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| Nº 809 - 10 de noviembre de 2008 |
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Dos salidas de la crisis
por Juan Antonio Barrio Nadie sabe cuánto durará. Muchos afirman que tardará más en mejorar la situación de la economía "real", una vez que se normalicen los mercados y el crédito fluya. Pero ya empiezan a vislumbrarse algunas estrategias de salida. Para algunos el problema es simplemente de "mala gestión", "falta de moralidad de unos pocos" (o bastantes) "excesiva avaricia", etc. Como las cosas van a peor, incluso gente tan "desreguladora" como Alan Greenspan han tenido que conceder, con pesar, que algún tipo de regulación será necesaria una vez que la autorregulación por él preconizada ha fracasado manifiestamente. Quizás una primera reflexión a partir de esto: no se puede encargar de la regulación a quien no cree en ella. Un paso más y nos encontramos a Sarkozy proponiendo la "refundación" del capitalismo. La respuesta que se da a algunas cuestiones planteadas será decisiva para calibrar el tipo de salidas de la crisis. Por ejemplo: la transformación (y democratización) de las instituciones mundiales: Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial. La necesidad de aumentar la supervisión de los mercados financieros, evitando la desconexión de la "economía real". Control de riesgos excesivos. Lucha contra los paraísos fiscales. Vigilancia sobre los conflictos de intereses, en especial respecto a las agencias de calificación. Ampliación de objetivos y control democrático del Banco Central Europeo. Posible imposición de una tasa similar a la tasa Tobin sobre las transacciones financieras, vinculada a los Objetivos del Milenio. Y un largo etcétera, empezando la discusión en la reunión internacional del día 15. ¿Y la izquierda? Por supuesto, la izquierda debería tener una posición lo más unificada posible sobre estos temas. El problema no puede ser sólo la salida inmediata de la crisis con los planes de salvamento de bancos ( o, en nuestro país, de asegurar la liquidez para evitar que la crisis de liquidez se transforme en crisis de solvencia), asegurar el mercado interbancario y la vuelta del crédito a las familias y a las empresas. Todo ello es necesario y se está haciendo, pero lo urgente, las medidas de shock, no puede desplazar a lo importante. ¿Y qué es lo importante? A mi juicio, darse cuenta del carácter decisivo de las medidas que se tomen: lo que no se consiga en los próximos meses será mucho más difícil después. O, mejor dicho, la orientación que se le dé a la salida de la crisis será decisiva. La diferenciación en la práctica entre capitalismo (entendido como dominio de unos pocos sobre la economía de mercado) y la propia economía de mercado resulta fundamental. Sólo el control, la supervisión, la regulación ejercida por los poderes públicos puede evitar la transformación de la economía de mercado en sociedad de mercado, evitando su control por parte de la economía especulativa. Debemos dejarnos ya de vanas jaculatorias del tipo de "ya
lo dijimos nosotros", "las crisis son inevitables en el capitalismo" y demás. Hay que tener opinión sobre todos los temas a debate, hay que consensuar una posición común
(todo lo común) posible de la
izquierda con una perspectiva
global (no sólo europea) de los
cambios concretos que democraticen la economía de mercado: en lugar de refundar el capitalismo, disminuir su poder omnímodo. Por supuesto que es importante para España estar en esa reunión con su presidente de Gobierno al frente. Pero no debemos perder la perspectiva de los cambios globales necesarios. Lula, con gran prestigio, y el resucitado Gordon Brown, deben ser aliados naturales de J. L. R. Zapatero en este proceso. Y ahora que Obama ha sido elegido, se abre la esperanza de un enfoque multilateralista por parte de EE UU. Por supuesto, respecto a las "guerras empantanadas" (Iraq, Afganistán), pero también, y esperemos que de forma decisiva, en la configuración de un nuevo sistema de control y supervisión no sólo del sistema financiero. Una gobernanza económica que permita la lucha contra la pobreza, la exclusión y el cambio climático, que potencie la educación global y la reducción de las asimetrías socioeconómicas. No olvidemos que lo que en algunos países significa reducción del poder de compra en los más pobres quiere decir hambre para muchos. ¿Será pedir demasiado? • *Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso. |
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