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Nº 806 - 20 de octubre de 2008

El Santander, de sexto de España, a primero de Europa

El más listo

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La banca mundial se tambalea pero la entidad que pilota Emilio Botín ni se inmuta. No sólo eso: ha comprado en Wall Street y en la City tres de los bancos que han sucumbido en la tormenta y hasta se permite su particular “plan de rescate” inyectando 1.250 millones de euros en una de sus filiales británicas. El Santander ya no es sólo el primer banco de España. Tras la crisis será una de las referencias del sistema financiero internacional. Y el culpable no es otro que su presidente, un santanderino de 74 años que hace ahora 50 entraba por la puerta del banco de su padre para asumir su primer empleo. Dueño de una de las mayores fortunas de España, a Emilio Botín le gusta tomar personalmente las decisiones, desde la compra de un banco en Brasil hasta la oferta de una libreta en sus sucursales españolas. Aunque fue el único que faltó en la reciente foto de Zapatero con los banqueros del país, él ya es, y lo sabe, el más poderoso.

Por Inmaculada Sánchez

Todo pasa por él”. Lo dice alguien que ha convivido con Emilio Botín en uno de los despachos con moqueta del Santander durante años. “No ha cambiado, a pesar de la edad. Aunque ahora se le vea menos, porque tiene que viajar mucho, sigue viniendo a trabajar todos los días el primero”, añade otro directivo que le conoce bien.

Ambos corroboran la imagen que el primer banquero de España se ha ido labrando durante sus décadas al frente de la entidad: la del jefe que está pendiente de todo a base de muchas horas de despacho. Todo lo contrario a lo que enseñan en las escuelas de negocios: delegar, crear equipos... Emilio Botín no sólo es de la vieja escuela. Es de “su” escuela.

En 1958, hace ahora medio siglo, con 24 años y después de haberse licenciado en Derecho y Economía con los jesuitas de la universidad de Deusto, Emilio Botín, el mayor de los dos hijos de “don Emilio”, asumía su primer empleo en el banco que había fundado su abuelo, también Emilio, y ahora presidía su padre. El hoy presidente del primer grupo bancario español no ha trabajado en su vida en otra cosa que no sea la banca.

Entró primero como apoderado de los servicios centrales para pasar pronto al puesto de subdirector general. El consejo de administración le abrió sus puertas sólo dos años después –había que cuidar de los intereses de la familia, principal accionista, entonces, de la entidad-, otros dos más tarde ya era director general con silla en la comisión ejecutiva y, por fin, en 1977 asumía el puesto de consejero delegado, el primer ejecutivo tras el presidente.

Aunque ya tenía en sus manos las riendas de la entidad debía todavía colocarse un paso detrás del patriarca en los actos oficiales y las ruedas de prensa. Y “don Emilio” mantuvo el cetro de presidente hasta los 83 años. No fue hasta entonces, en 1986, con “Emilito” ya cumplidos los 52, cuando el actual líder del Santander pudo sentirse verdadero presidente del banco. Y en poco tiempo hizo sentirlo al resto de la competencia.

Apenas tres años después, en 1989 rompía, por primera vez, el status quo bancario del país, que santificaba para el Santander el sexto puesto entre los entonces conocidos como “los siete grandes” bancos, cuyos presidentes se reunían una vez al mes para coordinar estrategias y confirmar que nadie iba a hacer sangre con el otro. Emilio Botín necesitaba hacer notar que ya conducía solo el banco y que su ambición no se paraba en una previsible reunión de viejos banqueros.

Primero fue la famosa “supercuenta”, con la que elevó la remuneración habitual de los depósitos, y luego la “superhipoteca”, que redujo de un plumazo los intereses hipotecarios del habitual 17,50 por ciento de entonces al 11,50. Increíble pero cierto. Por fin aparecía en el escenario de la banca española la competencia de verdad.

Aquello significó un antes y un después. Emilio Botín es un clásico en el negocio de la banca pero siempre ha demostrado ser más osado que los demás. Cuando sus colegas del Central, Español de Crédito, Bilbao y Vizcaya de antes de la fusiones apostaban por el sector industrial como objetivo preferente para sus inversiones, el santanderino se ganaba fama de “tiburón” y especulador por sus perentorias inversiones. sus compras y ventas  rápidas y su escaso apego a formar parte del “tejido productivo del país”.

“Botín se ha dedicado siempre a hacer sólo banca, y el tiempo le ha dado la razón. Ahora es “el banquero”, con mayúsculas”, explica admirado un directivo del mundo financiero español. Esa forma de ver el negocio podría verse descrita en una anécdota que cuentan sobre su padre, quien fue abordado por un pobre en el famoso Paseo de Pereda de Santander. “Una limosna, por el amor de Dios”, dijo el mendigo sin obtener respuesta. Poco después insistió: ·”Por el amor de Dios y por la Virgen Santísima”. “Ah, entonces sí. Con dos avales, sí”, dicen que respondió  con sorna don Emilio al tiempo que sacaba unas monedas de su cartera.

