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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 809- 10 de noviembre de 2008
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Cumpleaños

Termino de leer una joya bibliográfica en versión facsímil: The Thirties (Julian Symons). Es sólo el capítulo XII, titulado Spain, que arranca con el levantamiento de julio del '36, y nos cuenta la participación de los brigadistas ingleses y el impacto socio-político-intelectual que representó la guerra civil española como colofón de un periodo de paz obligada tras la Gran Guerra. Década de deslumbrante creatividad artística y fertilidad intelectual; tensiones geopolíticas sobre el mapa resultante de vencedores y vencidos; choque y chispas entre el paradigma socialista y los más viscerales nacionalismos; pobreza; desempleo; desbarajuste económico; lucha de clases... un gran caldero en ebullición, de obligada explosión retardada: II Guerra Mundial.

Julio del '36, para unos y otros, la gran batalla entre las fuerzas del bien contra las fuerzas del mal. Para cada bando: la defensa de sus ideales y argumento de sus razones para luchar: matar y morir. ¡Mierda!

En noviembre del '36, Madrid, a los pies del ejército franquista acampado a la otra orilla del río, presagiaba la peor de las represiones a manos de falangistas y moros mercenarios. La gente, los primeros días de noviembre, embotaba sus miedos de cada día en un duermevela agotador. Todo el mundo vestido de ropa de paseo (como gente de orden) a la espera de ver desfilar por la calle de Alcalá a los sanguinarios de Málaga y Badajoz. Esos días de noviembre, los comunistas hacían limpia de cárceles y checas, con sacas y paseos terminales de prohombres de derechas o, simplemente, inocentes meapilas de buen corazón y misa dominical. Paracuellos (hicieron lo mismo con los propios del POUM: asesinarlos a mansalva.)

Entre los primeros voluntarios ingleses de las Brigadas Internacionales, también había mucho comunista. Intelectuales y obreros en paro, borrachos de tanto beber en las páginas del Daily Worker el advenimiento del paraíso de la working class. Comunistas limpios de corazón. Benditos ilusos. Recuerdo, en el Londres de los sesenta, entre viejos exiliados y brigadistas internacionales, celebrar el 8 de noviembre conmemorando su victoria en la defensa de Madrid. De aquellos polvos, a los lodos consiguientes, al mayo del '68 (¡hace 40 años!). Y enlazamos de nuevo con el '36. Imagínense: un significado luchador (¿coronel?) republicano (El Barón); preso; experto en fugas; clandestino activista desde el exilio en Francia... cuyo hijo Antonio (hoy reputadísimo doctor López) con veintipocos años el '68, queda al frente de la oficina sindical de la F. O., región de París, mientras sus jefes están reunidos en Marsella. Explota la revuelta estudiantil y, desde France Press quieren saber cuál es la postura sindical al respecto. Sólo ante el peligro, Antonio opina que: ¡a favor! El periodista confunde la dimensión local: "Región de París" y publica que la Unión de Sindicatos Confederados F. O. (toda Francia) irá a la huelga. Y así se armó el cisco. Por culpa de la prensa. •

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