Alain Touraine, sociólogo
"SÉGOLÉNE BOYAL HA
PROTAGONIZADO
UNA
HISTORIA FORMIDABLE"
Alain Touraine quisiera ver a Ségoléne Royal imponerse en el congreso que celebra este fin de semana el Partido Socialista (PS) francés y del que saldrá el nuevo líder del
principal partido de la oposición en Francia. El profesor
de la prestigiosa Escuela de Altos Estudios en Ciencias
Sociales de París firma con Royal Si la gauche veut des
idées, 320 páginas de ideas para la izquierda. Surgido
de un intercambio de correspondencias entre el sociólogo y la socialista, la publicación del texto sorprende al propio Touraine. "Lo habitual cuando
pides a un político que responda a un texto que le
remites es que te devuelva dos o tres páginas, lo que a nivel de intercambio de ideas no significa
nada", asegura. Pero, según revela, "con Boyal el intercambio
ha sido diferente porque me respondió en más de cien páginas".
Por Salvador Martínez (París)
Cómo valora que su libro sea en
un instrumento de la campaña
desarrollada por Royal para conquistar la dirección del PS?
—Me parece bien. No quiero que la dirección del PS caiga en manos de gente como Laurent Fabius. Es un hombre de gran calidad, pero representa a la izquierda heredera de Mitterrand, anti-ámericana, favorable al fortalecimiento del papel del Estado y despreocupada por la economía. No puedo imaginar que, ni siquiera con el apoyo de Martine Aubry, la alcaldesa de Lille, esa izquierda pueda convencer a la mayoría de los franceses de un proyecto político. Con el heredero de Michel Rocard y Lionel Jospin, el actual director del FMI, Dominique StraussKhan, pasa lo mismo. Sería raro ver a un director del FMI dejar su cargo para renovar el PS y luego ser el candidato socialista a laselecciones presidenciales. Todavía es menos probable que el primer secretario saliente del partido, François Hollande, conserve el peso político con el que cuenta actualmente. Hollande simboliza desde hace 10 años la persona que se desvive por los demás sin obtener nada a cambio.
—¿Se impondrá Royal en el congreso que el PS celebra este fin de semana en Reims?
—Desde su derrota en las elecciones presidenciales, Ségoléne Royal no ha dejado de perder terreno pese a lo cual, todavía hoy, es una candidata con opciones a la dirección del partido. Ella ha protagonizado una historia formidable, precisamente porque no es una figura típica entre los socialistas. Ségoléne ha estado siempre fuera de un aparato del partido que detesta. Su campaña en las elecciones presidenciales fue impresionante y prueba de ello es que haya conseguido un número de votos – 17 millones, (ndlr.) – nada habitual para un candidato dela izquierda.
—Entre Bertrand Delanoé, el alcalde de París, y Royal, ¿quién tiene más posibilidades de hacerse con la dirección del PS?
—Si verdaderamente ambos están en la cabeza de carrera por la dirección del partido, ganará Delanoé. Él está mucho más vinculado al aparto del PS, tiene la experiencia de la gestión de una gran ciudad como París y cuenta con una buena cobertura de los medios de comunicación. No obstante, y pese a mis relaciones amistosas con él, debo decir que Delanoé no apunta alto. Con él, apenas se han construido viviendas públicas en París, y eso que necesitamos 100 000. Con Delanoé, yo no he sentido un aire de izquierda. Es más, él se ha definido con unos términos que le han hecho mucho mal y que continuarán haciéndole daño. Ha dicho: "Soy un liberal-social". Si hay dos palabras que se oponen, éstas son: liberal y social. Pese a todo, Delanoé inspira confianza entre los socialistas. Ahora bien, nada impide imaginar que los militantes del PS vayan a elegir en el congreso de este fin de semana a un director que se ocupe de reformar el partido para designar más tarde a su opositor al jefe de Estado, Nicolas Sarkozy, en las próximas elecciones presidenciales.
—Delanoé, Royal, Aubry y Benoit Hamon son los candidatos a la dirección del PS, ¿Por qué hay tanta pluralidad?