Ese espíritu “de banquero” antes que cualquier otra cosa es el que parece haber heredado su hijo. El mismo que llevó a los “enemigos” del Santander a decir que el banco cobraba a sus clientes hasta por cruzar el umbral de sus sucursales. Comisiones, sí, negocio bancario puro y duro, también, pero solvencia, la mayor. Botín nunca se ha arredrado por lo que digan de él. Quizá sea por eso que ahora, cuando una mayoría de bancos  se ha quedado sin recursos es el Santander el que, con los suyos, puede comprarlos. En los últimos meses ha adquirido el británico Alliance & Leicester (A & L), sacudido por la crisis, los depósitos minoristas y las sucursales del también británico Bradfod & Bingley, nacionalizado por el Gobierno de Gordon Brown, y el cien por cien del estadounidense Sovereign Bancorp, que había anunciado unas pérdidas de 1300 millones de dólares a cuenta del temporal financiero.  Aún así, a Botín parece “sobrarle” dinero y acaba de inyectar 1250 millones de euros a su filial británica Abbey para ponerle a salvo de las turbulencias, como si de un gobierno de la eurozona se tratara.

Estas últimas adquisiciones, unidas a la expansión internacional del banco, acelerada en la última década -desde 2004 es el primer banco en América Latina, el cuarto de Europa y el octavo del mundo-, le han llevado a multiplicar por tres sus activos, por 2,5 sus depósitos y a casi duplicar su plantilla, que asciende actualmente a más de 170.000 personas en todo el mundo. Incluso  con la crisis ya desatada, el grupo cerró el primer semestre de 2008 con un incremento del 22 por ciento en sus beneficios.

“Es lo que él dice: hay que ser austero y previsor. Siempre fue un defensor de las provisiones”, señalan como las claves de su éxito quienes lo conocen. Pero no sólo. A su obsesión por el ahorro –tras encontrarse un platillo de caramelos con el logo del banco en su mesa de despacho llamó inmediatamente para saber cuánto habían costado– y por el control de los recursos –en sus primeros años de presidente llamaba a diario a cada director de sucursal para indicarle las tareas del día– hay que añadir la voracidad y la ambición del financiero.

No dudó en comprar Banesto en 1994 tras la intervención pública y el ingreso en prisión de Mario Conde, desde entonces su feroz enemigo. Cinco años después se fusionó con el Central Hispano y sólo tardó dos años en quitarse de en medio a su presidente, José María de Amusátegui, que debía copresidir con él la entidad fusionada otro año más. Doce meses después también forzó la marcha del consejero delegado que había heredado del BCH, Angel Corcóstegui. La forma de mandar de Botín no admite compartir el poder. Eso sí, fue generoso. Tanto Amusátegui como Corcóstegui recibieron indemnizaciones tan abultadas -por encima de los cien millones de euros- que llegaron a ser acusados de estafa al banco tanto ellos como Botín aunque la Audiencia Nacional los absolvió en 2005.

El inductor de la querella fue el abogado Rafael Pérez Escolar, uno de los hombres de confianza de Mario Conde y que, hasta su reciente muerte el año pasado, se había convertido  en una auténtica pesadilla para el banquero. Aunque condenado a 10 años de prisión por los delitos cometidos por Conde y sus colaboradores en Banesto, Pérez Escolar denunció a Botín y al Santander, a quien consideraba su bestia negra, por muy diferentes motivos, desde las indemnizaciones a Amusátegui hasta el caso de las cesiones de crédito pasando por la misma compra de Banesto, casos todos ellos sobreseídos finalmente en los juzgados.

Su capacidad para salir airoso de todos los lances que se le han presentado aparece ligada, según muchos de sus biógrafos, a su pragmatismo con el poder. Desde que su padre dijera, en pleno 1976, que el PCE debía ser legalizado, aunque sólo fuera para evitar que actuara clandestinamente, su sucesor ha venido aplicando la máxima de llevarse bien con el gobierno de turno.

Sólo con Aznar flaqueó. Con los socialistas de Felipe González en pleno declive Botín llevó a Londres a Aznar en su jet privado para presentarlo a los inversores británicos cuando aún estaba en la oposición. Luego dijo en público que le parecía estupendo su programa económico y, con el PP ya en el poder, admitió comprar parte de Antena 3 TV, con Telefónica y el Central Hispano, dentro de la operación mediática diseñada por Moncloa. De esas indeseadas acciones de la cadena televisiva no se pudo librar hasta el pasado 2006 cuando vendió el último 10 por ciento que quedaba en su poder a José Manuel Lara, presidente de Planeta y quien, finalmente, se ha quedado con la propiedad de la misma. Por cierto, ingresando 290 millones en plusvalías.

