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Nº 809 - 10/11/2008

Santiago Carrillo, autor de 'La crispación en España'

 

"OBAMA PUEDE INFLUIR

EN EL RENACER DE LA IZQUIERDA EN EUROPA"


De no haber sido una pieza clave del Eje Roma-Berlín en la fase previa a la Segunda Guerra Mundial, España no habría sido víctima de la batalla fratricida que la partió en dos en el año 36. Santiago Carrillo aclara éstas y otras cuestiones en La crispación en España (Planeta), donde se remonta a los años previos a la Guerra Civil para explicar el origen de la tensión que aún permanece enquistada en este país. El histórico líder del PCE propone recetas para relajar el panorama político y habla para EL SIGLO de asuntos de actualidad, como la reparación de las víctimas del franquismo, el triunfo de Obama o las polémicas declaraciones de la Reina.

Por Virginia Miranda

Por qué el prólogo del libro lo dedica a los jóvenes?
—Porque los jóvenes pueden superar lo que signficó la Guerra Civil y pasar página. Las generaciones mayores todavía están muy conmocionadas por aquello, muy condicionadas incluso.

—Usted pretende aclarar una serie de equívocos sobre la guerra. Por ejemplo, si se pudo evitar. Y dice que sí.
—Sí. Por un lado, pienso que si no se hubiera gestado ya la Segunda Guerra Mundial y si España no hubiera sido una pieza de esa preparación, las contradicciones que había en el país probablemente se habrían podido resolver sin llegar a una Guerra Civil. Por otro lado, el 18 de julio, cuando se produce la sublevación en la península, el Gobierno y el pueblo derrotan a los sublevados en todos los territorios fundamentales. Pienso, y además trato de demostrarlo en el libro, que ya antes de la contienda, desde que Gil Robles fue ministro de la guerra y Franco jefe del Estado Mayor, había una relación directa de este último con los de Alemania e Italia. Quien descubre en sus memorias esa relación es Hidalgo de Cisneros, y lo confirma en su libro Gil Robles. En las memorias de Alcalá Zamora también aparece un detalle muy importante. Dice que un momento dado se preocupa por la defensa de las Baleares y la posibilidad de un ataque italiano. Y al poco tiempo se entera de que las islas no se han protegido, pero hay planes para fortificar la frontera de España con Portugal en previsión de un ataque inglés. De modo que la guerra de España se desencadena no sólo, y yo casi diría no tanto, por un conflicto interior como por el hecho de que Franco y el Estado Mayor están ya de acuerdo con los alemanes y los italianos. Por eso decimos que la guerra de España fue la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial.

—Y los aliados no acudieron en ayuda de España. ¿La República fue más víctima del fascismo o de los intereses capitalistas de Occidente?
—Fue víctima del fascismo y de los intereses capitalistas de Occidente. La influencia del Partido Comunista en España durante la guerra efectivamente fue muy grande, pero lo fue porque el único país que ayuda a España es la Unión Soviética. Los partidos de la socialdemocracia estaban por la no intervención, y las formaciones burguesas que podían haber ayudado a los republicanos, en la práctica estaban apoyando directa o indirectamente a Franco. Si Francia e Inglaterra hubieran apoyado a la República española, Giral no habría tenido que pedir ayuda a Rusia y el Partido Comunista no habría tenido la influencia que tuvo. Lo mismo se puede decir de otro aspecto de la cuestión. Hay quien quiere justificar la sublevación porque se estaba preparando una revolución comunista. Pero es falso. Es la sublevación la que provoca el levantamiento popular y la creación en ese periodo de una República no capitalista, a pesar de los esfuerzos del Partido Comunista para que no dejara de ser una República democrática y parlamentaria.

—En su libro habla de la crisis del capitalismo entre las dos guerras mundiales. ¿Es comparable con la de ahora?
—Todavía está empezando y nadie sabe hasta dónde va a llegar. Pero puede convertirse en una depresión como la del 29. Claro que ahora los Estados tienen más medios y si se deciden a controlar la economía de verdad las consecuencias de la cri-
sis pueden no ser tan duras.

—¿El sistema capitalista está agotado?
—Es evidente que está agotado. Sobre todo en sus formas últimas, las que ha adquirido bajo el neoconservadurismo. El dominio del mercado sobre la política ha conducido a esta situación, lo que demuestra que el capitalismo no tiene recursos propios para evitar y dominar la crisis y son los gobiernos los que tienen que adoptar medidas extraordinarias. Conozco a gente de derecha en este país que reconoce que el capitalismo no da solución a los problemas y conduce a la catástrofe.
—La izquierda y la derecha españolas, ¿han evolucionado o aún mantienen hipotecas del pasado?
—Mantienen hipotecas del pasado, sobre todo la derecha. El gran partido de la izquierda, como le ha sucedido a la socialdemocracia en toda Europa, ha evolucionadohacia posiciones liberales. Y los comunistas, como partido, han desaparecido prácticamente no sólo en España, sino en toda Europa. Lo que espero es que esta crisis ayude a la izquierda a levantar cabeza. Hoy, la lucha por cambiar la sociedad no se va a parecer a la de hace 80 años. Pero espero que la izquierda recupere la idea del socialismo, un socialismo con libertad, con democracia. Ahora pueden crearse condiciones más fa-
vorables para ello.

