha votado y ha tenido más votos de blancos que cualquiera de los anteriores presidentes demócratas.

Reconciliar a los EE UU con el resto del mundo será más difícil, aunque la situación que hereda de Bush, con su unilateralismo, sus aventuras imperiales, sus repulsivas teorías sobre el mal y el bien y sus prácticas indignas de una democracia, es tan desastrosa que las mejoras deberían ser evidentes. Sin duda, Obama será más cooperativo y más abierto al diálogo, pero la defensa de los intereses americanos guiará su política y no creo que la decida en función de los votos en la ONU.

En Afganistán empezará pidiendo un mayor compromiso a los europeos, en Ucrania y Georgia tampoco cambiará mucho su posición, veremos en qué queda la cuestión de Cuba, y puede poner en marcha actitudes proteccionistas que ya afloraron durante la campaña.

Pero lo más difícil y urgente será hacer frente a la crisis económica y evitar que la recesión se convierta en depresión. Las políticas de Obama el redistribuidor, acusado de "socialista" por los republicanos, tendrán que esperar porque su urgencia es apuntalar un empleo que se desmorona. El paro superó en octubre los diez millones, cifra no alcanzada desde hace 14 años.
La tasa de paro, 6,6 por ciento, es todavía baja para los estándares europeos, pero el ritmo de crecimiento del desempleo se acelera: en un año EE UU ha perdido 1,2 millones de empleos, de los cuales la mitad en los dos últimos meses. Detener esa caída a plomo es su gran desafío y a ello ha dedicado ya lo fundamental de sus primeras propuestas. Ha pedido a Bush que presente de forma urgente un plan de reactivación de la economía negociado con un Congreso que los demócratas dominan todavía más después de las elecciones.

Pero ha marcado también sus diferencias con anteriores medidas de la Administración Bush señalando que los beneficiarios de este plan deben ser las clases medias y los propietarios inmobiliarios en dificultad, y no sólo las sociedades financieras.

Nada será fácil y el margen de maniobra es más escaso de lo que la ilusión del momento nos hace ver. Pero es la hora de la audacia de la esperanza, el título del libro con el que el nuevo presidente nos hizo conocer sus ideas. Suerte Obama. •

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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