No por ello, sin embargo, se inquietó cuando Zapatero llegó a La Moncloa. Poco antes de las  elecciones de 2004 volvió a dar muestras de su olfato y, según cuentan quienes presenciaron la escena, llegó a decir al joven líder socialista en un encuentro previo al 14-M un “me han dicho mis hijos que va a ser usted presidente”. Por si acaso.

En otro gesto sin precedentes, en julio del año pasado, cuando el PP ya agitaba la crisis contra Zapatero, Botín invitó al presidente a visitar su nueva sede en Boadilla. Se hizo varias fotos con él y no dudó en declarar que, al igual que el Gobierno, veía a la economía española fuerte y segura. Si no pudo estar el pasado día 6 en la cita de Moncloa es porque se encontraba fuera de Europa, en un viaje familiar organizado con motivo de su 74 cumpleaños. Si el presidente le hubiera dado doce horas, habría llegado a la reunión.

En su lugar envió a quien todo el mundo considera su único “hombre de confianza” en la actualidad, Alfredo Sáez, consejero delegado del grupo, y en quien, dentro de su particular estilo de mando, delega hasta cierto punto determinadas cuestiones.

Dicen que no lleva el tren de vida que podría permitirle su fortuna –”es austero, no le importa comer en el despacho una lata de sardinas del Cantábrico, que le encantan”, afirman– aunque tiene jet privado, vive en una gran casa en el selecto barrio de Somosaguas, en Madrid, y tiene otras importantes posesiones, como el heredado palacete almenado en Santander, con vistas a la bahía, y la finca en Puente de San Miguel, a 20 kilómetros de la capital cántabra, donde dio a luz a su padre su abuela, María Sanz de Sautuola, la misma que, con ocho años, descubrió con su padre las cuevas de Altamira. También es conocida la finca de caza que posee en Ciudad Real.

Sigue entre la decena de españoles que figuran en la lista Forbes de los más ricos del mundo –el primero, recordémoslo, es Amancio Ortega, dueño del imperio Zara– y entre sus hobbys se citan la caza y el golf. “Está estupendo”, afirma un viejo amigo cuando le citan su edad. “Es que como lo que más le gusta es ser banquero, está feliz”. Será eso. O también que su banco va a convertirse, tras la crisis, en uno de los primeros del mundo.

Dueño, pero cada vez menos

Hubo tiempos en que los  Botín eran,  de verdad, los dueños del Banco Santander. Cuando al frente de la entidad estaba el padre de su actual presidente las acciones en poder del patriarca y sus dos hijos, Emilio y Jaime, podían acercarse al 30 por ciento del capital.

El primer Emilio Botín, abuelo del actual, lo había fundado en 1857 junto a otros empresarios de la región para atender las necesidades financieras del tráfico generado con América a través del puerto de Santander y fue su primer presidente. El siguiente fue su hijo, el segundo Emilio Botín, y el tercero, el actual. Sin embargo, el crecimiento y expansión de la entidad ha reducido, proporcionalmente, el porcentaje de acciones en manos de los Botín.

Según la última notificación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores  el porcentaje de capital del banco propiedad de Emilio Botín es del 0,927. Como miembros del consejo de administración también declaran sus porcentajes su hija Ana Patricia, presidenta de Banesto, un 0,144, y su hijo menor, Javier, un  0,162.  Asimismo se sabe que el otro hijo varón de Botín, también llamado Emilio y actualmente desvinculado del banco (Ver “Seis hijos y una heredera” en páginas siguientes), poseía en 2006 un porcentaje similar  ya que en febrero de ese año la familia tuvo que notificar un pacto entre el padre y estos tres hijos de sindicación de sus acciones.

El pacto obliga a Botín y a sus hijos a votar en conjunto en las juntas y a no vender sus acciones  sin permiso durante los próximos 50 años. El acuerdo también vincula a  varias sociedades familiares, como Puente San Miguel S.A., que suman otro pequeño porcentaje de acciones y que podría acercar al 2 por ciento el total controlado por la familia.

Son los primeros accionistas particulares pero muy por encima están los fondos de inversiones estadounidenses Chase Nominees, que controla más de un 10 por ciento, el EC Nominees, con un 9, 9 , y el de Capital Group, con un 5,1.  Estos fondos no entran en la gestión, pero si llega un comprador dispuesto a darles jugosas plusvalías, venden. Ni los Botín están ya a salvo de OPAs hostiles. Aunque ahora los que compran por el mundo son ellos.

Seis hijos y una “heredera”

Emilio Botín tiene seis hijos fruto de su matrimonio con Paloma O´Shea, hija de una conocida familia vasca -su segundo apellido es Artiñano-, que ha dotado a la saga cántabra, obsesivamente centrada en la banca,  de una dimensión cultural de la que carecía.

