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Nº 808 - 3 de noviembre de 2008

Tormentas tropicales y financieras

Acabo de volver de Cuba donde, junto a Louis Michel, comisario europeo de Ayuda al Desarrollo, hemos formalizado el reinicio de la cooperación entre la UE y Cuba. La ocasión es buena después de que la isla haya sido azotada por dos formidables huracanes que han dejado un rastro de destrucción a su paso.

La ayuda europea, y en particular la española, será muy necesaria, aunque sus cifras, del orden de 25 millones de euros, sean muy modestas comparadas con los destrozos de la tormenta financiera que sigue azotando el mundo.

Octubre es el mes de los huracanes tropicales y también parece ser el mes de las tormentas financieras: 1929, 1987, 1989, 2001, 2008... El pasado 24 de octubre se cumplían 79 años desde el gran crack bursátil de Wall Street, y, quizás para celebrarlo, las Bolsas mundiales vivieron otro día negro. Especialmente las asiáticas, lo que muestra que la crisis se extiende imparable por la economía global izada.

En Cuba, el paso de los huracanes ha costado el 10 por ciento de su PIB, aunque esas cifras sean muy difíciles de calcular y más aún de verificar. Pero desde principio de año la tormenta financiera se ha llevado 25 billones de dólares de valor de los activos financieros mundiales, algo así como dos veces el PIB de EE UU. Y la caída del crudo, que ha bajado su precio a la mitad en tres meses, va a poner en serias dificultades a los países productores.

Y, sin embargo, 48 horas antes, en Estrasburgo, el presidente Sarkozy podía sentirse satisfecho al explicar a los eurodiputados la respuesta europea coordinada a la crisis aprobada por el Consejo Europeo de los días 14 y 15 de octubre. Pero la persistente desconfianza de los inversores, convencidos de que el mundo no escapará a una dura recesión, demuestra que algunos comentarios superlativos sobre los resultados del Consejo Europeo habían sido excesivos.

Europa ha hecho lo que podía hacer, pero todos sabemos que al entusiasmo excesivo siguen las críticas, lamentaciones y acusaciones mutuas igualmente excesivas. Por eso conviene, superando la confusión informativa y la avalancha de cifras de significado heterogéneo, saber qué es lo que el Consejo Europeo ha discutido y decidido sobre la crisis financiera.

El Consejo ha corroborado las medidas adoptadas por el Eurogrupo. Uno de los aspectos más delicados de la futura legislación será la creación de una supervisión europea de los bancos y otros organismos fi nancieros.

Como medida de urgencia, el Consejo acordó que los supervisores nacionales se reúnan una vez al mes. Este control no debe ser tan complicado como parece si tenemos en cuenta que dos tercios del patrimonio de las 8.000 entidades financieras presentes en la UE se concentran en 44 entidades transfronterizas activas, en su mayoría, en al menos seis Estados miembros. También se ha creado una célula de crisis que será operativa de manera inmediata, como núcleo de la gestión coordinada de la UE.

Por otra parte, es importante aclarar el sentido de las cifras movilizadas para salvar el sistema financiero y su relación con el esfuerzo de los contribuyentes. Y para ello conviene no poner en el mismo saco larecapitalizacion y las garantías. La garantía de los depósitos, pilar básico de la estrategia europea, tiene como objetivo proteger los ahorros, a menudo modestos, que de otro modo podían correr riesgo de perderse. Pero, sobre todo, la garantía pública genera confianza a los ahorradores, evitando que éstos se apresuren a retirar sus ahorros de los bancos y no implica, en la mayoría de casos, desembolso alguno de dinero público.

La UE no ha seguido el modelo americano basado en comprar a los bancos los títulos que nadie sabe lo que valen suponiendo que no valgan nada. La vía europea prevé la compra pública de acciones de bancos en dificultad de manera que los Estados pasen a ser propietarios total o parcialmente.

Ello debería permitir eliminar abusos inadmisibles como las remuneraciones escandalosas de sus directivos incluso cuando su gestión ha sido desastrosa. Y en los dos países (Corea del Sur y Suecia) donde ha habido recientemente un rescate público a gran escala comprando los bancos en dificultades a bajo precio, la operación ha sido ampliamente positiva y los bancos han sido posteriormente revendidos, generando ganancias considerables.

No es seguro que así ocurra ahora, dada la magnitud de la crisis, pero cuando hay un incendio lo urgente es apagar el fuego y evitar que éste llegue a la santabárbara y provoque el estallido del sistema. Lo que si ha quedado claro es que la arquitectura financiera mundial debe ser objeto de una profunda revisión. ¿Seremos capaces? •

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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