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Internacional
Nº 808
3/11/2007
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Violencia narco, manifestaciones y reforma energética agitan al país


MÉXICO EFERVESCENTE

La "guerra" —en expresión del presidente del país, Felipe Calderón— contra el narcotráfico, el más que tenso debate sobre la reforma de la compañía estatal de petróleos (Pemex), las movilizaciones de los maestros de todo el Estado en contra de la reforma de la Ley de Educación, y las manifestaciones que colapsan la ciudad más poblada del planeta —México Distrito Federal- a diario, están convirtiendo a los Estados Unidos Mexicanos en una de las naciones más calientes en el ámbito político y social durante los últimos meses.


Por Pedro Antonio Navarro (México D.F.)

Modernizar sin privatizar. Primero México; primero tú". Así reza el eslogan que en estos días difunde el Gobierno mexicano, en forma de anuncios institucionales, en todas las televisiones del país. La frase alude al largo —más de seis meses de debate en sede parlamentaria (Congreso y Senado)- proceso que ha seguido la reforma de la empresa pública de petróleos (Pemex), que ha concluido esta semana, con una acuerdo entre las tres principales formaciones políticas del país norteamericano, el gobernante PAN, el PRI, y el izquierdista PRD —que ha salido dividido de esta prolongada pugna-.

El pasado 22 de octubre, la Cámara Alta aprobaba por amplia mayoría el paquete legislativo que permitirá la reforma energética, y que abre la puerta a la gestión privada en el seno de Pemex. La cuestión de fondo se ubicaba en la denuncia efectuada por diversos agentes sociales, encabezados por el ex candidato presidencial del PRD en las últimas elecciones presidenciales, en 2006, Andrés Manuel López Obrador, de que detrás de esta anunciada reforma se escondía la intención del Gobierno del conservador Felipe Calderón de privatizar la mayor empresa pública del país.

López Obrador, que continúa proclamándose "presidente legítimo de México" —ya que pesan más que serias dudas sobre la limpieza del proceso electoral de 2006-, se ponía a la cabeza del movimiento de resistencia ciudadana contra este cambio de estatus de Pemex, convocando continuas movilizaciones por todo el país, pero, especialmente, en la capital, el Distrito Federal, que han mantenido bloqueada la ciudad día sí y día también durante los últimos meses.

El Congreso también daba vía libre a la reforma acordada entre las tres principales formaciones, sin modificar el texto remitido por el Senado. El PRD, durante el proceso negociador, conseguía gran parte de sus reivindicaciones, entre otras, la garantía de que Pemex no será privatizada —como se contenía en la primera redacción entregada por el gubernamental PAN-, pero, con su decisión de dar su voto afirmativo al texto final, ha abierto el camino a la división interna. Durante la votación en el Senado, varios de sus parlamentarios apoyaron una redacción alternativa al artículo 60, en la que se pretendía establecer de manera explícita la prohibición de dar en los contratos de exploración y producción el control de áreas exclusivas a compañías privadas o de terceros países. Resultó la votación menos mayoritaria de todo el paquete de la reforma. Esta referencia explícita era derrotada por 88 votos en contra y 30 a favor. De hecho, ese es el caballo de batalla al que se han subido López Obrador y sus miles de seguidores —su capacidad de movilización popular, pese a que ya no controla el aparato del PRD, sigue siendo importantísima-. El antiguo alcalde de la capital mexicana y candidato presidencial del PRD, conseguía intervenir
Felipe Calderón preside uno de los momentos más convulsos en la mismísima tribuna del Congreso el pasado 28 de octubre (poco antes de que la Cámara Baja se pronunciase a favor de la reforma, ese mismo día), reclamando el control público, y la introducción de ese anexo explícito que garantizase que ningún área de Pemex sería privatizada. López Obrador prometía más movilizaciones pacíficas en contra de la definitiva redacción de la ley, además del inicio de una batalla legal para impedir su aplicación.