Paloma O’Shea, numeraria del Opus Dei, como su hermana, Covadonga, que ha sido directora de la revista Telva durante 27 años, tuvo una importante formación musical, ampliada en Francia, y, tras contraer matrimonio con Emilio Botín a los 22 años de edad se dedicó a la familia  hasta que en 1972 fundó un Concurso Internacional de Piano con su nombre que se convirtió posteriormente en Fundación  y  Escuela Superior de Música con fama y prestigio mundial.

El presidente del Santander no pudo poner su nombre, el de su padre y el de su abuelo, Emilio, hasta el quinto hijo. Los cuatro primeros fueron mujeres: Ana Patricia,  Carolina, Paloma y Carmen. Sólo la primera ha mostrado estar marcada por el espíritu bancario de su padre.

Dos de sus hermanas,  Carolina y Paloma, más  tocadas por el estilo de su madres, han orientado su trayectoria profesional hacia la artes . La primera se especializó en manuscritos medievales y, tras casarse con un médico alemán, reside en Hamburgo. La segunda, licenciada en Historia del Arte, vocal, como todos sus hermanos, de la fundación Marcelino Botín, el bisabuelo de su padre,  es más conocida. Suele presentar las exposiciones pictóricas que organiza la Fundación y, además, se casó con Ricardo Gómez-Acebo, marqués de la Deleitosa, hijo -ironías de la vida- de quien fuera vicepresidente de Banesto y apoyo de Mario Conde en su asalto al Español de Crédito, entidad que, finalmente, terminaría en  manos de su futuro consuegro. Por su parte, Carmen sólo salió a la arena pública tras casarse con el golfista Severiano Ballesteros, con quien tuvo tres hijos y de quien se separó en 2004 después de 16 años de matrimonio.

Emilio, el primer hijo varón del presidente del Santander, se ha ido desvinculando, para sorpresa de muchos, del banco y los negocios relacionados con la entidad. Siguiendo la estela de su padre había entrado en el consejo de administración del banco con 25 años y con 28  ya ocupaba el puesto de director general adjunto.

Sin embargo, no debía ser esa su vocación o, quizá, la sombra de su hermana mayor, Ana Patricia, que había entrado en el consejo y en el despacho de directora general adjunta al tiempo que él, era demasiado alargada. Apenas cinco años mayor que Emilio, la primogénita mostró desde pequeña auténtica devoción por el negocio bancario y rápidamente comenzó a escalar puestos. En el 93, consejera delegada del Santander de Negocios, en el 94, consejera-directora general del Santander, en el 97, presidenta del Banco Río de Argentina, una de las adquisiciones que inauguraban la expansión internacional...

Un año  más tarde,  en 1998, Emilio Botín O´Shea decide iniciar su propio camino al margen de la familia y abandona por sorpresa sus puestos ejecutivos en el Santander para crear, con otros socios, una gestora de hedge founds,  es decir, de fondos de alto riesgo, Vega Asset Management, que precisamente estos días está sufriendo pérdidas importantes. Unos años más tarde, en  2002, funda otra empresa, esta vez como presidente y socio mayoritario, Swiss Risk Financial Systems, dedicada a soluciones tecnológicas para el sector financiero.  Hace apenas tres años confirmó su total desvinculación del Santander abandonando su puesto en el consejo para  dedicarse a “fundar  una empresa de distribución de fondos internacional  que  le exigirá dedicación completa”, según las explicaciones dadas en 2005. Mantiene su participación accionarial en el banco, sindicada con su padre y hermanos desde 2006 y desde entonces ha pasado al anonimato. Ni siquiera la agencia Efe dispone de una fotografía suya.

El hermano menor, Javier, por el contrario, ha preferido permanecer al abrigo del círculo familiar. Consejero del banco y presente en distintas entidades culturales cántabras, también  ha fundado con su cuñado, el marido de Ana Patricia, Guillermo Morenés,  la sociedad de inversiones Capital Advirsers y, hace dos años, cumplidos los 32, se casó en la iglesia de los Jerónimos de Madrid con la abogada y entonces  ejecutiva de inversiones de Golmand Sachs, Marta Ríos. El día elegido fue el de la Virgen Bien Aparecida, patrona de Cantabria. El enlace se celebró por todo lo alto.

Así las cosas Ana Patricia es la única de la saga que lleva años señalada con el dedo de la sucesión. Tras la fusión con el Central Hispano, que la llevó a dejar sus puestos en el Santander y ponerse a los mandos de Banesto, la actual presidenta del Español de Crédito sólo ha cosechado éxitos en su gestión. Acaba de cumplir 48 años y sigue siendo la más Botín de los Botín.

Botín, héroe nacional por Enric Sopena


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