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Nº 808
3/11/2008

El aumento del desempleo exige apuntalar
la demanda efectiva

Por Julio Rodríguez*

Los resultados de la Encuesta de Población Activa del INE correspondientes al tercer trimestre de 2008 resultan coherentes con la información adelantada por las estadísticas de paro registrado y de afiliación a la Seguridad Social. El descenso del empleo y el aumento del paro de forma significativa en la economía española es la conclusión elemental que se deriva de dicha estadística. El empleo total en el tercer trimestre, 20.346 miles de ocupados, supone un descenso del -0,8 por ciento sobre el mismo periodo de 2007, 164.300 empleos menos que hace un año.

Dicho descenso del número de puestos de trabajo resulta espectacular en el sector de la construcción, en el que el retroceso relativo ha sido del -13 por ciento en un año, 354.200 puestos de trabajo destruidos en dicho sector. El desempleo ha crecido tanto por la destrucción de empleos como por la persistencia en el aumento de la población activa. Los casi 2.600.000 parados del tercer trimestre de 2008 suponen el 11,3 por ciento de la población activa (18,3 por ciento en Andalucía), más de tres puntos por encima de la tasa correspondiente al mismo periodo de 2007. Los empleos temporales se llevan una buena tajada del menor empleo, al descender en un año en 443.800.

La crisis financiera, que ha ocupado buena parte de las energías de los políticos en octubre de 2008, se ha transformado en una crisis económica cuyo alcance todavía no se puede prever con precisión. "El espectro de la crisis financiera cede ahora el puesto al de una recesión mayor. Si era urgente impedir la crisis financiera, ha llegado el momento de atacar a la crisis económica" (Daniel Cohen, "Crise financiere: le spectre de la récession", Le Monde, 23/10/2008). La situación se ha extendido a un amplio número de países, previéndose incluso una des-aceleración del crecimiento en 2009 en algunos de los emergentes hasta ahora más dinámicos.

La necesidad de reducir los altos niveles de apalancamiento alcanzados y la recuperación del ahorro pesan de forma decisiva sobre el nivel de la demanda. La reducción sustancial de los precios de la energía permite que disminuya la tasa de inflación. Ello permite a su vez que la política monetaria favorezca unos tipos de interés más reducidos.

Sin embargo, del contexto económico actual no cabe esperar consecuencias trascendentes de los menores tipos de interés previsibles, lo que convierte en insuficiente el apoyo que puede venir de la política monetaria.

El momento aparece como proclive al empuje procedente de un relanzamiento que debe de venir sobre todo del gasto público, donde a las medidas de protección social debería de unírsele un mayor empuje de la inversión pública en España. Las actuaciones previstas destinadas a frenar la crisis financiera también tendrían que aplicarse con la mayor diligencia posible, especialmente el fondo de 100.000 millones de euros destinado a avalar las emisiones de renta fija de las entidades de crédito y los depósitos en el interbancario. Los tipos de interés de este mercado van descendiendo, pero las transacciones desarrolladas en el mismo no son relevantes en cuanto a dimensión.

No debe dejarse de lado la situación de las familias, en especial de las más afectadas por el excesivo endeudamiento, debiendo facilitarseuna mejoría en las condiciones de dicha financiación. Se deben ampliar los plazos de los préstamos o desarrollar actuaciones más enérgicas, puestas ya en marcha en algún país, donde se ha llegado a adquirir por el Gobierno a los bancos los créditos originales con una quita significativa y donde se han establecido unas condiciones más llevaderas para los hogares fuertemente endeudados.

El tiempo de percepción del seguro de desempleo se está aproximando al año para numerosas familias, y no hay alternativas al ladrillo en muchos rincones de España. Este último ha expulsado numerosas actividades productivas, situando en su lugar miles de pisos no vendidos. En España, la era del ladrillo sustituyó hace tiempo al proceso de desarrollo y la productividad, y las rentas tardarán en volver a crecer en el futuro. La entrada en Europa no permitió impedir el proceso de destrucción de actividades productivas (Ricardo Vergés, "El ladrillo no es desarrollo", Observatorio Inmobiliario, octubre 2008). Estas últimas son las nuevas pirámides o catedrales del tiempo actual, acosadas, entre otras cosas, por la tragedia del interés compuesto.

El reformismo económico resulta imprescindible, destacando la correspondiente a la educación, donde la formación profesional sigue pendiente de reforma y la educación universitaria presenta abundantes lagunas y situaciones bien diferentes entre las titulaciones académicas. El tiempo inmediato es el del ataque contra la recesión, el tiempo del gasto público inversor, el tiempo de actuar sobre el desempleo, que es el primer problema del momento. •

"Economista. Ex presidente del Banco Hipotecario de España.

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