A
Números anteriores Lista Los dos lados de la trinchera
Nº808
3/11/2008

 

Paro e inmigración


AI oído y quedo: léase antes el escrito vecino, me consta que su autor tiene información especial y reveladora). Se dice que esta crisis sobre todo afecta a dos grupos, unos muy ricos y otros muy pobres. En estos segundos, los inmigrantes en general. La reflexión se acelera así en su ocasión. ¿Cuál es el futuro de la inmigración? ¿Se quedarán, volverán? Antes de seguir no estaría de más que nos hiciéramos una pregunta muy, muy simple. ¿Por qué no habrían de quedarse? ¿Tan mal están aquí? Es cierto que vinieron en busca de un mejor trabajo, pero eso no significa que vayan a dejar de tenerlo, ni que su pérdida suponga volver. ¿Alguien piensa que la agricultura o los servicios (recogida de basuras, limpieza viaria, servicio doméstico, recadería, inimaginables oficios varios), y que los españolitos no quieren hacer, se van a resentir? Pues que como que no. Construcción, evidentemente sí, pero a niveles o de peonaje o de especialización —súper—. Si bien el trabajo sin cualificar está muy limitado en la posibilidad de recolocación. ¿O es que nadie se ha dado cuenta de que si hay emigración es porque aquí no se quiere o, lo siento, no se sabe hacer?

Todos los pueblos, mejor gentes, asentadas inveteradamente en un territorio arrojan promedios estadísticos —corrígeme, maestro y amigo colindante— análogos de capaces e incapaces, inteligentes y bobos, listos y tontos, voluntariosos e indolentes, trabajadores y vagos, y demás y desdemás (todos ellos con los consiguientes estados intermedios). Ciertamente aquí no emigrará, en principio, el colo-cable en el MIT —en oficios menores— pero tampoco aquel que vale para todo porque no vale —y lo que es peor, no quiere saber— para nada. Conclusión, guste o no guste, nuestra sociedad se ha enriquecido con la emigración, las gentes que están dispuestas a aportar más de lo que quieren recibir ha subido su porcentaje. Maravilloso. Es un fenómeno de evolución más rápida que la biológica. Sorprendente.

Así las cosas, ¿para qué volver a su tierra si no ha desaparecido la causa de venir? Y otra, pensamos que han venido sólo por trabajo. ¿Y si les ha gustado esto y no se quieren marchar? Donde el problema se dará, y es problema porque es cuestión a resolver, es en el desempleo procedente del cierre, por falta de obras, de la construcción. ¿Cuánto tiempo durará? ¿A qué nivel remontará? Si es para poco tiempo y a los niveles de ayer, el subsidio de desempleo será eficaz, en cuanto paliará una situación transitoria. Ahora bien, si en el mejor de los casos, como todo apunta, nunca se llegará a la actividad constructiva del año pasado y habrá parón para rato, los pagos mensuales por desempleo no arreglan nada a medio plazo, se induce como única alternativa un pago único compensatorio del seguro de paro con vuelta a casa garantizada. Pero reflexionemos más allá. ¿Por qué se quiere propiciar que desaparezcan del entorno personas en busca de empleo?

Un mito atribuye un incremento de la delincuencia a la inmigración. Cierto es que dentro del conglomerado de inmigrantes tiene que haber de casi todo, buenos y también malos, o sea que, volviendo a los porcentajes, es completamente lógico que la delincuencia suba, pero no de forma alarmante, sino en proporción al aumento de población que viene de repente de fuera. Que traducido a este discurso significa que el paro posible inmigrante no equivale, ni de lejos, a aumento de delincuencia.

En una economía moderna y competitiva, es decir, ágil y eficiente, no es pensable la reproducción de la imagen de los braceros esperando empleo en la plaza del pueblo. Es de esperar, al contrario, que ese posible desempleo genere actividad , competitividad e ingenio. Podríamos incluso pensar que si lo que se quiere es sencillamente es reducir las cifras estadísticas, la misma medicina pudiera aplicarse a los españoles en paro. Pago único a cambio de emigración. Los problemas no se solucionan eliminándolos, sino acometiéndolos.•

Fernando F. Trocóniz

Números anteriores Lista Los dos lados de la trinchera