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Nº 809
10/11/2008

De piratas y tanques

EI 2 de septiembre el carguero ucraniano MV Faina fue secuestrado por piratas somalíes en aguas del Golfo de Adén. El capitán del buque murió, al parecer de un ataque al corazón, y varios piratas se entremataron en pelea. Desde ese día el MV Faina permanece rodeado de buques de guerra de la V Flota de los Estados Unidos, junto con otros navíos de países atlánticos. Y también de Rusia, ya que a bordo del buque secuestrado permanecen 17 tripulantes ucranianos, dos rusos y un lituano, y porque lleva un cargamento de 33 tanques rusos del modeloT-72. En lo que va de año se han registrado en las costas de Somalia unos 60 actos de piratería, y el que ha sufrido el buque ucraniano tarda en resolverse porque hasta ahora nadie parece haberse responsabilizado del pago de los 20 millones de dólares que los piratas reclaman como rescate, ni tampoco estuvo claro dónde se encontraba el propietario de los tanques rusos, quién los encargó y pagó y a dónde irían a parar. Los piratas dijeron desde el primer momento que no les interesaba la carga, sólo los millones de dólares. Después se ha sabido que los tanques estaban consignados al Ministerio de Defensa de Kenia, para ser desembarcados en el puerto de Mombasa.

También pudo averiguarse que otros tanques rusos, modelos T-72 y T-55, al menos cien, el año pasado fueron desembarcados en Mombasa, con destino al Gobierno del sur de Sudán. Kenia nunca ha utilizado material ruso en sus fuerzas armadas, por lo que se supuso que estos tanques también iban destinados al sur del país vecino, haciendo el Gobierno de Kenia de intermediario y poniéndose de esta manera, cuando los detalles comenzaron a saberse, en una situación muy embarazosa ante la opinión pública internacional. En un principio se trató de negar la implicación del Gobierno de Kenia en el cargamento de tanques del buque secuestrado, especialmente en cuanto a su reenvío al sur de Sudán, y lo que parecía otra historia turbia del tráfico internacional de armas, aireada sin quererlo por los piratas del MV Faina, ahora se ha convertido en otra historia turbia de la política regional en esa turbulenta parte de África. Se barrunta, por tanto, que el Gobierno de Nairobi está facilitando la creación de unas fuerzas armadas capaces en el sur de Sudán, para tener acceso a su petróleo y ante la eventualidad de que se abran nuevas hostilidades con el Gobierno islamista de Jartum.

Tal rearme va en contra del Comprehensive Peace Agreement de 2005 y además la actuación de Kenia con los tanques rusos hace dudar sobre la verdadera posición de su Gobierno respecto al proceso de paz en Sudán. Si como parece cierto los tanques irían, y han ido en cargamentos anteriores, a parar al sur de Sudán a través de Kenia, su Gobierno pasaría de ser, como se jactó en su día, la comadrona que ayudó al parto del acuerdo de paz en Sudán del año 2005, a la comadrona de un independiente y fuertemente armado sur de Sudán, dispuesto a luchar contra el Gobierno de Jartum si éste trata de oponerse a la secesión probable después del referéndum previsto para 2011. Por ello, las preguntas se dirigen tanto a saber cómo se resolverá el secuestro y quién pagaría a los piratas del MV Faina, quienes sin pretenderlo también han actuado un poco de comadronas al descubrir un embrollo, como a dilucidar los intereses de Kenia y otros países de la región en un conflicto ancestral y de muy difícil solución, que no deja de amplificarse geográficamente y de enredarse con otros conflictos, hasta Etiopía, Eritrea, Chad, Somalia y, por su- 1 puesto, hasta el Golfo de Adén, donde están los tanques.

Si algún día estos tanques rusos llegan a Mombasa, el Gobierno de Nairobi tendrá que hacerse cargo de ellos, comenzarán las especulaciones habituales sobre el cómo y a quién se ha satisfecho el rescate y en cuánto ha quedado. Y esta historia de piratas acabará, al menos por ahora y respecto al MV Faina, para comenzar otra historia escandalosa de intervención en conflictos de terceros países y desestabilización regional, en la que, como resulta habitual, los actores suelen mentir y hacer justamente lo contrario de lo que declaran. Quizás convendría situar en los tanques chips o sensores que nos vayan indicando su paradero, lo que por otra parte no es difícil saber si uno consulta los informes del Jane's Defence Weekly, o del International Peace Research Institute de Estocolmo. Si además resulta que los piratas somalíes añaden a tales datos una sonoridad escandalosa, para vergüenza de corrompidos y de corruptores, tenemos entonces todos los ingredientes de una novela excitante. •

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