—¿Cuándo se produjo el punto de inflexión para que la derecha, que en la Transición colaboró en la construcción de la democracia, propiciara el escenario de crispación del que habla en el libro?
—En el momento de la Transición el instrumento político es UCD, un partido reformista de verdad. La formación de Suárez tiene la mayoría que le permite llevar a cabo la modificación del sistema franquista de acuerdo con los partidos democráticos. Pero al mismo tiempo, la derecha sigue reagrupándose y aparece el PP. Y el PP ya no es UCD, es un partido profundamente derechista que no ha roto todos sus lazos con la derecha de la dictadura, lo que ha hecho es un cambio de cara para poder seguir haciendo política. Y eso hace que la derecha de hoy, en su mayoría, sean igual o muy parecida a la del pasado. En la práctica, lo único que la preocupa es echar del poder a la izquierda y ponerse ella. Creo que la estrategia de Rajoy y del PP es derribar al Gobierno en plena crisis. Y están haciendo demagogia con los parados, como si fueran el partido de los trabajadores. La derecha está ahí, se ha recompuesto mucho, mientras que la izquierda está bastante debilitada desde el punto de vista ideológico y organizativo.

—Las declaraciones de la Reina a Pilar Urbano siguen siendo objeto de controversia. ¿La Familia Real tiene derecho a opinar?
—No, evidentemente esas declaraciones rompen las reglas del juego político, del papel de la monarquía. A mí no me extraña que la Reina piense así. Además creo que no es un crimen, tiene derecho a tener esas opiniones. Ahora, lo que me parece intolerable es que la Casa Real no haya impedido la publicación de ese libro. Eso significa que o funciona mal, o tiene dos políticas: la de la Reina y la del Rey; la Reina con la derecha y el Rey con la izquierda. Por ese camino, un problema que hoy no es actual, que es el de República o Monarquía, puede llegar a plantearse. Y en estas circunstancias complicaría todavía mucho más las contradicciones que hay en este país y nos situaría en una situación sumamente conflictiva.

—¿Cómo descrispar la vida política española?
—Durante los primeros años de la victoria de Franco, hubo miles de personas que fueron condenadas y fusiladas. Pero además hubo una rehabilitación de los que murieron en el bando sublevado. Ahora, para cerrar las heridas, lo que falta es rehabilitar a las víctimas del bando republicano.

—Usted ha defendido que el Estado abra las fosas del franquismo y reivindique la memoria de las víctimas, pero considera innecesario hacer públicos los nombres de los asesinos. ¿Esa sería una segunda Transición?
—La Transición es permanente. Estamos en perpetua Transición. Lo que es necesario es resolver este asunto en el terreno político. Es el Estado el que debe tomar la iniciativa en la solución del problema de las tumbas y en la reivindicación y rehabilitación de los asesinados. Lo que no quiere decir que yo censure a Garzón. Ha tratado de abordar el tema de la manera en que él podía hacerlo. Respecto a los nombres de los victimarios, la razón de que yo piense que no hay que hacerlos públicos es porque ya están muertos, y sobre quien va a caer todo eso es sobre sus hijos y nietos. Lo que puede envenenar la vida de esas gentes que no tienen culpa de lo que hicieron sus padres. Por qué abrumarles publicando ahora algo que sin duda va a hacerles daño. Eso no sería justo.

—¿Qué va a significar para Estados Unidos y para el mundo el triunfo de Obama?
—Para Estados Unidos puede significar el fin de la intervención en Iraq en un plazo breve, el abandono de la política aventurera de Bush y de los neoconservadores, el restablecimiento de muchos derechos que han sido abolidos en Estados Unidos con el pretexto de la guerra contra el terrorismo. Es decir, la recuperación de libertades. Para el mundo podría significar que un Gobierno americano acepte que Estados Unidos no es la cabeza del imperio con procónsules en todos los países de la tierra, y que admita un trato de igualdad con Europa, con China, con la India, con los otros países con peso internacional. Si Estados Unidos reconoce eso y reorienta su política mundial, puede ser saludable. Además, creo que la victoria de Obama puede influir en Europa debilitando las derechas neoconservadoras que hoy tienen el Gobierno en la mayor parte de los países y provocando un cierto renacimiento de la influencia de la izquierda. Es aventurado hacer profecías, pero todo esto es posible. •


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