—La escena política francesa está descompuesta. Por un lado, los partidos están en crisis, ya sea el Frente Nacional (FN) o los partidos de extrema izquierda. También lo están los partidos de centro-izquierda e, incluso, de centro-derecha. Éstos últimos manifiestan a menudo su descontento con las medidas del presidente francés. Por otro lado, está Sarkozy. Él ha tenido la inteligencia de reconocer que los electores del FN no son todos unos fascistas. Al contrario, gran parte del electorado frontista forma parte del electorado popular. Se trata del segmento de la población formado por ciudadanos que piensan que nadie se ocupa de ellos. Sarkozy, además de desarrollar un lenguaje de hombre activo y brillante, se presentó a las elecciones presidenciales dispuesto a trabajar con gente de izquierdas. Es decir, que en tiempos de crisis política, Nicolas Sarkozy se ha hecho ver como alguien que une. En definitiva, Sarkozy es el triunfador de la explosión de la escena política.
—¿Cómo caracterizaría ideológicamente la política del actual ejecutivo?
—No es una política ni de izquierdas ni de derechas. Se trata de una política personal que se identifica con Sarkozy. Si no se tiene esto claro no se entiende, por ejemplo, el Ingreso de Solidaridad Activa, la medida social-faro del ejecutivo con la que se pretende favorecer la reinserción laboral a través de un complemento salarial pagado por el Estado. Esta medida, cuya financiación hará aumentar el impuesto sobre los beneficios del patrimonio y las inversiones en un 1,1 por ciento es producto del trabajo de Martin Hirsch, un hombre respetado por todos, progresistas y conservadores.
—La impopularidad del presidente hace pensar que ya no une tanto a los franceses.
—Los ciudadanos, al ver que los planes del ejecutivo no se cumplen, son los responsables del batacazo que ha sufrido Ni-colas Sarkozy de cara a la opinión pública.
Cuando fue elegido presidente contaba con hasta un 90 por ciento de opiniones favorables pero, en sólo unos meses, ese porcentaje se redujo hasta llegar al 30 por ciento La reacción negativa de la opinión pública ha calmado al jefe del Estado: le ha hecho ser menos fanfarrón. Ahora Sarkozy intenta jugar un papel importante en Europa como presidente del Consejo Europeo para mejorar su imagen. Para los franceses es importante que su presidente juegue un papel clave en Europa. No obstante, a nivel nacional, la situación política no ha cambiado desde hace un año, porque ni la derecha ni la izquierda tienen ideas.
—En su libro demuestra que los intelectuales, a quienes se acusa de haberse desinteresado por la sociedad, se interesan por los problemas sociales. ¿Qué piensa de la situación social en España?
—Es chocante para un francés escuchar el optimismo de los españoles. Están más contentos que los franceses, son europeístas yestán convencidos de que han recorrido un camino extraordinario. Pero el éxito español es muy frágil. A España le ha ido bien porque los salarios son muy bajos, las cargas sociales también lo son y no hay un sistema de protección social digno de un país europeo. España ha adoptado un modelo de desarrollo basado en el turismo y la construcción. Esto ha permitido construir en toda la costa del país para que, como me decían recientemente en Barcelona: "vengan los ricos europeos del norte a pasárselo bien". La idea de vivir de las fiestas de los europeos del norte es inteligente, pero cuándo los europeos con dinero dejen de tenerlo no irán a Barcelona porque preferirán matricular a sus hijos en buenas escuelas.
—¿Qué puede hacer la UE ante la actual crisis económica internacional?
—La UE ha reivindicado que, económicamente y a nivel europeo, se decide en Bruselas. "Decidimos en función de la inflación", dicen en la capital belga, pero ¿Quién decide en nombre del crecimiento económico? Europa tiene que tomar decisiones para relanzar el crecimiento económico del mismo modo que tiene que ganar peso en la escena internacional.
—Usted apuesta por que Europa, EE UU y América Latina se alíen en un mundo marcado por la competición.
—América Latina sólo pide que esa alianza a tres bandas se realice. En cuanto a Europa, aún está por saberse si la UE quiere jugar un mayor papel a nivel internacional. Javier Solana, Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, podría ser un buen ministro de Asuntos Exteriores europeo. Pero no lo es. Una eventual alianza entre Europa, América Latina y EE UU también depende de la voluntad de cooperación internacional del nuevo presidente estadounidense, Barack Obama.
—¿Europa debería ser un contrapeso a los EE UU en la escena internacional?
—La cuestión no es saber si Europa está a favor o en contra de FE UU ¡Esto no le importa a nadie! Europa debe mantener sus vínculos con ese país porque, al fin y al cabo, tenemos la misma cultura y el mismo tipo de sociedad. América Latina, Europa y EE UU también comparten la misma concepción de la libertad. •
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