Pero la agitación social y política en el país al sur de Río Grande no se queda en la división en dos mitades de la nación por la reforma energética. Los maestros de todo el Estado también llevan meses tomando las calles de las ciudades más importantes —especialmente del D.F.- para manifestar su malestar por la reforma de la Ley de Educación. Desde el pasado 29 de octubre, maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) decidían marchar cada martes y jueves desde Zócalo —centro histórico de la capital- a la Cámara de Diputados para reiterar sus demandas. Se trata de una segunda fase de movilizaciones, en la que también participarán los integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Los maestros de la CNTE habían apoyado la marcha del Frente Amplio Progresista (FAP) en defensa del petróleo. Estas movilizaciones y huelgas han provocado que en algunos Estados del país, la actividad en las escuelas lleve paralizada más de dos meses, en una estrategia que cuenta con mucho menos apoyo popular que los comités de defensa del petróleo público. Hasta existen voces desde la izquierda que critican los procedimientos de uno de los más importantes sindicatos del país, al que acusan de estar defendiendo intereses corporativos y privilegios para sus integrantes, como la "propiedad" de las plazas de funcionario público y la capacidad de transmitirlas de modo "hereditario".

Los taxistas de la capital están desesperados con el bloqueo permanente de la mayor metrópoli del mundo (24 millones de habitantes). Las protestas, manifestaciones y continuas convocatorias en las calles dificultan de modo gravísimo la movilidad. Un taxista comentaba la semana pasada, acerca de una concentración convocada en el Zócalo por los seguidores de López Obrador: "¡Ojalá seaveríe un helicóptero de la Policía y les caiga encima a esa bola de pendejos!".

La violencia no se encuentra sólo de manera soterrada, como en el caso de este conductor de vehículo particular de servicio público. Un estallido de crímenes —que se extiende mucho más allá de los tristemente habituales sucesos en Ciudad Juárez- acapara las primeras páginas de la prensa desde que el presidente de la República decidiese declarar la "guerra" al narcotráfico en todo el país. En los últimos dos años han muerto más de 6.000 personas en actos violentos relacionados con esta causa -4.000 sólo este 2008-. En los meses posteriores al primavera de este año, los choques entre cárteles de traficantes entre sí, entre éstos y las fuerzasde seguridad, y entre las propias policías —cuyas cotas de corrupción resultan alarmantes, han disparado la cifra de víctimas y están generando una sensación de inseguridad en todo el Estado que se palpa en el discurso cotidiano de los mexicanos, y que tiene su máxima expresión en la prensa y en los informativos de radio y televisión.

El pasado 24 de octubre, el fiscal adjunto de Asuntos contra la Delincuencia Organizada de la Fiscalía de Morelos -un estado vecino a la capital de México-, era asesinado junto con sus dos escoltas. Los sicarios pertenecían al cártel de los hermanos Beltrán Leyva o al de Juárez, bandas que se disputan el control del narcotráfico en ese Estado. Según el informe policial, dispararon al menos 110 veces contra el automóvil de la víctima.

Ese mismo día fallecían otras 21 personas en actos violentos relacionados con el narcotráfico (dos jornadas antes habían perdido la vida otras 23 presos en una lucha entre mafias por el control del penal, la mayoría, quemados vivos).

En esta "guerra" declarada por Calderón, caía uno de los capos más importantes. Eduardo Arellano Félix, alias "El Doctor", era detenido el pasado 26 de octubre, junto a varios de sus colaboradores íntimos. En el transcurso de esta investigación (Operativo Limpieza) aparecían indicios de que el cartel de los hermanos Leyva se habría infiltrado en la Fiscalía General mexicana, y hasta en la Embajada de Estados Unidos en México, y en la propia y todopoderosa agencia norteamericana antidroga (DEA).

Con todos estos ingredientes, al que hay que sumar el vertiginoso ascenso del país en el triste ranking de peligrosidad en el ejercicio de su trabajo para los periodistas —en 2008 ya superaba a Colombia-, la República mexicana se está convirtiendo en uno de los nuevos focos calientes de la información política planetaria. Pero México también es noticia en los últimos tiempos por su posición como economía emergente (junto a Brasil y Argentina integra la parte latinoamericana del G-20). En medio de estas convulsiones, al igual que los otros dos gigantes suramericanos, ha expresado su disposición a apoyar la participación de España en la cumbre financiera del próximo 15 de noviembre en Washington. •

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